“El universo de Don Carlo desde los ojos del rey”

El 20 de septiembre subirá al escenario del Teatro Colón, uno de los más grandes dramas verdianos: Don Carlo. Conversamos con Eugenio Zanetti, polifacético artista argentino ganador de un Oscar, que tendrá a su cargo la puesta en escena de este título, grande en más de un sentido.


Si el perfil de un régisseur ideal para la ópera debe aunar un profundo conocimiento del género con sus particularidades de realización, una formación específica, el dominio de las prácticas teatrales, los recursos de las artes visuales y la experiencia en el manejo de producciones de envergadura, la trayectoria de Eugenio Zanetti, con la exuberancia desplegada a lo largo de décadas de descollante labor artística, se impone como prototipo de autoridad natural. Director de cine –ganador de un Oscar como director de arte al “mejor diseño de producción” por el extraordinario film Restoration de 1995-, pintor e ilustrador, director de teatro, dramaturgo, guionista y escenógrafo… La multiplicidad de roles que atesora en su itinerario, es tan vasta como pocas carreras pueden exhibir. En diálogo con Cantabile, Zanetti recorre aspectos de la nueva producción del Teatro Colón -Don Carlo de Verdi; en esta nota utilizaremos la grafía italiana, que es la elegida por el TC, N. del la R.-, en la cual lleva la batuta de la dirección de escena, diseño de escenografía y vestuario. En esta recorrida expone sus fuentes de inspiración: lo intuitivo, la mentalidad cinematográfica, los condicionantes dramatúrgicos y otros elementos que servirán a la comprensión de su propuesta escénica.  

 

¿Cuándo nace tu vínculo con la ópera? ¿Antes o después de las artes visuales?

La ópera tiene que ver con mi infancia, con mis abuelos: suizo, italiano y ruso, todos amantes del género. Creo que cada uno de nosotros tiene un “botón creativo” y ese botón no siempre es lo más obvio. En mi caso, no es lo visual sino lo musical, de modo que antes de que aparezcan las imágenes, me musicalizo.

 

¿Cómo se activa en vos ese mecanismo de un “botón creativo”?

El trabajo artístico es una actividad del campo intuitivo. El arte, la pintura, la música, son actividades propias del hemisferio derecho, que no funciona de manera lineal. Se llama pensamiento lateral. El pensamiento intelectivo es vertical y el lateral, en cambio, funciona como con pequeñas perforaciones, aparentemente al azar, pero siguiendo la intuición. El trabajo creativo viene de una búsqueda del pensamiento lateral. Pero volviendo a la pregunta original: dirigí mucho teatro musical en la Argentina antes de irme a EE. UU. y afuera. Siempre tuve un romance con la ópera, pero a mí todo me toca tarde, diría que porque tengo varias vidas.

 

¿Eso en un sentido místico?

No. Es que mi vida es así. Todo llega en estadios tardíos porque hice muchas otras cosas, son vidas diferentes. El teatro musical y la ópera tienen que ver con una sensibilidad específica. Allí es donde mejor me siento.

 

¿Cómo organizás el trabajo una vez activada la creatividad?

Hago un input, trago el libreto, lo dejo ahí, no intervengo. El trabajo es una mezcla de la genética de la persona y lo que ha visto en su vida, es una computadora vasta que tiene que ver con todo. Primero veo qué es lo que intuitivamente necesitan los protagonistas para sus vidas y sus dramas. Hice mucho de eso en el cine, en películas de época como Restoration.


Detrás de una idea para Don Carlo

 

¿Cómo ha sido el proceso de diseño de esta producción de Don Carlo?

En el sentido estructural, Don Carlo es un melodrama típico del siglo XIX. Cuando uno se propone llevarlo adelante, choca con ese elemento que tiene un pasado histórico en el que todo ocurre: la madre, el padre, el hijo, la hermana, la Inquisición, el acto de fe… Esto está basado en la mentalidad del melodrama pero el aggiornamiento no debe ser la búsqueda de un paralelo contemporáneo porque, para empezar, está Felipe II. Además hay un elemento intelectivo en la necesidad de aggiornar que se contradice con esto de lo que estamos hablando de la búsqueda intuitiva.

 

¿Qué surgió de tu propia búsqueda intuitiva?

Primero, que el cuadro favorito de Felipe II era El Jardín de las Delicias terrenales de Hieronymus Bosch (El Bosco). Pensé: este hombre que ha construido El Escorial, que es como una espada de acero, el emperador del mundo conocido, el paladín de la fe católica, la cabeza de la Inquisición, etc… El único cuadro que tenía en su gabinete era El Jardín de las delicias… Entonces había una enorme tormenta en su cabeza. Me fui al Museo del Prado, miré el Jardín de las Delicias y lo puse en el centro de la estructura, porque me pareció que ese mundo donde pasa de todo, era el universo visto por el rey. En consecuencia, decidí ver el universo que es esta ópera, desde los ojos del rey. La modernidad de la puesta, está dada en ese punto, en una visión psicológica contemporánea que el melodrama no tiene.

 

¿Cómo se traduce ese cambio de perspectiva a la escenografía y la acción?

