Avatares de un conflicto

 Luego de haberse decidido desde el Ministerio de Cultura la suspensión de su temporada y la cancelación de sus giras, la OSN volvió a sonar el pasado 18 de agosto en el escenario del CCK, mientras se desarrollan negociaciones por sus problemas salariales y sus condiciones de trabajo. 


7 de julio de 2017. Son las 20 y la Orquesta Sinfónica Nacional afina sus instrumentos en el escenario del CCK. La velada promete: con Carlos Vieu en el podio, se harán dos obras argentinas –el Concierto campestre de Washington Castro y el Concierto para marimba de Irma Urteaga, con el gran percusionista argentino Ángel Frette. En la segunda parte, el Coro Polifónico y el barítono Víctor Torres se sumarán para El festín de Baltasar, de William Walton.

Falta poco para que empiece el concierto y una representante de la orquesta sale al escenario para leer un comunicado. La Sinfónica reclama por mejoras salariales y de las condiciones de trabajo; su manera de reclamar es saliendo a tocar en ropa de calle y haciendo pública su situación; el Coro Polifónico adhiere a la informalidad de la vestimenta. De pronto, el comunicado es interrumpido por el grito espontáneo de una asistente: “¡El país está tomado por las corporaciones!” Un hombre que está sentado casi al lado mío replica: “¡Que se vaya a vivir a Venezuela!” El público estalla en comentarios cruzados; en medio de la barahúnda, tan divertida como anacrónica, el comunicado de la Sinfónica ya casi no se oye; todos parecen haberlo olvidado.

El concierto es realmente espléndido, de esos milagros argentinos que se explican por el talento de sus artistas. Y uno se pregunta por qué esta orquesta ha tenido desde siempre una historia tan complicada, uno de cuyos capítulos más actuales es haber logrado un “hogar” luego de más de medio siglo de peregrinaje y que ese “hogar” no termine de cobijarla de manera permanente y definitiva.

En realidad, ese 7 de julio fue el comienzo de un nuevo conflicto. Luego de una serie de conciertos destinados a los más chicos, y ya en plena campaña electoral, el Ministerio de Cultura decidió suspender la actividad de la orquesta, a la que ya se le había cancelado una gira internacional por China y Corea.

Ante la gravedad del hecho –un virtual lockout donde el patrón es el Estado mismo- artistas de relieve comenzaron a hacer pública su preocupación: desde Europa, la pianista Martha Argerich y el director Mariano  Chiacchiarini, voces que se sumaron a la deserción del maestro Francisco Rettig por problemas contractuales que incluyeron hasta la reserva misma del hotel.

Cantabile se puso de inmediato en contacto con las partes para conocer sus posiciones. Pese a haber solicitado entrevistas con el Ministerio de Cultura y los responsables de los organismos de música nacionales a través de sus respectivas oficinas de prensa, no fue posible conseguir declaraciones. Por parte de la OSN, se pudo, en cambio, recabar el testimonio de sus delegados, los músicos Marcelo Massun y Carlos Cosattini.

 “Estamos en un escenario de transición” –es lo primero que aclaran. “Se abrió una mesa de negociación en el Ministerio de Modernización y estamos en un compás de espera. Apuntamos a que la solución venga de una mesa conjunta entre Cultura, Modernización y los sindicatos. Vemos buenas intenciones de ambos lados.”

 

¿Cuáles son los problemas que afronta la Sinfónica Nacional?

Tenemos dos tipos de problemas: los históricos -o estructurales- y los coyunturales. Entre los primeros, el más urgente de resolver es el nivel salarial de los músicos, que es uno de los más bajos de todo el país. En la práctica se traduce en un vaciamiento artístico, porque los músicos jóvenes van a buscar otras orquestas donde ganan más, no sólo en el Colón, sino incluso en el interior o en La Plata.

 

¿Cuánto gana un músico de fila?

El salario de ingreso de un músico de fila sin antigüedad es de $ 17.000, cuando hay orquestas donde el ingreso está en torno a los $ 30.000. A esto se suma que no se reconocen tampoco otras antigüedades. Parte del problema comenzó con el Decreto 973 de 2009 que quiso equiparar los salarios de todos los organismos del Ministerio de Cultura y crear una carrera artística, pero el efecto fue que se terminó nivelando para abajo. Entonces, por ejemplo, cuando hay aumentos del Coro de más de un 100 % por la inflación acumulada, la Sinfónica tiene apenas el 12 %. Esa es la primera distorsión. 

 

¿Y cuáles son los problemas coyunturales?

