“Nostalgia de un tiempo que nunca existió”

El pasado 30 de septiembre, se estrenó en el Werkstatt de la Staatsoper de Berlín la ópera Comeback, con música de nuestro compatriota Oscar Strasnoy y texto de Christoph Hein. La siguiente crónica ofrece un panorama acerca de este drama musical centrado en Tilla Durieux y Emil Jannings, dos colosos de la escena alemana que durante el Tercer Reich tomaron caminos diferentes, y brinda detalles acerca de la obra y la versión ofrecida.


BERLÍN - De Billy Wilder a Arnold Schönberg, la época dorada de Hollywood incluye en su galería de nombres célebres una larga nómina de artistas que llegaron a la costa oeste de los Estados Unidos huyendo de los horrores del nazismo. Existen, sin embargo, trayectorias en la dirección contraria: en 1929, el ganador al premio al mejor actor en la primera ceremonia de los Oscar fue el alemán Emil Jannings, quien apenas unos años más tarde llegaría a ser Staatsschauspieler, artista oficial del Tercer Reich y protagonista de muchos filmes de propaganda nazi (aparentemente, Jannings habría salido segundo en aquella mítica votación inaugural: la mayoría de los sufragios habían sido para Rin Tin Tin, pero la Academia imaginó que un premio otorgado a un perro no sería considerado lo suficientemente serio; decidieron entonces premiar al humano con más votos).

Emil Jannings es uno de los personajes centrales de la más reciente creación del compositor argentino Oscar Strasnoy. Comeback, con libreto de Christoph Hein, fue la obra encargada de abrir el 30 de septiembre último la temporada 2016/2017 del Werkstatt (taller) de la Staatsoper Unter den Linden, el teatro de ópera berlinés que dirige otro argentino célebre, Daniel Barenboim. La obra enfrenta dos trayectorias artísticas en cierto modo opuestas: de un lado la de Jannings, de artista reconocido y aclamado internacionalmente (fue Mefistófeles en el Fausto de Murnau, fue contratado como la figura principal de El ángel azul, inesperadamente eclipsado por una joven Marlene Dietrich) a oscuro recluso en su propio hogar, inhabilitado para trabajar en la Alemania de posguerra. Se cuenta que, cuando las tropas aliadas entraron en Berlín en 1945, Jannings se protegía mostrando su estatuilla de la Academia, para dar cuenta de su pasado en Hollywood.

La otra protagonista de Comeback es Tilla Durieux, actriz vienesa que brilló a comienzos del siglo XX en la compañía berlinesa de Max Reinhardt y se convirtió en una de las mayores celebridades de su tiempo (retratada, entre otros, por Auguste Renoir y Franz von Stuck). Junto con su tercer marido, Ludwig Katznellenbogen, debieron abandonar Alemania en 1933, con el ascenso del nazismo al poder. Katznellenbogen fue capturado en 1941 en Grecia y confinado en el campo de Sachsenhausen, donde fue asesinado en 1944. Tilla Durieux se refugió en Zagreb y recién logró regresar a Alemania en 1952, a los 72 años. Continuó actuando en teatros de Berlín y de la Alemania Federal hasta su muerte, en 1971.

El libreto de Christoph Hein para Comeback enfrenta a los artistas en la última etapa de su vida, alternando episodios protagonizados por uno y otro. Jannings en su casa, acompañado de su pareja Gussy y su sobrino Jörg, Durieux en un escenario vacío, rodeada de espectros del pasado: ella misma en su juventud y su segundo esposo, el editor y marchand Paul Cassirer. Los recuerdos de Tilla Durieux, su época de gloria como figura principal del teatro berlinés, están atravesados también por la tragedia: Cassirer se suicidó durante los trámites del divorcio. Jannings, por su parte, es enfrentado por su sobrino, un joven estudiante de teatro que le recrimina su pasado como artista oficial del Reich. El viejo actor se prueba una vez más el vestuario de sus antiguos papeles: inhabilitado para trabajar públicamente, el único ámbito en el que todavía puede actuar es el de su hogar, ante un espejo que le devuelve una imagen de la derrota.

Una misma canción resuena, a modo de Leitmotiv, en las escenas que parten en dos el escenario: el texto de Hein y la música de Strasnoy evocan deliberadamente el espíritu de la República de Weimar, de la Berlín de los años \'20 y \'30 que era el centro de la cultura europea y en la que tanto Jannings como Durieux ocuparon un lugar destacado. El estribillo resume la atmósfera de la pieza:

 

Siento nostalgia, y no sé de qué.

