Volver a las raíces de la comedia
Es la tercera vez que el director de escena brasileño André Heller-Lopes regresa a la Argentina para montar una ópera. Tras _Rigoletto_ 2012 y _Jenufa_ 2013 Buenos Aires Lírica lo convoca nuevamente ahora para abordar una ópera bufa: _Don Pasquale_ de Gaetano Donizetti. Subirá a escena el 12 de junio en el Teatro Avenida.

Formado en Estados Unidos e Inglaterra, André Heller-Lopes reconoce al director argentino Daniel Helfgot como su primer maestro: “Me invitó para ser su asistente en _Don Giovanni_ en la Ópera de San José, y después volví para _Carmen y Nozze_”, recuerda. Luego de ser aceptado en el Programa de Jóvenes de la Ópera de San Francisco se desempeñó como asistente de John Copley, con el cual trabajó en el Metropolitan de Nueva York. “Él me alentó para que intentara ir al Covent Garden”, comenta, y en el teatro londinense se convirtió en el primer director escénico en ingresar al Young Artist Programme. “Fue la generosidad de estos dos maestros esencial para mi vida y la llevo conmigo”, recapacita André. “Hay muchas malas personas en la profesión que intentan dificultarte la vida y destruir tu deseo por la ópera o por la música, pero a esos siempre los olvido”.
“En Estados Unidos aprendí el método”, prosigue, “cómo organizar una tabla de ensayos y jamás cambiarla. A Londres le debo mi estilo, mi mirada. Los casi diez años que estuve ahí definieron mi personalidad artística y soy de muchas maneras un sudamericano que hace un ‘teatro inglés’: una puesta que se preocupa por la trama, el texto y la lógica. Contar las historias es para mí esencial. En el Covent Garden estuve ‘expuesto’ a varias maneras de hacer ópera, que poco a poco cambiaron mi visión más clásica en una mirada más libre. Me gusta decir que hago ‘puestas clásicas con un _twist_’ ”.
Luego recuerda como hito en su carrera cuando el Teatro Municipal de Sao Paulo lo invitó a hacer la puesta de _Andrea Chénier_ en 2006: “Fue esa producción la que me posibilitó llegar a ser conocido en Brasil y abrió las puertas de todos los grandes teatros de mi país”. Sobre sus experiencias en Argentina cuenta: “En Buenos Aires encontré verdaderos colegas: desde muy buenos asistentes a escenógrafos y figurinistas, tan buenos que me da orgullo el haber llevado a algunos de ellos (y a varios cantantes) a trabajar conmigo en Brasil. Es muy importante establecer esas conexiones en América Latina y me encanta trabajar en BAL: _Jenufa_ fue un trabajo que me dio mucho placer y que emocionó a mucha gente. En BAL estoy ‘en casa’, entre personas que comparten la misma pasión por la ópera que yo”.

*Una de sus obras favoritas*
Para la producción de _Don Pasquale_ contará con un equipo argentino integrado por la escenógrafa Daniela Taiana, la vestuarista Sofía Di Nunzio y el iluminador Gonzalo Córdova. “Las reuniones que tuvimos fueron muy productivas”, recuerda André, “y estoy seguro de que será un mes de muchas risas. Espero llevar esta puesta y este equipo a otros lugares. Y si bien es la primera vez que hago _Don Pasquale_, es un sueño antiguo: desde que la vi por primera vez en Río de Janeiro, con puesta de Hugo de Ana, figura entre mis obras favoritas. ¡Nadie me lo cree, ya que hago mucho Wagner y Strauss o autores más complejos!”

—_¿Cuáles son las ideas que te guían en esta producción?_
—La ópera es muy fresca y llena de posibilidades para cantantes con mucha personalidad artística, y aquí tenemos un elenco con esa cualidad. Una idea básica me guía: volver esta ópera a sus raíces de _commedia dell’arte_. Para mí la misma modernidad que hay en _update_ [actualizar] un _Don Giovanni_ para nuestros días (una muy exitosa puesta de la última temporada de BAL), también la hay en _downdate_ con respecto a _Don Pasquale_. Es como si volviéramos a los arquetipos del héroe humano y de ciertos personajes.

