Dossier Alberto Ginastera
Año 18 - N° 82 - Marzo - Abril 2016



sbado, 21 de octubre del 2017
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Sumario

Repensar a Ginastera

Música y modernidad. Un espacio de tensión. O una ecuación capaz de hablar de la historia y, en particular, del siglo XX. 

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La puerta de arsénico

“Me he perdido a mí mismo, y seré mi propio verdugo.” (Lord Byron)

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Temas atrapados por el rabo

11° entrega: ESCENARIOS EN LA HISTORIA – IV (Conclusión)

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Violencia, grotesco y tormento

Para la vanguardia musical de la post-guerra, el género operístico fue el blanco de severas críticas por encarnar todo el gusto burgués anquilosado y la repetición de sus fórmulas, incluso en nuevas creaciones. Como solución, Pierre Boulez mandaba a quemar los teatros de ópera y lanzaba duras críticas a compositores que seguían componiendo óperas (Hans Werner Henze era uno de los principales blancos). Sobre ese panorama, afortunadamente, hubo compositores que vieron en este género una manera de superar el pasado, reelaborándolo, vinculándose con la tradición o negándola.

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Bomarzo: el retorno de lo reprimido

Un noble italiano del Renacimiento, jorobado y rodeado de esculturas fantásticas. Una ópera de una atmósfera opresiva, signada por la obsesión con el sexo y el poder. Estrenada en Frankfurt en 1918 e incluida más tarde entre las obras \"degeneradas\" prohibidas por el nazismo, Los estigmatizados (Die Gezeichneten) de Franz Schreker, parece un anticipo de lo que ocurriría medio siglo más tarde en Buenos Aires con el estreno fallido de Bomarzo de Alberto Ginastera. Ambas obras recurren a una historia ambientada en el siglo XVI, no para hacer un ejercicio de reconstrucción de época, sino para representar las obsesiones de su propio tiempo. Ginastera es explícito al referirse a su ópera: \"Bomarzo tiene todo el sexo y la violencia del mundo de nuestros días y, como dije recientemente en una conferencia, Bomarzo es un hombre de nuestros días.\"

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Hacia la síntesis

La música orquestal de Alberto Ginastera permite, en su evolución cronológica, contemplar las tres etapas que el propio compositor señaló como constitutivas de su derrotero creativo: la del nacionalismo objetivo (desde los inicios hasta 1947, año de la Pampeana No. 1), la del nacionalismo subjetivo (hasta 1958) y la neo-expresionista (en la década de 1960, a partir de la Cantata para América mágica y el primer Concierto para piano). La voz autorizada de Pola Suárez Urtubey señala a partir de 1971 –año bisagra en que Ginastera emigra a Europa y conforma su segundo matrimonio con la violonchelista Aurora Natola- una cuarta etapa que vendría a ser la síntesis de las anteriores, y en la cual el músico reconcilia su adhesión a algunas técnicas del siglo XX con la impronta expresiva de sus inicios. Ningún musicólogo ha puesto hasta ahora en crisis esta clasificación, unanimidad que, dado el tiempo transcurrido, puede resultar sospechosa. Máxime cuando ha sido el propio Ginastera el que la estableció, con una prolijidad que a la distancia puede juzgarse tan parcial como necesaria. Trascender como compositor académico hasta insertarse en el canon internacional desde la periferia latinoamericana requiere no sólo talento, y Ginastera tuvo varios de los demás ingredientes, entre ellos la lucidez de dotar a su obra de una estructura general que facilitara el análisis al especialista extranjero. Un síntoma de esta decisión es la cerebralidad que tiñe buena parte del catálogo de Ginastera a partir de que él comienza a tener perspectiva de su carrera; un arco similar al que recorre Stravinsky después de La consagración de la primavera o Bartók luego de su Concierto para piano No. 1. Antes de este punto, se percibe en cambio a un artista menos constreñido por mandatos estéticos o profesionales.

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Ginastera y el ballet

Estancia es la obra elegida por el New York City Ballet (NYCB) para homenajear a Ginastera en su centenario, con funciones en febrero que se repetirán en abril (20, 24, 29 y 30) de este año. La coreografía es de Christopher Wheeldon y la escenografía, nada menos del arquitecto valenciano Santiago Calatrava. Será una vuelta a sus orígenes: fue encargada a Ginastera en 1941 por Lincoln Kirstein, director del American Ballet Caravan –antecedente del NYCB-, para que el mítico George Balanchine creara la coreografía, pero la compañía se disolvió ese año. Luego de una exitosa trayectoria en las salas de concierto, la partitura debió esperar hasta 1952 para ser llevada al escenario del Teatro Colón por el coreógrafo Michel Borowski, con Esmeralda Agoglia y Enrique Lommi en los papeles protagónicos.