Acaso de una vida más feliz,

de aquel lugar del que el ángel me habló.

Nostalgia de un tiempo que nunca existió.

 

 

La música

Oscar Strasnoy se destaca en una generación de compositores que ponen la voz humana en primer plano. Ya sea en el ámbito de la música vocal de cámara como en el de la ópera, la música de Strasnoy se caracteriza por un cuidado muy especial por las palabras y su sentido. Trabajó, entre otros, con Alejandro Tantanián, Alberto Manguel y Matthew Jocelyn, y puso música a piezas de Copi, William Faulkner, Irène Némirovsky y Witold Gombrowicz. Y si bien es posible rastrear en sus piezas de teatro musical un definido estilo personal (desde la premiada Midea de 2000 hasta esta Comeback de 2016), no es menos cierto que cada obra posee la sonoridad única que parece surgir desde el interior mismo de los textos escogidos. Basta con recordar algunas de las obras que pudieron escucharse en Buenos Aires en los últimos años: del delirio rioplatense del Cachafaz de Copi hasta el lirismo del sur de los Estados Unidos en Requiem (a partir de Faulkner), pasando por el virtuosismo de la ópera a cappella Geschichte, basada en Gombrowicz. Ninguna obra se parece a otra, y a la vez todas llevan el sello de Strasnoy: un cuidado casi artesanal en la escritura vocal, la sensación de que los cantantes expresan con naturalidad los sonidos evocados por el texto, por la historia.

En el caso de Comeback, a diferencia de otras composiciones, prácticamente no hay citas de otras obras; apenas una fugaz referencia a la escala inicial de la Salomé de Richard Strauss cuando Tilla Durieux repasa sus grandes papeles en los teatros alemanes. Y, fundamentalmente, la evocación ya no de una obra sino de toda una época, a partir de la canción Ich habe Heimweh, escrita por Strasnoy deliberadamente a la manera de una pieza de los años \'20. El ensamble instrumental aporta, a su vez, una riqueza tímbrica notable, a partir de un puñado de instrumentos: cuerdas, guitarra eléctrica, clarinete, trompeta, trombón, piano, órgano Hammond y percusión. La evocación del pasado fílmico, del cine mudo en el que tanto Tilla Durieux como Emil Jannings brillaron en su juventud, está subrayada por proyecciones en blanco y negro sobre el fondo de la escena. En esos momentos, también la música es sometida a un filtro que, desde los parlantes, parece irrumpir como un recuerdo.

Acaso el punto más notable de Comeback sea la disociación del personaje de Tilla Durieux en dos intérpretes: una actriz que representa a la Tilla que regresa a Berlín y una soprano que interpreta a la Tilla joven, enamorada de Cassirer y aclamada por el público. La escritura de Strasnoy para las dos mujeres es a la vez virtuosa y conmovedora, fundamentalmente gracias a la entrega de las intérpretes, Josephine Ranelt y Maria Hussmann. El barítono Ralf Lukas ofrece un Emil Jannings imponente, y las escenas de confrontación con su sobrino Jörg, a cargo del contratenor Johannes Euler aportan una tensión que llega a un punto alto cuando el joven aspirante a actor se prueba, como si fuera uno de los elementos de vestuario de su tío, un uniforme nazi. Completan el elenco el barítono Martin Gerke como Paul Cassirer y la mezzo Nadia Steinhardt como Gussy Hall. Max Renne dirigió el ensamble de la Staatskapelle Berlín con soltura y dinamismo y la puesta de Ingo Kerkhof incorporó detalles sumamente efectivos, a partir de la disposición de las escenas y, especialmente, la ubicación central del personaje de Tilla Durieux: de un lado duplicada en las actrices que la interpretan, del otro inmóvil en el centro, con la mitad de su cuerpo oculta debajo del escenario.

Partida a la mitad, la ambigüedad de la imagen es poderosa: puede ser tomada alternativamente como un descenso al inframundo o, como el título de la ópera sugiere, un renacimiento después de años de exilio. O también, como parece sugerir la profesión de los protagonistas, una metamorfosis final en la que el cuerpo de los actores se confunde y se integra con el escenario en el que llevaron adelante la mayor parte de sus vidas. Un verso del reciente Nobel de Literatura condensa esa Heimweh, o nostalgia, de la que hablan los personajes de Comeback: \"siempre se puede volver, pero nunca se vuelve del todo\".