La Camerata sigue marchando

La Camerata Bariloche cumple medio siglo de vida y el oboísta Andrés Spiller –que la integra desde sus comienzos– y su director, Freddy Varela Montero, repasaron para Cantabile los orígenes y el presente de la formación. Una embajadora indiscutible de la cultura Argentina que afronta, sin grandes apoyos, el desafío de seguir haciendo historia.


“Lacontinuidad es, sin duda, una de las mayores virtudes en una época donde lo efímero se valora más que lo permanente. Mezcla de constancia y obstinación, como en todas las buenas empresas, la permanencia durante cuatro décadas de la Camerata Bariloche no puede pasarse por alto”. Con esta introducción, hace diez años, se celebraba desde estas páginas el cuadragésimo cumpleaños del conjunto que incorporó a la Argentina al club de las orquestas de cámara más prestigiosas del mundo (n° 37, marzo-abril de 2007; PDF disponible en  www.cantabile.com.ar, “Ediciones anteriores”). Hoy, esa “mezcla de constancia y obstinación” continúa intacta y atestigua que puede contra las leyes del tiempo y hasta las dificultades económicas, para alcanzar el medio siglo de vida. “Es que siempre ha sido fundamental el aporte de los mismos músicos. Porque en los períodos en los que las cosas no anduvieron bien, todos se mantuvieron unidos y colaboraron para sostener la Camerata”, explica hoy Andrés Spiller, el “hombre del oboe” y el que mejor la conoce ya que la integra desde su fundación.

En 1966, una articulación entre la Fundación Bariloche, la Academia Interamericana de Música de Cámara y el Camping Musical de Bariloche que congregaba a músicos de todo el país, dio nacimiento a la Camerata con dirección de Alberto Lysy. Al año siguiente, en el auditorio del Centro Cívico de la ciudad tuvo lugar el debut: la historia se había puesto en marcha. 

“Entonces tuvimos la ventaja de estar organizados como institución –recuerda Spiller–. Se había creado el Centro de Música de Cámara que le daba un marco, una  contención. Después hubo algunos subsidios, siempre en convenio con el Centro. Más allá de ser un trabajo, pertenecer a la Camerata es un orgullo y eso también explica que se siga manteniendo. A lo largo del tiempo tuvimos gente muy valiosa. Músicos como Tomás Tichauer, Mónica Cosachov, Oleg Kotzarew. Alguno decidió irse, otros fallecieron, pero siempre aparecían los que tomaban la posta y seguían adelante. Por un lado está el impulso, la vocación, y por el otro la conclusión a la que se llega cuando uno se pregunta: ¿dónde vamos a hacer música con este nivel y sin ninguna clase de apoyo? Cuando se creó la Camerata, estaba la Fundación Bariloche que sí nos apoyaba. Percibíamos un sueldo, hasta que todo eso se terminó. Pero el impulso inicial ya estaba dado.” 

 

No casualmente, los sesenta están caracterizados como años de utopías, de bohemia. 

Desde luego, pensemos que por esa época también nacieron Les Luthiers y el Ensamble Musical de Buenos Aires. Pero el ensamble era una orquesta más grande, éramos como cuarenta y cinco músicos. Pero no perduró como la Camerata, se hizo imposible de sostener cuando dejaron de contratarlo. La Camerata, en cambio, tal vez por ser un grupo más chico, siempre encuentra la manera de continuar.

 

¿Cómo caracterizaría las principales etapas de la Camerata?