Tenemos 30 músicos contratados, de los cuales la mayoría están sin cobrar el sueldo, algunos desde hace un año, otros hace ocho, nueve meses. Son contratados pero lo que perciben es su salario. La realidad es que la orquesta se presenta por el sacrificio que hacen ellos, que trabajan codo a codo con nosotros. Esto va de la mano con la suspensión de los concursos de ingreso, lo que implica el congelamiento de las vacantes. También está la falta de reconocimiento del plus correspondiente por la transmisión televisiva de los conciertos… luego de un año de diálogo y tolerancia al respecto nos dicen que no hay fondos.

 

¿Cuál es la planta de la orquesta?

Somos 105, entre los cuales hay gente que se jubiló o se fue a otras orquestas y esto se cubre con contratados que no cobran. También, como se sabe, están sin cobrar además varios directores y solistas, algunos de temporadas anteriores. Ante todo este cúmulo de cosas pensamos como medida inicial informar al público lo que está ocurriendo, y es entonces cuando deciden suspender los conciertos.

 

¿Fue una medida formal?

No, fue de hecho. Fueron dos conciertos en el CCK, uno en Ramos Mejía y otro en San Isidro. Las excusas que se dan informalmente apelan a cuestiones presupuestarias, pero por ejemplo, el concierto en Ramos Mejía no tenía costo adicional, porque el traslado lo pagaban desde el municipio. Lo hicieron para invisibilizar el conflicto, pero la situación empeoró, porque a partir de la carta de queja del maestro Rettig, a quien le deben tres conciertos y tuvo problemas con la reserva del hotel, vinieron los mensajes de apoyo de Martha Argerich, de Mariano Chiacchiarini; hasta Barenboim habló también con el Ministro de la situación de la orquesta.

 

Además de los conciertos hubo giras suspendidas.

Dos giras nacionales, que incluían puntos como Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán y una internacional a China y Corea. En realidad esas giras están canceladas, no suspendidas. Ahora se generó un concierto en Gualeguaychú y otro en Mercedes, pero no se trata de una gira sino de conciertos aislados.

 

¿Por qué se suspendieron? 

Para las del interior se adujeron motivos técnicos; una estaba programada con orquesta y coro y no se consiguieron hoteles para 200 personas en algunas ciudades por no haber reservado con la antelación suficiente, entonces el cronograma de conciertos se fue modificando hasta desarmarse. En relación a la gira a China habrían existido problemas presupuestarios, pero lo cierto es que se planeó hace más de un año y se suspende a tres meses de realizarla. Nosotros sabemos que Cultura pasó de ser Secretaría a Ministerio con el mismo presupuesto. Un presupuesto que además vino bajando, hoy es el 0,2 % del nacional, que a su vez aumenta junto con otros parámetros, con lo cual lo asignado a Cultura es cada vez más bajo.

 

¿Dónde ensayan?

En el subsuelo del CCK, en la sala de ensayos que está al lado de la Sala Argentina. Al día de hoy nuestro domicilio laboral sigue siendo en el Teatro Cervantes, pero tenemos también oficinas en el CCK, en la calle México y algo que queda en el Cervantes.

 

¿El CCK no es todavía la sede de la Sinfónica?

La temporada es en el CCK, pero estamos a expensas de la programación de este espacio; nosotros somos un elenco más del CCK, cuando en realidad la sala principal fue pensada para la Sinfónica Nacional. La contradicción es que dependemos del Ministerio de Cultura, pero nos presentamos en un espacio gestionado por el Sistema Federal de Medios Públicos. 

 

¿Quiénes están a cargo de la orquesta actualmente de manera más directa?

Ciro Ciliberto sigue siendo el programador, aunque no estamos teniendo contacto directo con él desde hace casi un año. Tenemos a Francisco Varela como coordinador general. El maestro Calderón sigue siendo director emérito; en noviembre hará un curso para directores trabajando obras de Mahler.

 

¿Están a favor de volver a tener un director titular?

No hay consenso para eso en este momento… Venimos de un largo periodo de 20 años con Calderón, que quizás duró demasiado. Es como en cualquier pareja… Tendría que ser un director de primer nivel internacional y residir aquí un tiempo importante para llevar adelante un proceso artístico, pero lo que vemos es que tenemos muy buenos directores invitados y la orquesta está funcionando bien de  esta manera, quizás en otro momento sea necesario.

 

¿No piensan que deberían tener un abono con entradas pagas?

Al margen de la opinión de cada uno, hay una cuestión legal: es el decreto de creación de la orquesta, entre cuyos propósitos, además privilegiar a los compositores argentinos, se habla de la gratuidad de los conciertos. En su momento se cobraba una entrada por medio de la asociación de amigos. Esto no siempre fue una buena experiencia, y lo cierto es que la entrada no soluciona el costo de una sinfónica; a lo sumo puede ser una ayuda. Hoy por hoy, no queremos barreras económicas para que el público pueda ver a la orquesta; nuestro público es muy variado y queremos conservar esa diversidad.

