Lorenzo Da Ponte, el libretista de Mozart *
La producción de _Così fan tutte_ que ofrecerá Buenos Aires Lírica es un buen motivo para ofrecer esta semblanza sobre el autor de su texto. A modo de recorrido por su agitada vida aporta datos y ciertos aspectos personales de quien ganara la inmortalidad gracias a su colaboración con Wolfgang Amadeus Mozart. _Publicado en la Revista del Teatro Colón con el título Del gueto a Nueva York n56/57 agosto de 1999_

Los primeros años: del gueto al seminario - Venecia

A los pies de los Alpes vénetos se encontraba la localidad de Ceneda, hoy conocida como Vittorio Veneto. El 10 de marzo de 1749 Rachele Pincherle y Geremia Conegliano, quien oficiaba de curtidor en el gueto de esa comunidad, traían al mundo a su primogénito: Emanuele. Más tarde llegaron otros niños, que recibieron los nombres de Baruch y Anania. En 1754 falleció Rachele y nueve años después, Geremia abandonaba el judaísmo para convertirse a la fe católica. Esto fue necesario e incondicional porque el viudo había tomado la decisión de unirse a Orsola Pasqua Paietta, una joven cristiana. La ceremonia bautismal fue presidida por el obispo de Ceneda, llamado Lorenzo Da Ponte. Era costumbre que los conversos abandonasen sus antiguos nombres para tomar el del padrino, y fue así cómo Geremia paso a ser Gaspare Da Ponte, Anania, Luigi Da Ponte, y Baruch, Girolamo Da Ponte. El hijo mayor, Emanuele, además del apellido tomó el nombre de aquel obispo, convirtiéndose de esta manera en un nuevo Lorenzo Da Ponte.
Con fuertes inquietudes literarias, Lorenzo ingresó al seminario de Ceneda a los quince años, acompañado por su hermano Girolamo; el obispo Da Ponte, gran protector de aquella nueva familia cristiana, era el alma generosa que les costeaba los estudios. Mientras se deslumbraba con la lectura de Dante, Ariosto, Petrarca y Tasso, a quienes consideró como sus grandes maestros, el futuro literato escribía sus primeros poemas. Gracias a la formación del seminario dominaba el latín (durante un tiempo mejor que el italiano culto) y la finalidad de tal educación, era la carrera sacerdotal. Él mismo escribió en sus memorias: “Mi padre, engañándose en la elección de mi estado y dejándose aconsejar por sus circunstancias más que por los deberes paternos, pensaba destinarme al altar, aun cuando eso fuera totalmente contrario a mi vocación y a mi carácter” (Lorenzo Da Ponte, _Memorias_. Traducción castellana por Esther Benítez, _Ediciones Siruela_, Madrid 1991, pág. 21). Al morir el obispo cuatro años más tarde, los Da Ponte sufrieron un enorme revés. Lorenzo debió interrumpir sus estudios durante casi dos años, hasta que en 1770 fue acogido en un seminario de Portogruaro, donde recibió los hábitos menores. Su destreza en el manejo de la palabra le hizo ganar el puesto de profesor de retórica y llegó a obtener el nombramiento de vicerrector del seminario.
Instalado en Venecia durante el otoño de 1773 tuvo una oportunidad que para un joven de origen humilde como él podría haber resultado imposible, y fue la de frecuentar el gran mundo literario y la aristocracia. Conoció a Gasparo Gozzi y se convirtió en el amante de una dama de nombre Angiola Tiepolo. A partir de ese momento inició un largo peregrinaje por distintas ciudades, que sería una constante en su vida.

Problemas

Apenas transcurrido un año de su estadía en Venecia, Lorenzo Da Ponte se muda a Treviso, donde enseña literatura en un seminario y pasa nuevamente a ser profesor de retórica. Pero los problemas no se hacen esperar: al comparar en unos escritos el estado de naturaleza con el de civilización, desata un escándalo público y la Inquisición lo denuncia ante el Senado veneciano. De inmediato se le prohíbe ejercer la enseñanza en todo el territorio de la Serenísima República. No obstante opta por quedarse allí y se desempeña como vicario en la Parroquia de San Luca. Llega 1777 y gracias a frecuentar el ambiente literario conoce a Caterino Mazzolà y a Giacomo Casanova; Pietro Zaguri, amigo y mecenas de este último, lo toma como su secretario personal. Pero nada más reñido con la misión religiosa que su estilo de vida, al punto que la evidente relación con una mujer casada conocida como Angela Bellaudi (madre de tres hijos del poeta), le trae como consecuencia ser despedido por Zaguri y, uno o dos años más tarde, la prohibición de decir misa. Pero falta lo peor: una denuncia anónima por libertinaje, blasfemia, sacrilegio y concubinato lo obliga a marchar hacia Padua en mayo de 1779. En septiembre se expide la orden de detención pero para ese momento, Da Ponte ya había traspuesto la frontera austríaca. Y finalmente, a comienzos de 1780, se lo sentencia a quince años de destierro.
Para la memoria colectiva “Venecia” es un sinónimo de festividad y hedonismo, que inmediatamente se asocia con caballeros libertinos, cortesanas sofisticadas e intrigantes de antifaz. Pero en medio de un ámbito decadente que amaba la voluptuosidad, la temible Inquisición y el Senado aplicaban con rigidez sus tremendas leyes contra herejes y enemigos de la República; quienes no eran sentenciados a muerte veían consumir sus vidas en las estrechas y húmedas mazmorras de la prisión, construidas bajo el nivel del Adriático y privadas de luz solar. Con más fortuna, otros sufrían el destierro. En una ciudad con esas características, las denuncias, la traición, la persecución, el chantaje y las intrigas, ya sea por razones de Estado o intereses personales, eran cosa común. En aquel medio bastante corrupto, Da Ponte no fue el único en sufrir la suerte que le tocó.

