Repensar a Ginastera

Música y modernidad. Un espacio de tensión. O una ecuación capaz de hablar de la historia y, en particular, del siglo XX. 


Omar Corrado, un musicólogo nacido en Rafaela, Santa Fe, doctorado en la Sorbona y premiado en Cuba con el galardón de Casa de las Américas, es el autor de Música y modernidad en Buenos Aires 1920-1940 (Ediciones Gourmet Musical) y Vanguardias al Sur. La música de Juan Carlos Paz (Casa de las Américas). Y la música y la modernidad son ejes inevitables a la hora de pensar –o de repensar– a Alberto Ginastera, un autor que esquiva las definiciones fáciles; que elude las simplificaciones. Un compositor que, en el mapa algo ficticio dibujado a partir de su polémica con Juan Carlos Paz, ocupó el lugar del conservador. Del nacionalista opuesto a las vanguardias. Y, no obstante, no sólo fue la cara –y el sonido– de una posible modernidad argentina, sino que asumió la función del actor y propulsor de algunos de los gestos institucionales más importantes en relación con esa mirada hacia su presente.

 

“Existió una dicotomía, en los años cuarenta, pero fue amplificada y distorsionada por la prensa, la historiografía y las leyendas urbanas”, afirma Corrado acerca de esa querella entre internacionalismo modernista y nacionalismo pintoresquista y conservador, que acabó cristalizando alrededor de las figuras de Paz y Ginastera. “El que polemiza realmente es Paz, cuando escribe cuatro artículos sobre música argentina y que Ginastera responde. Es el momento álgido. Y Ginastera responde con parquedad, en un artículo de la Revista Musical Chilena de 1948, donde hace una especie de recapitulación de la música argentina del momento. Cuando menciona a Paz lo hace diciendo que su trayectoria pasa de un estilo a otro ‘con un eclecticismo desconcertante’. Y que en su adopción del dodecafonismo usa los aspectos más superficiales del método y no llega a construir con eso ¡ninguna obra importante! Es decir que efectivamente eso existió y existe también el famoso hecho de que Ginastera lo invita como miembro de la Academia de Bellas Artes, y Paz y sus amigos organizan una cena de desagravio porque piensan que considerarlo un académico es un insulto. Ese es el plano más superficial del asunto, pero hay diferencias estéticas profundas e innegables. Y quizás hay un aspecto de ese enfrentamiento que quedó más oculto y es que a partir de esos años, a Ginastera se lo enfocó únicamente como músico nacionalista. Y ese es un problema. En ese período de Ginastera, que va más o menos hasta 1950, uno puede escuchar o el malambo y la referencia al folklore o las escalas, la organización interna del discurso, la organización musical. Con una danza folclórica se pueden hacer cosas muy distintas. Se puede hacer Aguirre, Williams, Boero, Castro o se puede hacer Ginastera.  Esa oposición al nacionalismo se mantiene como si esa música se escuchara exclusivamente desde esa óptica. Si se escucha desde otro lado, desde la adopción de lo stravinskiano, de lo neoclásico que era, sin duda, una de las caras de la modernidad en ese momento, esa dicotomía resulta menos real.”

 

Para Corrado, “el nacionalismo de Ginastera es muy distinto, en todo caso, del de la generación anterior. Su piso es el de quienes pensaron los materiales de las tradiciones americanas con las herramientas neoclásicas, Juan José Castro y Luis Gianneo. No Alberto Williams. Eventualmente hay una obra tardía de Ginastera que a mí me parece muy importante si se la mira en esos términos. La Cantata para América mágica condensa algunas preocupaciones anteriores pero además lo catapulta mucho más adelante, hacia una cierta actualidad del lenguaje. Es una composición que conecta ese universo de las técnicas relativamente más nuevas, con un impulso expresivo que tiene que ver con  una cuestión más ancestral e inclusive visceral. Es una obra que tiene una zona muy racional que le da el trabajo serial y, al mismo tiempo, algo muy impulsivo, que está dado por el uso de la percusión. Hay un ambiente fantástico , sobre todo en el Interludio, que remite a universos de sentido y es de una enorme contundencia musical estética inmediata. Esa es una cualidad que me interesa de la Cantata. Hay una racionalidad reabsorbida en la contextura de la obra misma y la impresión es de un impacto casi físico.”

