"La ópera debe tocar alguna fibra que resulte cercana"
Buenos Aires Lírica ofrecerá una nueva versión de _Don Giovanni_ con puesta en escena de Marcelo Lombardero. A propósito de este nuevo desafío conversamos con el régisseur acerca de la obra y el personaje los enfoques de las épocas su enfoque particular y la relación de la ópera con el público de hoy.

Algunas de las experiencias recientes más importantes en el campo del teatro musical llevan su firma. La notable _Carmen_ presentada por Buenos Aires Lírica. _Tristán e Isolda_ y el extraordinario comienzo de _El anillo del nibelungo_, en el Argentino de La Plata. Y, desde ya, el fantástico cabaret monteverdiano de Bromas y lamentos, presentado en el bar Hasta Trilce, una sala de teatro independiente de Almagro. Algunos recordarán, también, aquella bellísima aria de Pierrot que cantó en _La ciudad muerta_ de Wolfgang Korngold, en el Colón. O, en esa misma sala, su prisionero de Dallapiccola. O el cimarrón de Hans Werner Henze, en el CETC. Director artístico del Teatro Colón y, luego, del Argentino, Marcelo Lombardero, cantante y régisseur de gran talento e inusual cultura, es, sobre todo, un animal de escenario.
Cantó, en innumerables ocasiones –“en mi otra vida”, dice–, tanto el papel de Don Giovanni como el de Leporello y el de Masetto. Y ahora, para Buenos Aires Lírica, será el director de escena de este título de Mozart que, afirma, “no es sólo una ópera”. “Pocas veces me ha tocado dirigir un título que he cantado”, cuenta a Cantabile. “Y en este caso debe tratarse del que más canté en mi vida. Es una obra con la que me siento personalmente comprometido. Y me resulta imposible hablar de mi visión de ella sin hacer un poco de historia acerca de las visiones sobre _Don Giovanni_, tanto sobre el título como sobre el personaje, que hubo a lo largo de la historia. Porque se trata de un arquetipo. Y, sobre todo, de lo que las distintas lecturas hicieron con él. El Don Giovanni que llega a nosotros es, en todo caso, el del Romanticismo. El del drama más que el de la comedia”. Lombardero piensa en el subtítulo de la ópera, en esa suerte de coartada moral enunciada por Mozart y Da Ponte al nombrar al “disoluto castigado”. Y reflexiona: “La contradicción va incluso más allá del título y tiene que ver con el género: _Don Giovanni ossia il dissoluto punito. Dramma giocoso_. Ahí empieza el malentendido. Para Mozart y Da Ponte, para su época, _dramma giocoso_ significaba ‘comedia’. No es una tragedia. Las óperas de Galuppi y de Piccinni se presentaban como _dramma giocoso_, una tradición que venía de la ópera napolitana y del teatro de Carlo Goldoni. Y está, desde ya, el antecedente más inmediato, que es el _Don Giovanni Tenorio_ de Gazzaniga con libreto de Bertati, que es claramente una comedia. Hay algo que ahora es difícil de recuperar, por ejemplo, y es que la escena de la estatua cantante provocaba, en ese entonces, una gran hilaridad. Era un gag cómico sumamente efectivo.”

Lecturas

Marcelo Lombardero dice que “_Don Giovanni_ cambia una manera de ver al mundo” y que “a partir de Goethe, a quien no le gustaba la ópera pero veía allí otra cosa, o de la lectura de Kierkegaard, el personaje adquiere una característica prometeica que nunca había tenido en su concepción original. Es ese hombre asocial, único, que va a afrontar su destino y a inmolarse en su creencia. El ideal de un romántico. Para nuestra época, se trata de un personaje heroico, o antiheroico, que es otra forma del heroísmo; se trata de un personaje que, más allá de ese lado negativo del ‘disoluto’, fascina. Con Don Giovanni, el Romanticismo construye su primer personaje arquetípico. Pero es una construcción de ese movimiento y de esa época. No de Mozart y Da Ponte. Entonces, pararse frente a esta obra es, necesariamente, tomar un partido. Cabe tanto seguir por la línea del seductor que busca trágicamente su destino como devolver la obra a la comedia que fue. Y esa es la pregunta que, de manera inevitable, me planteé cuando comencé a pensar en la obra.”
Para él existe, además, una paradoja: “Para que sea posible una visión moderna de Mozart, y, en rigor, para comprender su modernismo, es necesario ver su obra en relación con el lugar de dónde viene y no hacia dónde va. La idea de mostrarlo como precursor del Romanticismo, que fue la que primó durante el Siglo XX, curiosamente lo vuelve antiguo. Si se piensa al _Don Giovanni_ en relación con la comedia del barroco, en cambio, aparece toda su fuerza e inmensa originalidad.”