Seguramente, las etapas están marcadas por sus directores. Lo destacable es que al frente de la Camerata absolutamente siempre hay músicos muy valiosos, cada uno en su estilo y su forma, que encontraron la manera de que mantuviera un muy alto nivel. En términos musicales está la maravillosa etapa fundacional con Alberto Lysy. Después hubo un período no muy largo con Rubén González y luego la etapa de Elías Khayat, que fue la más larga y coincidió con una serie de presentaciones que la Camerata hizo en lugares muy importantes. En ese momento se cumplían los cien años del Carnegie Hall y fuimos el único conjunto latinoamericano invitado a participar de la temporada; después, las giras a Checoslovaquia, a la Unión Soviética. Creo que la primera gira que hicimos a Suiza fue con Rubén González. Teníamos un paquete de conciertos en Suiza a los que siempre se nos agregaba algo en Alemania, en Francia o en España. A Khayat le siguió Fernando Hasaj en la dirección, y él coincidió con dos períodos en los que Pedro Pablo García Caffi se ocupó de producir y representar a la Camerata; fue un momento de renovación del repertorio. Se pudieron hacer más obras del siglo XX y conciertos con el agregado de instrumentos de viento. Además se organizaron ciclos propios de la Camerata en el teatro Cervantes, después en el teatro Colón. 

 

¿Se extrañan esos ciclos?

Por supuesto. Tener un ciclo propio ayuda mucha a enriquecer la programación. Cuando uno está contratado para hacer un concierto, por razones tanto económicas como por el público al que va a dirigirse, tiene que llevar obras, digamos, populares. Y las razones económicas, se sabe: gran parte del repertorio del siglo veinte todavía paga derechos y a las instituciones que nos contratan no les interesa aumentar sus costos, y nosotros tampoco podemos afrontarlos. Eso disminuye la posibilidad de abordar obras de compositores argentinos importantes. Y esta es la situación que estamos viviendo ahora.   

 

En la mitología de la Camerata se habla de algunos conciertos por las calles patagónicas…

Eso de las calles yo no lo recuerdo. Son muchos años, pero no me olvido de la vez que tocamos en una especie de gimnasio, en Ushuaia, durante una gira que hicimos los solistas de la Camerata patrocinada por YPF. Nos alojaban en Comodoro Rivadavia y desde ahí nos llevaban en camioneta a los distintos lugares donde teníamos que dar los conciertos. Uno de esos conciertos fue en una escuela, era un concierto didáctico. Otra vez tocamos en Caleta Olivia, cuando no era lo que es ahora, y ahí nos presentamos en un polideportivo ante cuatro mil o cinco mil personas. También por YPF llegamos a Salta, donde están los yacimientos, prácticamente al borde de la selva. Fue un caso especial porque era un concierto solo para los operarios, los obreros, muchos de ellos indígenas de la zona. Recuerdo que a todos nos impactó el silencio, la emoción con la que escuchaban. 

 

De la selva al Carnegie Hall…

Sí, escenarios diferentes, pero que no modifican nuestra rutina. Nosotros llegamos, reconocemos el lugar,  hacemos una prueba de sala, de sonido si corresponde por la amplitud del espacio, y tocamos. Siempre igual, ya sea el Teatro Colón o el teatro de un pueblito. Para nosotros no hay conciertos de primera o conciertos de segunda. Pueden pasar, eso sí, algunas cosas sorprendentes que nos notifican que estamos en lugares que no son del circuito clásico, como una vez en Aracaju, en Brasil, cuando tuvimos que retrasar el horario porque toda la ciudad veía un teleteatro (risas). 

 

De esas tendrán miles.

Unas cuantas. Está la del señor que apareció al llegar a Caracas con un ramo de flores y preguntó por la señorita Camaleta Bariloche. La buena de Mónica Cosachov lo recibió muy amablemente. 

 

Se los sabe ultra profesionales, rigurosos. ¿Esto se traslada también a la vida de la Camerata como grupo, detrás de las bambalinas?

Bueno… ¡casi como si fuéramos un grupo humano! (risas). La verdad, más allá del chiste, es que hay un poco de todo, pero siempre dentro de un marco de muy buena convivencia. Puede haber alguien que proteste o que esté enojado por algo, o inclusive gente que piensa que debería ser más aprovechada como solista y todo lo que cualquiera puede imaginarse que sucede en un grupo musical. Convivimos más en los viajes, en las giras, donde podemos compartir desayunos o cenas, momentos más cotidianos. Yo diría que en general somos un muy buen grupo. Y aquellos que no se adaptaron, bueno, se fueron.

 

¿Al cabo de cincuenta años, a usted, alguna vez se le cruzó por la cabeza la posibilidad de…?