 

¿Cómo ven el futuro inmediato?

Vemos que hay diálogo e intentamos destrabar la situación para los conciertos del 18 y 20 de agosto. Queremos que la temporada 2017 se cumpla, tenemos solistas excepcionales como Mischa Maisky o Shlomo Mintz y compromisos en provincias. Esperamos que el conflicto se destrabe.

 

18 de agosto de 2017. El pálpito de los delegados se cumple. Emmanuel Siffert sube al podio para dirigir un programa marino: La ballena de John Tavener, con el Coro Nacional de Jóvenes; los Cuatro interludios marinos de Benjamin Britten y El mar de Claude Debussy. Hay buena cantidad de público, el clima es distendido; el concierto, discreto. Pero al margen de las coyunturas, a la Orquesta Sinfónica Nacional se le debe una solución de fondo que tiene que ver lisa y llanamente con garantizarles salarios y condiciones de trabajo adecuadas y el espacio que por derecho propio le corresponde en la sala sinfónica del CCK. Una solución que haga perder vigencia, de una vez por todas, a la famosa carta de renuncia de Juan José Castro, tantas veces leída, pero nunca realmente valorada desde hace más de medio siglo.

 

Crédito fotográfico: CCK/Fede Kaplun

 

 

Una larga historia… 

Juan José Castro renuncia a su cargo de Director Estable de la Orquesta Sinfónica Nacional. La carta fuepresentada al Director General de Cultura del Ministerio de Educación y fue publicada en el diario El Mundo el 24 de octubre de 1960.

 

 “Tengo el honor de dirigirme al Señor Director para poner en sus manos mi renuncia al cargo de Director Estable de la Orquesta Sinfónica Nacional.

“La vida de la Orquesta Sinfónica Nacional se desarrolla en forma irregular. Las dificultades con que tropieza de continuo no encuentran solución adecuada dentro de las normas que se le quieren imponer. Sus problemas específicos, cuyas peculiaridades de orden artístico exigen el juicio técnico de especialistas, chocan con la incomprensión de quienes obstinadamente ignoran esa circunstancia y pretenden equiparar las funciones de la orquesta a las de un personal de oficina. El mismo criterio determina un tratamiento económico sencillamente mezquino, desproporcionado con la responsabilidad técnico-artística de un organismo de esta clase e inadecuado a los méritos individuales de los numerosos artistas que se cuentan en las filas de la orquesta. Como consecuencia amenaza a la Orquesta Sinfónica Nacional un éxodo -que ya ha comenzado- de sus principales figuras, lo que puede llegar a privarla de un título legítimamente adquirido: el de primera orquesta de Sudamérica. 

“No han bastado años de insistencia, ni repetidas aclaraciones sobre estos aspectos para mejorar la situación. Al contrario, parecería que ello sirviera para exacerbar a quienes se gozan prolongando indefinidamente ese diálogo con un interlocutor cuyo idioma desconocen. Montañas de papeles quedan como testigos mudos de esta lucha dramática con un enemigo escurridizo.

“En efecto, las cosas ocurren en forma disparatada y se diluyen misteriosamente de tal manera que, tras una larga gestión inoperante, no se le ve la cara a responsable alguno. Tal es la paradoja del monstruo burocrático, enorme e invisible.

“ ‘Es el país’, se oye decir: ‘Fíjense que todo anda igual’, es otra frase argentina. Y, con ese conformismo del incurable que sabe morir, los demás se adaptan al sistema. Yo no puedo hacerlo.

“Señor Director: he tratado de luchar contra estos males durante cinco años. Confieso mi derrota. No estoy hecho de esa pasta. No puedo amoldarme a esa presunta actividad que pone en marcha una imponente máquina para mover una hoja de papel, llenarla de providencias, pases, sellos y firmas, y al cabo de meses devolverla con un pedido de aclaración sobre cualquier minucia, lo que da nuevo motivo al aparato para trabajar meses y meses y sin llegar a resultado alguno. (como no sea dar alimento a la misma máquina). Kafka debió conocernos.

“Este exasperante país (como ya lo hemos llamado) no ha de preferir -estoy seguro- que gente que necesita de su tiempo para hacer algo, cualquiera sea el valor relativo de su tarea, se preste a este aburrido juego sucio. Creo, eso sí, que quien se aleja de su cargo, en tales circunstancias está obligado a denunciar los motivos. Por eso espero del Señor Director me perdone el tono que por imposición de mi conciencia doy a esta nota. Y por eso también la presente renuncia lleva el carácter de indeclinable.

Saludo al Señor Director con mi invariable estimación y aprecio personal".

 

 

Juan José Castro