He creado un pequeño prólogo con campanas donde nos damos cuenta de que el rey siente que ese universo donde ocurre la ópera, se corrompe y se derrumba. Después, el rey está presente en muchas escenas, físicamente, lo pongo allí, escuchando, observando. Don Carlo es importante, desde luego, pero a quien le ocurre el drama, es al rey. Allí surgieron cosas muy ricas: casi todo el diseño de escenografía y vestuario.

 

Un tip de diseño que puedas revelar a los lectores…

El vestuario. En la parte de arriba los trajes son de época pero hacia abajo van convirtiéndose en tripas. Eso es lo que ve y siente el rey: que debajo del esplendor, su reino se corrompe. Hay algo revolting, algo repugnante y atroz en lo que ve el rey. Eso le da a temas como la Inquisición, una visceralidad específica. Hay algo visceral en esas atrocidades que tenemos que sentir. No es místico, sino primitivo.

 

¿Cuáles son los aspectos del pensamiento cinematográfico aplicado a una puesta de ópera y cómo eso ocurre en esta producción?

Yo siempre tiendo a pensar cinematográficamente. Aquí uso una escenografía única como la unidad de sitio de la tragedia griega, en cuyos giros está lo cinematográfico, como el movimiento de una cámara. Es una descripción figurativa, no hiperrealista sino abstracta. El cine te da una gran libertad porque la cámara va a lugares, existe la ilusión de que estamos en otra parte. En el teatro en cambio, uno está en un solo lugar y nunca lo olvidamos, y es en ese lugar donde se evocan los sitios. La ilusión es más abstracta, de modo que el teatro funciona mejor cuando no es tan realista. Y esa diferencia es muy importante.

 

Dentro de lo cinematográfico están las proyecciones, de las cuales reniegan muchos régisseurs que no las admiten como recurso teatral ¿Cuál es tu opinión?

Estoy de acuerdo. No tienen que ser ilustrativas. Yo limito la proyección a funcionalidades específicas. Por ejemplo: animando digitalmente El Jardín de las Delicias. Es muy sutil, es “muy Bob Wilson”, pero es una alucinación del rey. La música de por sí ya es muy potente.

 

Siguiendo con los medios cinematográficos y el uso que puedas hacer de ellos: lo que en ópera llamamos “interpretación-régie”, equivaldría a la edición en cine…

No es lo mismo escuchar la obertura de una ópera con el protagonista caminando en un bosque, que escucharla con el telón bajo. Son dos mundos. En ese sentido, he creado el prólogo que mencioné. Las imágenes y el movimiento producen efectos psicológicos distintos y el pensamiento cinematográfico tiene más que ver con la búsqueda de dónde está el centro.

 

¿Cómo trabajás una concepción de puesta con los cantantes, su marcación y desarrollo?

La gente viene con prejuicios y con ideas de cómo han preparado la ópera en producciones anteriores. Lo principal es que se sientan seguros. Primero está la cuestión de cómo se relaciona su personaje con los demás: Rodrigo y Don Carlo plantean una relación de hermandad, pero en términos contemporáneos es una relación de amor. Sin implicancia sexual, ellos se aman. O sea que no es solamente agarrarse de los codos y cantar juntos, sino abrazarse y una serie de cosas que “tienen” que pasar. Lo que se busca es la manera de introducir la situación, incorporarla al canto y a la expansión de la escena. El concepto viene del teatro contemporáneo. Después transamos con lo musical. Tanto a cantantes como actores no les funcionan las explicaciones intelectuales. No hay que hablar de textos sino de subtextos, como herramientas para ese camino.

 

¿Qué es lo que más te gusta de la realización lírica?

El ensamblaje de todos los elementos. Cuando la música, la luz, los cantantes, el coro, la escena… todo se reúne y veo lo que había imaginado. Lo que llamamos el ballet o la coreografía de una puesta.

 

¿Qué función cumple la ópera en la actualidad?

Yo lo veo conceptualmente así: Hasta nuestros abuelos, la gente que trabajaba en lo creativo: teatro, ópera, etc. tenía la conciencia del entretenimiento. En los viejos actores eso está clarísimo: mantener la atención del espectador. Esa comprensión de que hay un elemento de entretenimiento, ha sido desvirtuado en los ‘60 cuando se dijo “nosotros hacemos lo que se nos canta y al que no le gusta, no le gusta”. El público sigue reaccionando como siempre reaccionó. Los viejos actores o una Callas sabían “llamar el aplauso”. Se puede decir la misma frase, cantar exactamente la misma nota y no llamar al aplauso. Es una energía que la persona saca de adentro como un acto de magia. Yo soy consciente de esa necesidad porque detesto que el público se aburra. Es algo de la energía, de una mística que se crea o no se crea. ¿Por qué acaso la gente siente lo que siente con Martha Argerich? Trato de no olvidarme de que al público hay que entretenerlo. Suena muy elemental, suena muy old fashion… pero en teatro, esa es una verdad básica.

 

DON CARLO

Ópera en 4 actos de Giuseppe Verdi

Teatro Colón, domingos 20 y 27 de septiembre a las 17, martes 22, miércoles 23, sábado 26 y martes 29 de septiembre a las 20.

Dirección musical: Ira Levin

Dirección de escena, diseño de escenografía y vestuario: Eugenio Zanetti

Diseño de iluminación: Eli Sirlin

Con José Bros / Enrique Folger y elenco.