Agrippina, de Roma a Venecia

El pasado 24 de octubre y luego de haber cerrado su temporada de ópera 2016 con una ovacionada versión de Manon Lescaut, Buenos Aires Lírica estrenó un nuevo espectáculo en el Teatro El Picadero: Agrippina. Se trata de una experiencia de teatro musical basada en la ópera de Händel, que conserva su música y lo esencial de su acción dramática, y requiere un ámbito más íntimo que el de la “gran ópera”. El siguiente artículo confronta al personaje händeliano con la Agripina histórica.


“Buen éxito, tal vez, por los aplausos y aclamaciones

finales, pero el sajón no podía acostumbrarse a este

público: ‘Es que aquí nadie toma nada en serio.’”

Alejo Carpentier, Concierto barroco (1974)

 

El 26 de diciembre de 1709, el teatro San Giovanni Grisostomo de Venecia ponía en escena  Agrippina, dramma per musica en tres actos con música de Georg Friedrich Händel y libreto de Vincenzo Grimani. Luego de una permanencia de tres años en Italia, ésta sería la primera ópera del compositor sajón que nos ha llegado completa y también aquella que daría inicio a su gran éxito en la ciudad lagunar, donde, después de 27 representaciones consecutivas, el público no pudo hacer otra cosa que vitorear a Händel con el proverbial “¡Viva el querido sajón” (Viva il caro Sassone!).

Ahora bien, si Händel, con solo veinticuatro años, hace aquí alarde de sus increíbles cualidades como músico, regalándonos una de sus tantas obras maestras, no menos importante se nos revela el libreto de Grimani. Este cardenal nacido en Mantua en 1655, había sido embajador del Sacro Imperio Romano Germánico ante la Santa Sede entre 1706 y 1708 y, desde entonces y hasta su muerte ocurrida en 1710, virrey de Nápoles a nombre del emperador Carlos VI. Grimani no sólo poseía una vasta cultura sino también un raro don para comprender los vaivenes de la política de su tiempo, y para recrearlos inclusive en el plano ficcional y hasta paródico. De alguna forma, el cultísimo cardenal seguiría aquí el recorrido anteriormente trazado por el veneciano Francesco Busenello (1598-1659), libretista di Claudio Monteverdi en L’incoronazione di Poppea de 1642, alejándose de la tradición de la ópera seria napolitana. Con Busenello como antecedente, Grimani supo recrear en este libreto la historia de uno de los personajes más truculentos de la historia romana (y, diría, no solo romana…) de todos los tiempos, Julia Agripina (conocida como Agripinila o Agripina la Menor, para diferenciarla de su madre, Agripina la Mayor). Sin embargo, siguiendo la normativa de la ópera veneciana caracterizada por una profunda teatralidad y por mezclar situaciones cómicas y trágicas, amores y política, Grimani opta por quitar la solemnidad acartonada de cierto heroísmo trágico de muchos personajes de la historia, ficcionalizados en el melodramma de la época. Y así como el futuro Romanticismo bebería en las aguas de la historia medieval y de la primera Modernidad clásica, el Clasicismo del siglo XVIII buscaría repensarse fundamentalmente en la tradición de la Antigüedad greco-romana. Pero, claro está, el libretista de Händel en esta oportunidad traía consigo tres elementos que claramente influirían en su composición poética, a saber: su carrera como político, su carrera como eclesiástico y el pertenecer a una ciudad como Venecia, que miraba con ojos críticos y desencantados la tradición romana. En efecto, la historia de la Ciudad Eterna no sería para Grimani el campo apropiado para el desarrollo de virtudes morales y sentimentales, sino más bien el terreno propicio para la afirmación de una verdadera moralidad invertida, rebosante de ambiciones personales, diabólicas astucias, intrigas palaciegas y cinismos de vario tipo. Profundo conocedor de la política habsbúrgica y papal, el cardenal se burlará en el libreto de Agrippina no sólo de la curia romana, sino también del pontífice en persona, Clemente XI (parodiado en la figura del personaje del emperador Claudio), en tanto este, durante la Guerra de sucesión española (1701- 1703/15), defendería la posición franco-hispana, mientras Grimani apoyaba a la facción de los Habsburgo. En este contexto de permanente conflicto, la aguda observación de Grimani recaerá en la cuestión universal actual y siempre trágica de las luchas por obtener el poder, a cualquier precio. 