¿De irme de la Camerata? ¿Yo? ¡Nunca!

 

Entonces hasta los 60.

Yo tengo setenta y no me imagino tocando a los ochenta. Pero la Camerata sí, la Camerata siempre va a estar.

 

 

Con sonido propio

Freddy Varela Montero, actual director de la Camerata Bariloche, confiesa que escuchaba sus discos cuando era un chico y que nunca había imaginado la posibilidad de integrarla y, mucho menos, de dirigirla. En diálogo con Cantabile destacó: “Que una orquesta de Cámara se mantenga vigente y pueda cumplir cincuenta años es algo que muy pocas en el mundo han logrado. Y aún es más difícil cuando no se tiene apoyo del Estado y de ninguna empresa privada. Encuentro increíble que todo el mundo reconoce a la Camerata como una agrupación que prestigia a la cultura Argentina mientras tenemos que hacer magia para, por ejemplo, pagarnos los pasajes para estar presentes en las innumerables invitaciones que recibimos, tanto dentro como del exterior del país.”

Varela Montero aseguró que “la Camerata tiene un sonido propio, su sello, que es ser una orquesta de Cámara clásica, ni barroca ni contemporánea, pero además también está abierta a tocar con artistas populares ya que, hoy en día, se ha descontracturado bastante más la música clásica.”

“Creo que cada concierto de la Camerata produce un hecho histórico, sobre todo en esta época en que se cierran orquestas y teatros y donde la cultura queda siempre relegada a último plano. La gente la siente suya porque por muchas generaciones la ha visto presente y este sentido de pertenencia la debería llevar a que exista por muchos años más.”

 

 

Los directores

Alberto Lysy (1935-2009), fundador de la Camerata en 1966, la dirigió hasta 1971. Violinista y pedagogo de prestigio internacional, alumno del genial Yehudi Menuhin y fundador de la Academia Internacional Yehudi Menuhin, con sede en Suiza, actuó en los más célebres festivales europeos y tocó con las orquestas sinfónicas y filarmónicas más importantes del mundo.

Rubén González (1939), se formó como violinista con Osvaldo Pessina y Teodoro Fuchs, obtuvo el Diploma de Honor de la Accademia Chigiana (Siena), fue docente de la Universidad de Minnesota de Minneapolis y la Rice University de Houston y Concertino de la Orquesta Sinfónica de Chicago. Estuvo al frente de la Camerata de 1971 a 1975 y afianzó su reconocimiento en el medio local. La dirigió en su primera presentación en los Estados Unidos y también en Japón.

Elías Khayat (1939-2010). Nacido en Damasco, Siria, y radicado en Argentina, egresó del Conservatorio Provincial de Río Cuarto, Córdoba. Obtuvo distintas becas perfeccionándose en Italia y Suiza. Integró la a Orquesta Estable del Teatro Colón –de la que fue Concertino Principal–, la Sinfónica Nacional y actuó para la Orquesta de Cámara de Zürich. Estuvo en la dirección de la Camerata de 1975 a 1993 y realizó más de 30 giras internacionales como su primer violín. Además, fue el creador de Los solistas de la Camerata Bariloche. 

Fernando Hasaj (1958-2010). Nacido en Uruguay, se formó con Salvatore Accardo en la Academia Chigiana (Italia) y con Ljerko Spiller en Buenos Aires. Fue Concertino de la Orquesta Sinfónica del S.O.D.R.E. de Uruguay y de la Filarmónica de Buenos Aires. Además fue uno de los miembros fundadores del Cuarteto de Cuerdas Buenos Aires. Dirigió la Camerata desde 1993 hasta 2010, período en el que la formación amplió notoriamente su repertorio.  

Freddy Varela Montero (1977),  nació en Concepción, Chile, donde inició estudios de violín que continuó en Pittsburgh (con Daniel Heiftz, discípulo de Iván Galamián) y en la Universidad de Maryland, Estados Unidos. En 2010 ganó el concurso para Primer Concertino de la Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirige la Camerata desde 2011. Además, actúa como solista con las más importantes orquestas de Chile y América y es integrante del Trio Opus junto a la pianista argentina Paula Peluso y el chelista búlgaro Stanimir Todorov.