 

Un perfil alejado de las simplificaciones

Profesor del Liceo Militar y fundador de la carrera de música de la Universidad Católica, Ginastera podría ser visto como un hombre de la cultura “de derechas” en la Argentina. \\\"No obstante –señala Corrado– en esos años él firma manifiestos que lo ubican explícitamente en lo que en ese entonces se identificaba con el campo democrático.  En general hay un problema con las categorías de izquierda y derecha y con cómo funcionan en la historia política de este país. Y, por otra parte, con el peronismo él va a tener una relación contradictoria. Cuando funda el Conservatorio de la Provincia de Buenos Aires lo hace durante la gestión de Domingo Mercante como gobernador. Por otra parte tiene fricciones y rispideces con el peronismo y, al mismo tiempo, hace en esos años músicas para películas. Hay una cuestión que, en el caso de Ginastera, me parece que tiene que ver más con vínculos personales que con los partidos políticos. Con afinidades con algunos cuadros intelectuales y, posiblemente, con las relaciones labradas en los cursos de cultura católica a los que asistió.”

 

Nuevamente, el perfil del compositor resulta mucho más complejo que lo que las simplificaciones podrían sugerir. Independientemente de la ironía de Paz, que llamó alguna vez “Academia Pitman de la música moderna” al Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM) que Ginastera fundó y dirigió en el Instituto Di Tella, resulta obvio que se trató de uno de los principales polos de actualización y discusión estética del continente.  Y, como explica brillantemente Esteban Buch en The Bomarzo Affair. Ópera, perversión y dictadura (Adriana Hidalgo editora), también allí el reaccionario Ginastera fue el baluarte (¿impensado?) de la lucha contra la censura de la dictadura de Onganía.  “Otro rasgo que rescato, y que no es en absolto común –prosigue Corrado-, es la generosidad de Ginastera. En el CLAEM él se empeñó en presentar un panorama lo más abierto posible, más allá de sus gustos personales, y en poner a disposición de esa nueva generación las nuevas tendencias del momento.”

 

 

Tempranamente legitimado, su obra se estudió durante años de acuerdo con una periodización formulada por Pola Suárez Urtubey y sugerida por él mismo –“la autoridad del autor”, bromea Corrado–. En rigor, desde piezas tempranas como las Impresiones de la Puna hasta su inconclusa Popol Vuh, mucho de lo que caracteriza la obra de Ginastera se mantiene presente y se relaciona con una profunda originalidad, presente más allá de las proporciones en que folclore y modernidad se mezclaran en cada caso. “En él hay una definición estilística muy temprana. Constituye sus campos, sus configuraciones texturales, expresivas, ya desde sus obras iniciales y eso vuelve a reeditarse cargado con distintas técnicas, distintos contenidos y manejos de los materiales, pero hay configuraciones persistentes que se establecen desde el principio. En Panambí, su Opus 1, por ejemplo, hay una de las secciones, la ‘Invocación de los espíritus poderosos’, que es de una modernidad extraordinaria para 1937. Son unos pocos minutos que para un joven de 21 años resultan asombrosos. Esta personalidad compositiva constituye una voz personal atravesada por una cuestión ecléctica, porque en la superficie del lenguaje pasa el folclore, pasa la cita del Lamento de Tristano, de Chopin o Schubert, también pasan las técnicas contemporáneas y, sin embargo, hay una voluntad de estilo que sostiene en profundidad esa heterogeneidad de superficie. Pensando nuevamente en esa crítica de Ginastera a Paz, precisamente fundada en el eclecticismo, tal podría pensarse que esas adhesiones a escuelas internacionales fuertes conforman una especie de eclecticismo en sucesión, mientras que en Ginastera se lo encuentra en simultaneidad, pero articulado, unido por una voz creativa realmente fuerte.”