Pintar las palabras con música

El argentino Jorge Parodi se presentó en la temporada 2013 de Buenos Aires Lírica, cuando tuvo a su cargo Lucrezia Borgia. Luego de tres años, regresa a la misma asociación para asumir la dirección musical de I Capuleti e i Montecchi. Antes de su llegada respondió a nuestras preguntas desde los Estados Unidos, su país de residencia.


Los caminos de la vida musical de Jorge Parodi hicieron que su lugar de residencia sea hoy Estados Unidos. Oriundo de Santa Rosa, La Pampa, su primera vocación fue el piano, y comenzó sus estudios en un conservatorio de su barrio para luego continuar en el Instituto Provincial de Bellas Artes, y finalmente en el Conservatorio Nacional en Buenos Aires; aquí fueron sus maestros Aldo Antognazzi en piano, y Mario Benzecry en dirección orquestal. En junio próximo regresará al país para dirigir I Capuleti e i Montecchi de Vincenzo Bellini, en una producción de Buenos Aires Lírica en el Teatro Avenida. “Mis años formativos en Buenos Aires”, reflexiona, “fueron fantásticos, todavía los recuerdo con mucho cariño. Esa ciudad sigue siendo una meta artística para todos los artistas del mundo, por eso es una gran alegría volver como director de ópera”.

En el primer tramo de la charla también recuerda que, en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, comenzó con el acompañamiento de clases de ballet y luego de canto y actuación. También recuerda que para él fue clave la visita de Frederica von Stade a la Argentina: “Me gustó muchísimo el pianista que la acompañaba” -recuerda. “Después de un concierto fui a los camarines a saludarlo y le pedí si me podía dar una clase, porque quería acompañar cantantes como él lo hacía. En ese momento yo no sabía quién era Martin Katz, tampoco que se trataba de uno de los pianistas acompañantes más famosos del mundo, simplemente me gustaba lo que él hacía. Un par de días después trabajamos las Chansons de Bilitis de Debussy, y allí fue cuando Martin me preguntó si estaba interesado en ir a estudiar con él a la Universidad de Michigan. Por suerte conseguí que la Universidad me diera una beca completa y, con el apoyo del Mozarteum Argentino, fui a los Estados Unidos”.

Parodi ve el paso de “pianista acompañante” a “director de orquesta” como algo muy natural: “Uno como maestro preparador siempre está dirigiendo desde el piano, o a otro pianista y los cantantes, o al coro en su ensayo. Como había estudiado dirección con un grande de la Argentina, Mario Benzecry, me resultaba especialmente fácil dirigir ensayos”. Ya en Nueva York creó un grupo de música barroca latinoamericana y se convirtió en director musical de la Manhattan School of Music, momento en el cual se abocó completamente a la dirección, sobre todo de ópera. Luego tuvo la oportunidad de asistir a Lorin Maazel en el Castleton Festival. “Una de las cosas que aprendí de Maazel” -reconoce- “fue la de planificar los ensayos con orquesta con mucho cuidado, detectando los momentos que requieran mayor atención y enfocándose en estos durante la primer pasada”.

 

-Aquí debutaste como director de ópera en Lucrezia Borgia en 2013, para Buenos Aires Lírica, ¿cómo ha sido esa experiencia? 

-Creo que tuve mucha suerte con que mi primera experiencia como director de ópera en Argentina, se haya dado gracias a una invitación de Frank Marmorek para Buenos Aires Lírica. Conocí a Frank gracias a nuestro amigo Alejandro Cordero. Vino a ver una clase magistral en el Salón Dorado del Colón sobre Donizetti y el belcanto, un repertorio con el que siento que tengo mucha afinidad, y ahí surgió la idea de hacer un título en el Avenida. El trabajo en BAL es muy similar al trabajo en Estados Unidos: la organización es fantástica, todo está planeado con anticipación y hay mucho respeto por la libertad artística de los directores y del elenco. Un recuerdo muy especial de Lucrezia Borgia fue el trabajo con Florencia Fabris, muy poco antes de que la perdiéramos. Era una personalidad muy humilde y muy generosa, con un talento vocal y musical que es difícil encontrar. Fue un verdadero shock la pérdida repentina y temprana de Florencia.

 

-Para esta temporada, BAL nuevamente te convoca para un título del belcanto, I Capuleti e i Montecchi de Bellini. ¿Qué desafíos, además de los vocales, presenta esta obra? ¿Cómo es tu concepción dramática de la partitura?