 

 

Tango de cámara 

Un aniversario es también un mirador desde el que caben dos miradas: la retrospectiva, hacia lo transitado, y la que se proyecta hacia el futuro. Y a veces, el futuro se inicia durante la misma celebración. Esto último fue lo que pasó hace diez años, cuando al festejar sus cuatro décadas de vida la Camerata Bariloche inauguró la nueva década con el estreno mundial de Camertangos, obra del bandoneonista Néstor Marconi. El acontecimiento se enmarcó en la programación del Ciclo de Conciertos Pilar Golf.

Entonces, la formación contaba con la dirección de Fernando Hasaj. En aquella ocasión, al hacer el anuncio (ver edición n° 37 de Cantabile), el maestro Marconi contó que había conversado con Hasaj sobre su deseo de hacer una obra con “la idea del tango de cámara”, especialmente para la Camerata. El estreno tuvo lugar el 14 de octubre de 2007 con “sus tres  movimientos, con forma de concierto clásico, inclusive con cadenzas del bandoneón”, como ilustró Marconi en aquella entrevista.

 

 

“Una selección de grandes músicos”

Damián Rovner, manager de la Camerata Bariloche, confiesa que más de una vez se descubre obligado a despejar mitos y confusiones. “Muchos creen que la Camerata es de Bariloche porque se originó ahí, y no: todos sus integrantes viven en Buenos Aires. Lo que no significa que tenga sede en Buenos Aires, porque si bien la necesita, no tiene sede propia. Desde hace años ensaya en el Conservatorio Liszt, que le facilita gentilmente el lugar. Sus músicos se juntan a ensayar, generalmente, martes, miércoles y jueves, después de los ensayos de sus respectivas orquestas y antes de los conciertos de la noche. Por eso las giras deben planificarse con mucha antelación, porque una tercera parte de la Camerata pertenece a la Orquesta Estable del Teatro Colón, otra a la Filarmónica y otra a la Orquesta Sinfónica Nacional. En cuanto a la nacionalidad de los músicos, hay un detalle interesante: Stanimir Todorov es búlgaro, Gloria Pankaeva es rusa, André Mouroux es francés. El director concertino, Freddy Varela, es chileno, el segundo concertino es Elías Gurevich, uruguayo, y el tercero, Demir Lulja, albano. Y también hay un español, otro uruguayo. Es, realmente, una selección de grandes músicos.”

 

 

En números

Entre 1967 y 2010, la Camerata Bariloche editó 26 discos, incluido el de Músico de dos mundos, película de José Luis Castiñeira de Dios en la que participó. En 1991 fue la única agrupación latinoamericana en participar del concierto de homenaje a los 100 años del Carnegie Hall. Realizó más de 1500 conciertos y más de 30 giras internacionales por países de Latinoamérica, Estados Unidos, Europa y Oriente, actuando en los más importantes escenarios del mundo.

 

 

Festejo en el Palacio Hirsch 

Para evocar su  “bautismo” en Buenos Aires y festejar su 50 Aniversrio,  la Camerata volvió a tocar en el Palacio Hirsch, donde dio su primer concierto porteño en 1967. 

En la exquisita propiedad  ubicada en Belgrano, encargo de Alfredo Hirsch al arquitecto británico Sutton,  el pasado 2 de octubre,  a 50 años y un día de su primer concierto en Buenos Aires  (1° de octubre de 1967),  la Camerata festejó su 50 aniversario con una celebración entrañable y un concierto que sumó a muchos de sus ex integrantes. Entre el público se encontraba su ex manager de tantos años, Pedro Pablo García Caffi. 

 

Con la autoridad de sus 50 años en la agrupación, el oboísta Andrés Spiller, también presente en el estreno evocado, trajo el recuerdo de algunos hitos y anéctodas y recibió el diploma que declara a la Camerata Bariloche de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Broche de oro para una noche sellada por la música y la historia del esfuerzo y el talento argentino.