La ópera y el público

Como director de escena, Lombardero no deja de preocuparse por aquello que ha percibido como gestor cultural. O, tal vez, sea exactamente al revés. Pero el hecho es que la relación del género –y de los teatros– con el público está lejos de resultarle indiferente. Su credo podría resumirse en una frase que enuncia casi al pasar: “La única manera de seguir haciendo ópera es resignificándola. Tiene que comunicar algo que tenga significado en esta época; debe tocar alguna fibra que resulte cercana.” Lombardero cree en el poder de la ópera como género. Pero sabe que ese poder debe ser puesto en discusión cada vez. “No creo que haya una receta única –afirma–. A mí ni me sale, en todo caso, esa tendencia del teatro alemán que consiste en tomar la música y el texto y con ellos contar, directamente, otra historia. Yo necesito anclarme en la tradición, En un punto, soy un director de escena muy tradicional. He visto trabajos muy buenos en esa línea de trabajar la escena como algo prácticamente independiente pero, en mi caso, estoy todavía muy ligado a la música, no puedo ir en contra de eso. Y me parece que, en ese sentido, mi obligación como director de escena es hablarle a un público que no es el público melómano, el que ya sabe de qué se trata. Por lo tanto, no puedo partir de presupuestos. Tengo que contar la historia y tengo que hacer que esa historia sea inteligible para aquel que no la conoce.” Y la historia, para él, es un poco distinta que la que se cuenta habitualmente. “No creo que Don Giovanni sea un seductor”, dice. “No seduce a nadie. Quiere poseer a Doña Anna. Quiere violar a Zerlina. Esta es una obra de clase. De clase social. No se sabe si es un señor o un advenedizo pero él simplemente toma. Es un ejercicio de poder. Y hoy eso no es así y la historia no puede, entonces, contarse de esa manera. Entonces lo que hay que preguntarse es qué es hoy un _dissoluto punito_, un degenerado castigado. Y en qué es lo que hace que alguien con ese poder tenga esa necesidad. Creo que es un personaje moderno. Un delincuente. Y un emergente social. Alguien que consume y consume y consume. Y que desecha. Que está permanentemente insatisfecho.”

Interpretaciones, resignificaciones

En el caso de esta obra de Mozart, Lombardero cree que “las interpretaciones con las que hemos crecido, ese Mozart brahmsiano de Solti o von Karajan, denotan su época, no la de Mozart. No me interesa hacer una puesta filológica pero sí, en principio, limpiar una obra de todas las adherencias que trae. Saber, por lo pronto, que son tradiciones posteriores y que, como tales, se pueden tomar en cuenta o no pero, claramente, no son la obra”. Y encuentra una particular fuente de riqueza teatral en los recitativos. “Busco que allí el diálogo fluya, que se sienta que los personajes realmente están hablando, comunicándose cosas y, por lo tanto, comunicándolas a nosotros. En los recitativos apelamos a todos los recursos vocales, dramáticos, expresivos que sean posibles. El ritmo, en esos pasajes, los da la propia escena.” Vuelve, entonces, la palabra “resignificación”. Y la idea, firme, de que se está contando una historia y que debe hacérselo de tal manera que pueda ser comprendida en esta época y por cualquier público interesado. Cree, por otra parte, que si hay un destino para el género está ligado, sin duda, a algo que, en sus palabras, “hoy está ausente”, una “política activa de formación de nuevos públicos”. También reflexiona acerca de la cuestión de aquello que para muchos es “la verdad interpretativa” cuando, en rigor, responde a una tradición muy reciente y, nada casualmente, consolidada coincidentemente con los años de formación de sus defensores a ultranza. “Es como el fútbol”, asegura Lombardero. “Están los que añoran el fútbol de antes. Pero es un fútbol imaginario. La mayoría no lo ha visto nunca. O tiene un recuerdo embellecido por el tiempo. Un partido jugado como en esa época mistificada hoy sería insoportable. Hoy se juega al fútbol mucho mejor que antes. Y se canta mejor, también. Y las puestas en escena son mucho mejores.”

_Don Giovanni_

Ópera con música de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto de Lorenzo Da Ponte
Teatro Avenida, 22, 26, 28 y 30 de agosto a las 20, 24 de agosto a las 18
Buenos Aires Lírica
www.balirica.org.ar
Dirección musical: Pedro Pablo Prudencio
Puesta en escena: Marcelo Lombardero
Con Nahuel Di Pierro (Don Giovanni), Oriana Favaro (Donna Anna), Victoria Gaeta (Donna Elvira), Cecilia Pastawski (Zerlina), Iván García (Leporello), Santiago Bürgi (Don Ottavio), Hernán Iturralde (Comendador) y Mariano Fernández Bustinza (Masetto)