-Bellini es uno de mis compositores predilectos por la carga emocional de las melodías y el arco dramático de las escenas. A pesar de que escribió Capuleti en muy poco tiempo (lo que es un caso excepcional en su producción, a diferencia de la velocidad compositiva de Donizetti y Rossini) la calidad de la partitura es tan alta como en cualquier otra de sus grandes óperas escritas con más tiempo. En general Bellini produjo una ópera por año, pero escribió Capuleti en menos dos meses. De hecho, a pesar de que soy partidario de hacer cortes cuando a mi parecer la urgencia dramática y la efervescencia musical lo requieren, en el caso de Capuleti no vamos a hacerlos, porque considero que el equilibrio de la partitura es excepcional. El último año que viví en Buenos Aires hice un concierto en la Feria del Libro con escenas de las dos versiones más famosas de esta historia inmortal. Casualmente, en esta temporada hago los dos títulos por primera vez (también haré Roméo et Juliette de Gounod en Savannah). Aquel fue mi primer encuentro con la primera aria de la soprano, una de las piezas más idiomáticas del belcanto, donde el texto es presentado musicalmente de manera magistral. Desde ese momento descubrí mi predilección por la escritura musical que representa con melodías, ritmos y armonías una lectura específica de texto, en lo prosódico, en el contenido dramático y en la psicología del personaje. Romani se centra en los momentos claves de la evolución emocional de los personajes, la acción está acotada a tres escenas en cada acto, enfocadas en uno o dos personajes a la vez (con excepción del “Finale I”). El arco dramático (siempre basado en contenido emocional de la música) está tendido cuidadosamente a un paso meticuloso, gradual y constante.

 

-¿Me podés describir las dificultades que presenta, en especial la escena final, que es sumamente expresiva?

-La escena final tiene cuatro momentos definidos: la introducción y coro; el recitativo y aria de Romeo; el dueto final; y la entrada de Capelio, Lorenzo y el coro. Las primeras dos secciones son formalmente muy tradicionales, pero el dueto es “cinemático”, aquí el texto está presentado casi a tiempo real.  Desde ya el lenguaje musical es belcantista, pero el progreso dramático de la escena se asemeja más al estilo del barroco temprano o del verismo. Así vemos a los amantes en un comportamiento que aparece más espontáneo y menos formal. Como la melodía es una manifestación de los sentimientos del personaje, el comportamiento melódico obedece a lo que están diciendo. El texto es el “qué” y la música es el “como”. Bellini podría haber imaginado que los amantes dirían el texto de otra manera, pero eligió una lectura íntima, frágil, dulce. 

 

-Sobre esto y con la experiencia de haber dirigido Monteverdi y Cavalli, ¿la interpretación actual del barroco influye en el repertorio del belcanto italiano? 

-Con respecto a la interpretación actual del belcanto, hay dos aspectos que yo veo afectados por la práctica contemporánea de la ejecución del barroco: la idea de las “ediciones críticas” y la búsqueda de una naturalidad en el ritmo textual (el ritmo natural de la palabra hablada). En relación al primer punto, si bien la tradición operística es una referencia fuerte para resolver ciertos pasajes, la tendencia actual es obedecer la partitura original lo más posible. Las ediciones más modernas tratan de mostrar la mayor cantidad de fuentes originales de las manos de los autores (compositor y libretista) y hacen omisión de los cambios en la partitura que se hacían tradicionalmente. Asimismo, la lectura cándida de la partitura, al tratar de descubrir la prosodia y el ritmo natural del texto, es similar a la interpretación actual de la música vocal del barroco temprano. En el caso de Capuleti, esto se manifiesta particularmente en la lectura que espero hacer del word painting [representar figurativamente la palabra con música], del recitativo del aria de Giulietta y del ritmo textual de la escena final.

 


I Capuleti e i Montecchi

Ópera en dos actos de Vincenzo Bellini

Teatro Avenida, viernes 3, jueves 9 y sábado 11 de junio a las 20, domingo 5 de junio a las 18

Buenos Aires Lírica

www.balirica.org.ar

Dirección musical: Jorge Parodi

Puesta en escena: Marcelo Perusso

 

Con Rocío Giordano, Cecilia Pastawski, Santiago Ballerini, Walter Schwarz y Sebastián Angulegui.