Música antigua y siempre nueva

La temporada de este año del Mozarteum, cierra con dos presentaciones de música italiana del siglo XVII a cargo de la Cappella Mediterranea, el prestigioso conjunto vocal e instrumental que dirige el clavecinista platense Leonardo García Alarcón. En diálogo con Cantabile, el intérprete anticipó su visita, ofreció reflexiones sobre su propia manera de hacer música y reveló algunos de sus modelos e influencias.


Feliz ante la certeza y la cercanía de su próxima visita a Buenos Aires, García Alarcón abre el diálogo con entusiasmo: “Venir a dirigir a la Argentina a mis 41 años, significa volver a mis orígenes y poder encontrarme con todos los seres queridos compartiendo la música, cosa que nunca podemos hacer en Europa. Poder presentar las obras y saber que lo estamos haciendo en el lugar en el que todas las ideas de estudios y de desarrollo artístico comenzaron, que es en Argentina. Hoy por hoy, entonces, volver a mi país es, de alguna manera, cerrar un círculo y encontrarse con los afectos que por siempre están guardados allí”.

García Alarcón sabe que está gira también es muy significativa para su ensamble, donde no sólo hay argentinos, sino además muchos europeos que nunca tocaron en Buenos Aires. “Para ellos Argentina es un mito por varias cosas: principalmente porque les hemos hablado maravillas del Teatro Colón y de lo que significa la cultura Argentina en general, no sólo la cultura musical sino nuestra idiosincrasia, nuestra pequeña Italia y España en Latinoamérica, entonces hay una curiosidad muy grande de todos los músicos europeos por visitar la Argentina”.

El repertorio que ofrecerán en cada uno de los conciertos es contundente, y eso lo apasiona. Llanamente y sin titubeos anticipa las obras que harán en el Colón dejando ver el orgullo que siente por su trabajo: “Il diluvio universale es un oratorio siciliano de Michelangelo Falvetti, un sacerdote y compositor calabrés que fue muy respetado en su época, aunque hoy sea totalmente desconocido, al punto de no figurar siquiera en el diccionario Grove de la música. Sus obras se perdieron en un maremoto en Messina, y este oratorio se conservó en Nápoles junto a otro que se llama Nabucco. En 2010 lo exhumamos y desde ese momento no hemos parado de tocarlo por todas las grandes salas del mundo. Realmente es una obra extraordinaria, que en una hora y cuarto narra la historia que todos conocemos: la del arca de Noé y la limpieza o purificación que Dios Padre hizo en el momento en que decidió que había que castigar a la humanidad por sus pecados. El reparto de la obra es originalísimo, al principio aparecen los cuatro elementos junto a la Justicia Divina, congeniando quién va a matar al ser humano, luego un gran coro de los elementos guerreros que, como si fueran bestias animales quieren comerse al hombre, después se hacen presentes Noé con su mujer y sus hijos en el arca, con una música extraordinaria y acuática, y finalmente los coros expresan la muerte de la humanidad en presencia de Dios Padre, la Naturaleza Humana y la Muerte, que baila una tarantella tras haberse comido a todos. Este oratorio fue para nosotros una gran sorpresa porque provoca en el público algo absolutamente único, y es uno de los hits de la música antigua de este nuevo ciclo, por la cantidad de veces que la hemos presentado en conciertos”. 

Los recuerdos lo iluminan al hablar del Orfeo de Monteverdi. El joven García Alarcón tocó el continuo en la versión que se hizo en 2001 en el Teatro Colón, bajo la dirección de Gabriel Garrido: “Con respecto a los 450 años del nacimiento de Claudio Monteverdi, en el mundo se hicieron dos grandes giras. Una fue la que hizo Gardiner por Europa y los Estados Unidos con las tres grandes óperas, y la otra fue la nuestra con el Orfeo, ópera que llevamos a salas extraordinarias de muchos países de Europa, y que ahora también presentaremos en Latinoamérica (Buenos Aires, Montevideo, San Pablo y Río de Janeiro). Grabaremos este Orfeo en el año 2018”.