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“A los seis años entendí quién era papá”

En su departamento de Recoleta, Georgina Ginastera le da un sorbo a la copa de champán. Acabamos de concluir la entrevista y motivos para el brindis sobran. Especialmente para ella y también para la comunidad musical, especialmente en este 2016, en que una amplia programación internacional homenajeará el centenario del nacimiento de su padre.

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Seis décadas de labor creativa

Era el año 1923 cuando un niño de siete años de edad comenzó a poblar de sonidos, por él mismo producidos desde el piano, sus espacios infantiles y la casa natal del barrio de Barracas. La formación musical a partir del aprendizaje del instrumento de teclado en coincidencia con los primeros años de escolarización, era práctica habitual y casi obligada por aquel entonces en nuestro país. Sin embargo, el piano se convertiría pronto para Alberto Ginastera en el primero de sus ámbitos de experimentación con la creación musical y el mismo medio al cual, casi sesenta años más tarde, dedicaría sus últimos empeños compositivos, culminando la labor de toda su vida con la Sonata para piano n°3, última obra completa de su catálogo.

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Localismo universal

Contra lo que podría pensarse, el telurismo y los centros musicales siempre se llevaron bien. Considerado desde la perspectiva de una especie de división internacional de la música, podría decirse que se necesitan mutuamente. Muy desde el principio, Alberto Ginastera había perseguido una fusión imaginaria de la modernidad con el suelo, y muy temprano esa pretensión se reveló tan exitosa, e incluso más todavía, en la recepción extramuros, que en ese suelo propio, donde encontró algunas resistencias que provenían de una poética de cuño más universalista.

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Ginastera, el octavo pasajero

La referencia inevitable cuando se menciona el improbable cruce entre el rock y los compositores de la segunda mitad del siglo XX, es la aparición de Karlheinz Stockhausen en la icónica portada de Sgt. Pepper\'s Lonely Hearts Club Band de The Beatles. El compositor argentino Juan Carlos Paz se encontraba por entonces (junio de 1967) en Londres, y de inmediato advirtió que allí se escuchaba el sonido de la modernidad. Otro compositor argentino, Alberto Ginastera, estaba en ese momento en los Estados Unidos, donde acababa de estrenarse su ópera acerca del único integrante del club de los corazones solitarios del Duque de Bomarzo.

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La mesa de Martin Wullich

Así como tantas personalidades tienen su permanente homenaje en restaurantes y cafés del mundo de los que fueron habitués (un ejemplo clásico es el de La Tour d’Argent de París, donde cenaba el último zar de Rusia junto a su familia), Martin Wullich tiene el suyo en el local de Pizza Piola de Recoleta. ¡Y en vida, como se debe homenajear a los amigos!

 

Hombre de radio y TV, difusor de las artes y amante de la música clásica (tiene su propio portal Arte y Cultura en internet), desde hace años Wullich ocupa la misma mesa del tradicional local, la n°19, donde días atrás fue colocada una placa con su nombre. Allí acostumbra a reunirse con amigos, artistas y familiares, junto a los que comparte agradables momentos en un ambiente donde la mejor carta de platos italianos, los elaborados tragos y la inmejorable atención, invitan a volver una y otra vez. Muchos seremos los habitués, ¡pero Martin Wullich, con su mesa 19, hay uno solo! 




Cristián Hernández Larguía (1921 – 2016)

El 10 de febrero, en medio del inmenso receso musical de verano que nos tomamos los argentinos, murió Cristián Hernández Larguía, sin duda alguna el más reconocido director y pedagogo santafesino. Había creado y dirigido el Coro Estable de Rosario desde su fundación en 1946 (¡fue su director durante 65 años!) y el Conjunto Pro Música de Rosario, fundado en 1962 y con el que se presentó hasta fines del año pasado.




PIERRE BOULEZ

La personalidad más importante de la música contemporánea en la segunda mitad del siglo XX murió en Baden-Baden el 5 de enero pasado. Se trata de Pierre Boulez, compositor, director de orquesta, gestor cultural, ensayista agudo. Entre sus máximos logros se cuenta haber sido el fundador del IRCAM (Institut de Recherche et Coordination Acoustique/Musique) en París y haber desarrollado el serialismo integral –la extensión del sistema de la serie dodecafónica a todos los parámetros de la música-, junto con la aleatoriedad como variables para la creación musical.