 

La ópera frente a la historia

Pero volvamos a la Agrippina de la ficción y a Agripina, la Menor. Grimani y Händel se alejan conscientemente del personaje histórico y adelantándose en casi dos siglos al vaudeville, nos presentan a la joven emperatriz que recibe la noticia de la muerte de su tercer esposo Claudio. Agrippina quiere que su hijo Nerone ocupe el trono, pero llega la noticia de que Claudio ha sido salvado por el fiel general Ottone, a quien, en señal de gratitud, el emperador le ofrece el trono. Mientras tanto, Claudio, Nerone y Ottone cortejan a Poppea, quien sin embargo ama sólo a este último. Agrippina desprestigia a Ottone frente a Poppea y a Claudio, por lo que el emperador pone a su hijastro Nerone como sucesor. Poppea logra que Claudio advierta las intrigas de Agrippina y de su hijo, mientras Ottone renuncia al trono por amor a Poppea y Claudio, con gran benevolencia, acepta esta unión y nombra a Nerone como su sucesor, aparece Juno, antigua divinidad del matrimonio y todos satisfechos. Aplausos y lieto fine.

¡Cuán lejos estamos de la verdadera Agripina, de quien mucho nos informa Tácito (55-120, ca.) en sus Anales, que narran la historia romana desde Augusto hasta Nerón! Hija de Germánico y de Agripina la Mayor, la Menor había nacido en Oppidum Ubiorum, posteriormente nombrada en su honor como Colonia Claudia Ara Agrippinensium, la actual Colonia (Köln) en el año 15 d.C. Bisnieta de Marco Antonio y de Octavia, Agripina tuvo relación familiar directa con tres de los cinco emperadores de la dinastía Julio Claudia que gobernaría Roma, desde el año 27 hasta el 68 d.C.: hermana de Calígula, sobrina y esposa de Claudio y, finalmente, madre del tenebroso Nerón. La linfa de la locura y la perversión corría por varios de estos miembros de la primera dinastía imperial romana, y Agripina no fue ajena a este contexto familiar. A los trece años, se casó con el cónsul Enobardo y nueve años más tarde nacería su hijo Lucio Domicio Nerón, de quien su propio padre vaticinaría que “de la unión de Agripina y yo sólo puede nacer un monstruo”. A los veinticinco años, la joven ya era viuda pero también hermana del emperador Calígula, nieto del emperador Tiberio y primer representante de esa terrible locura de la que habláramos. Agripina mantuvo relaciones incestuosas con su hermano, pero sus privilegios en la corte comenzaron a decaer tras la muerte de la hermana preferida del emperador, Drusila. Cada vez más enajenado, Calígula logró descubrir un complot pergeñado por la mismísima Agripina, en el que se planeaba atentar contra la vida del joven emperador, quien dio orden de enviar a su hermana al exilio, castigo que, por otros motivos, ya había sufrido la madre de ambos. El posterior asesinato de Calígula y la sucesión en el trono de su tío, Claudio, le permitieron a Agripinila regresar a Roma, reencontrarse con su hijo y lograr sus nuevos propósitos: recuperar su patrimonio y su antiguo poder. Para lograr lo primero se casó en segundas nupcias con el rico y cultísimo Cayo Salustio Pasieno Crispo, a quien parece haber envenenado en el 47 d.C.; para lo segundo, se acercó a su tío, quien, luego de descubrir que su esposa Mesalina le era infiel, la hizo ejecutar y luego se casó con la nuevamente viuda Agripina. Las oscuras tramas de Agripina lograron que Claudio, a pesar de todo buen gobernante y brillante estratega militar, cediera a sus deseos, adoptando como heredero a su hijastro Nerón, en vez de su propio hijo Tiberio Claudio César Británico. Obtenido su propósito, Agripina no tardó mucho -al menos así se narra- en mandar a envenenar a su esposo. La madre del nuevo emperador de tan sólo dieciséis años veía cómo se abría frente a ella el camino hacia el poder. Pero, a pesar de su gran inteligencia para el mal, no contó Agripina con el factor de la locura de su propio hijo, quien no podía soportar el modo en que ella intentaba alejarlo de Popea, tan siniestra como la propia Agripina. Así, la suerte estaba echada: luego de cuatro intentos fallidos de desembarazarse de ella, Nerón hizo que su madre bebiese su propia medicina: la acusó de traición e hizo que la asesinasen. Cuenta Tácito (Anales, XIV, 3-8) que sus últimas palabras fueron, señalándose el vientre donde buscaban apuñalarla: “ventrem feri!” (“¡hiere el vientre!”). Finalmente, el vaticinio del padre de Nerón se había consumado.

 

Agrippina

Una experiencia teatral basada en la ópera de Händel

Teatro El Picadero, lunes 7, 14, 21 y 28 de noviembre a las 20

Buenos Aires Lírica

www.balirica.org.ar

Dirección musical: Carlos David Jaimes

Puesta en escena: Ignacio González Cano

Con Rocío Giordano, Walter Schwarz, Cecilia Pastawski, Oriana Favaro, Pablo Travaglino, Sergio Carlevaris, Adriano D’Alchimio y Luis Loaiza