 

Una manera propia

Leonardo García Alarcón nació en Tolosa, un barrio de La Plata, y desde muy chico se interesó por la música. A los cinco años comenzó a estudiar piano y, tres años después, gracias a una enciclopedia de música y compositores que le compraba su abuela, descubrió la música de Bach y se sintió impactado por sus grandes obras sacras. Al terminar la escuela primaria ingresó al bachillerato de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata y ahí terminó de perfilarse, fundó su primer conjunto y decidió que orientaría su vida hacia la música antigua. Para eso quiso formarse en Europa, donde comenzó estudiando con la clavecinista Cristiane Jacottet, mudándose a Ginebra en 1997. Allí se recibió de maestro al cembalo (una especialización historicista en dirección de producciones barrocas).

Y de forma paralela a su formación académica, rápidamente comenzó a integrar proyectos musicales, entre los que se destacaron aquellos en los que participó junto al ensamble dirigido por Gabriel Garrido, a quien recuerda con gratitud: “Fue muy importante para mí encontrarme con Gabriel Garrido apenas llegue a Ginebra. No lo conocía y me enseñó muchísimo sobre el arte de la ornamentación de los siglos XV y XVI. Junto a él compartí muchísimas giras con su grupo, el Ensamble Elyma, del que era integrante y asistente, y que ha significado para mí, de alguna manera, olvidar la lejanía de mi país, olvidar que estaba lejos de todos mis afectos”.

La Cappella Mediterranea es un conjunto que permanentemente trabaja con músicos argentinos o rioplatenses, y su director tiene razones para que esto no sea sólo consecuencia de un lazo afectivo con sus orígenes. ¿Quizás crea que hay una “manera argentina” de hacer música antigua?  Frente a ese planteo, podemos hablar de lo que significa el lenguaje que uno aprende, ya sea hablado o musical. Por supuesto tiene que ver lo que uno escucha desde chico, y la manera de vivirlo. Por ejemplo todo lo que significa la fuerza de la música popular Argentina, ya sea el folclore o el tango, cosas que muchos países de Europa no comparten, porque el folclore esta muerto (sobre todo en el norte de Europa, en donde no hay ninguna realidad de esta clase de música en la vida cotidiana), hacen que estas cosas repercutan en la manera de hacer música antigua, por ejemplo una manera de pronunciar las consonantes, la manera de hacer un rubato en una zamba o en una tonada, pueden verse incluidas en un lamento de Monteverdi. Por supuesto que sí analizamos cada parámetro desde el punto de vista estadístico (como se hace el rubato aquí o allá, etc), podríamos detectar nacionalidades. Creo que nuestra manera de hablar tan italiana de hablar el castellano en Buenos Aires, se puede analizar y explica la afinidad que tenemos con el repertorio italiano, porque Buenos Aires es una ciudad con esa idiosincrasia.”

 

 

Un deseo

Leonardo García Alarcón escucha y hace música antigua desde su infancia. Reconoce la enorme influencia que ejercieron en él las versiones de Gustav Leonhardt, Frans Brüggen y Nikolaus Harnoncourt, como así también sus maneras de pensar y elaborar sus ideas musicales. Sin embargo, más allá de todo eso, García Alarcón intenta, al igual que los compositores del Barroco, hacer que sus versiones musicales muevan nuevas ideas y sensaciones en el público, demostrando un inmenso respeto por la partitura, mientras que la convierte en obra viva, fresca, contemporánea.

¿Cómo quedará la relación entre este director platense y la música antigua de nuestro medio? Hay ganas, fantasías y cimientos para nuevos proyectos, pero aún no aparecen las certezas. Con estas palabras, concluye el diálogo: “Argentina también significa para mí las ganas de poder desarrollar en el futuro un contacto más grande con instituciones europeas, no sólo organizaciones de conciertos como festivales o casas de ópera, sino también los establecimientos de enseñanza, que se pueda establecer un contacto un poco más grande. Es el deseo desde siempre, para que las masterclasses de un lado y del otro se puedan hacer más fluidas. Ojalá que estemos al principio de algo que pueda evolucionar en este sentido.”

 

 

Cappella Mediterranea

Director: Leonardo García Alarcón

Mozarteum Argentino

 www.mozarteumargentino.org

 

Teatro Colón

Lunes 6 de noviembre a las 20

L’Orfeo, favola in musica de Claudio Monteverdi

 

Miércoles 8 de noviembre a las 20

Il diluvio universale, oratorio de Michelangelo Falvetti