—_¿Cómo se hacen compatibles esos arquetipos de la ópera bufa (una joven astuta, un viejo engañado, un joven pretendiente en el medio) con la comicidad y el timing propio de nuestra época?_
—El género humano es el mismo. Es importante no pensar que esas situaciones son del pasado. El mundo me parece todavía llevo de viejos que se casan con jóvenes astutas, viudas que traman situaciones para conseguir lo que quieren, jóvenes pretendientes que no hacen mucho más en la vida que esperar una herencia... Es un poco como _Le nozze di Figaro_: si actualizamos la acción quizás algo nuevo aparezca, alguna identificación nueva entre público y obra, pero si la dejamos en el siglo XVIII quizá alguien se pregunte “¡¿cómo es posible que una cosa así todavía suceda en nuestros días?!” Además _Don Pasquale_ no es una ópera de personajes inocentes: son _tutti ‘buona gente’_...

—_¿Cómo es tu aproximación al montar una ópera por primera vez, como en este caso? ¿Comenzás por el texto, la partitura o todo junto?_
—Está todo en la partitura. Si no la conozco, me siento al piano y la toco o escucho un CD, jamás videos. De ahí surge una idea… y creo mucho en esa “primera idea”: uno puede tener muchas ideas distintas sobre una obra, pero a mí me gusta invertir en la primera, la más espontánea y desde ahí desarrollarla. Por supuesto, esa “espontaneidad” es fruto del conocimiento y trayectoria que uno tiene... El texto me sirve sobre todo durante los ensayos porque, como fui cantante, también me gusta dirigir la palabra, no solo el gesto o el movimiento. Las inflexiones definen un personaje.

—_Habiendo visto tus producciones anteriores pareciera que hay un especial cuidado en el aspecto visual. ¿Qué tan importante es ese aspecto a la hora de plantear una producción? ¿Una idea visual puede ser el puntapié para generar situaciones dramáticas, o es al revés?_
—Yo creo que esas imágenes son fruto de lo que construimos los cantantes, mi equipo y yo... Muchas veces explico mis ideas dibujando, así que lo visual siempre está presente. Las luces son demasiado importantes en ese sentido: siempre “peleo” mucho por su perfección. La luz define la mirada del público, dialoga con el artista de la misma forma que el vestuario nos dice inconscientemente quiénes son estas personas. Hay detalles que nadie jamás sabrá, pero que ayudan a crear la atmósfera. En el caso de _Don Pasquale_ la escenografía de la _commedia dell’arte_ establece una concepción y un espacio escénico preciso… ¡Y rico!

—_¿Se tiene que reproducir lo que el libreto indica, o ese libreto da rienda suelta para tu creatividad? ¿Tenés algún límite para cambiar de época una pieza?_
—Yo soy “de la ópera”, así que me siento con libertad para seguir o no un libreto. El problema no es dar a la ópera una nueva “salsa”: esos son los que nunca vieron un bife en su vida, y que vienen y quieren hablar de la nueva salsa con que ahora sólo se puede comer bifes... La “salsa” es el acompañamiento del bife, y no al revés. No estoy en contra de una _Bohème_ en el siglo XX, pero me parece una estupidez si uno dice “_La chiave della stanza dove l’ho lasciata?_” y no hay ni llave ni habitación ni nada… Eso distancia a la gente de la ópera y hace que ese arte tan moderno (sí, sí, moderno y actual) sea considerado antiguo. Para nosotros es difícil imaginar que _La traviata “fin de siècle”_ de Visconti para Callas, fuese en su momento un escándalo porque cambiaba la época... No necesito vestuarios nórdicos para mi _Valquiria_, pero si no hay árbol o espada es raro. Hay que saber innovar —“_Kinder, macht Neues!_” _(¡Muchachos, haced algo nuevo!_), decía Wagner— y hay que tener mucha creatividad, quizás ilimitada… Pero ese ejercicio de imaginación, no puede ser guiado por un viaje mal orientado del ego del _régisseur_.


_Don Pasquale_

Ópera con música de Gaetano Donizetti y libreto de Felice Romani
Teatro Avenida, viernes 12, jueves 18 y sábado 20 de junio a las 20, domingo 14 de junio a las 18
Buenos Aires Lírica
www.balirica.org.ar
Dirección musical: Juan Casasbellas
Puesta en escena: André Heller-Lopes
Con Hernán Iturralde, Homero Velho, Oriana Favaro, Santiago Ballerini y Enzo Romano