Destino: Viena

En una breve estadía en Dresde durante su huida, Da Ponte se reencuentra con Mazzolà, en aquel momento poeta oficial de la corte. Es éste quien lo alienta para dedicarse al teatro pero a raíz de un malentendido, sumado a nuevos asuntos con mujeres, Da Ponte deja Sajonia y decide probar suerte en Viena.
Su llegada a la magnífica ciudad imperial se produce en 1781. Con una recomendación de Mazzolà se presenta ante el _Hofkappellmeister_ Antonio Salieri y conoce a la máxima autoridad de la dramaturgia operística, el Poeta Cesáreo Pietro Metastasio. No encuentra una ocupación que le permita subsistir y durante largo tiempo vive de la generosidad ajena, hasta que en 1783, por recomendación de Salieri, el emperador José II lo nombra Poeta de los Teatros Imperiales; contrariamente a sus ambiciones, jamás podrá ocupar el cargo que Metastasio dejó vacante tras su muerte en 1782.
No pasará demasiado tiempo para que Da Ponte se convierta en un libretista muy solicitado y componga dramas para Salieri (la primera colaboración, _Il ricco d’un giorno_, data de fines de 1784), Storace o Martini (seudónimo del valenciano Martín y Soler, compositor de la ópera _Una cosa rara ossia bellezza ed onestà_, sobre libreto de Da Ponte). El 1° de mayo de 1786 tiene lugar en el Burgtheater de Viena el estreno de la primera colaboración con Mozart: _Le nozze di Figaro_, con libreto basado en la célebre pieza de Beaumarchais. En febrero del año siguiente el compositor recibe el encargo de una ópera para Praga, con tema de libre elección: el 29 de octubre de 1787 _Il dissoluto punito ossia il Don Giovanni_ se estrena en esa capital con un enorme éxito que se incrementará con el correr de los años. En mayo de 1788 el drama se da a conocer en Viena y el nombre de Da Ponte, gracias a sus colaboraciones con Mozart, pasará a la inmortalidad.
Estos son años agitados, pues en julio de 1788 el emperador decide cerrar la ópera italiana por problemas financieros. Da Ponte, con gran responsabilidad y cierta ascendencia sobre esa actividad, reactiva su funcionamiento cinco meses más tarde por medio de un sistema de abonos. La fama del poeta está en su apogeo y las óperas con libretos suyos figuran entre las más representadas; aunque, por desgracia, no le toca una moneda por cada una de las tantas reposiciones. El 26 de enero de 1790 se estrena la tercera y última colaboración con Mozart: _Così fan tutte ossia la scuola degli amanti_. Una amante de Da Ponte, Adriana del Bene (apodada “La Ferrarese”), tiene a su cargo la parte de Fiordiligi, y su hermana, Luisa Villeneuve, asume la de Dorabella.


Traslados y dificultades

Inmediatamente después del estreno de _Così fan tutte_ muere José II. Da Ponte se encuentra desprotegido, con todo el ambiente teatral vienés en su contra a causa de las intrigas llevadas a cabo para imponer a La Ferrarese. La llegada de Leopoldo II le vale la pérdida de su puesto y por una campaña difamatoria que emprende contra el nuevo emperador, se gana el destierro. Como las autoridades de Venecia le niegan el indulto, no puede regresar a Italia. Leopoldo II le permite ir a Trieste, pero debe mantenerse lejos de Viena. El 5 de diciembre de 1791 muere Mozart. En 1792 muere Leopoldo II y el poeta pide audiencia con el nuevo sucesor, Francisco II. Aunque no lo expulsa de la ciudad, este tampoco lo recibe. Mientras tanto, al abate Casti se le otorga el cargo de Poeta Cesáreo, puesto vacante desde hacía veinte años. Da Ponte decide viajar a París y solicitar audiencia con María Antonieta, hermana de su antiguo protector, pero antes regresa a Trieste para unirse a Nancy Grahl, hija de un comerciante oriundo de Dresde y establecido por mucho tiempo en Inglaterra. Pasan por Praga y Dresde. Es cerca de Praga donde visitan a Casanova, por aquel entonces bajo la protección del Conde de Waldstein. Da Ponte le reclama unas cien guldas que éste le adeudaba, pero el Caballero de Saint Gall, quizá en peor estado de finanzas que su amigo, no puede satisfacer el pedido. Al enterarse del encarcelamiento de María Antonieta, Da Ponte resuelve no ir a París y se embarca hacia Londres. Cuando llega a esta capital, sus conocidos (entre ellos el compositor Storace) lo reciben con poco entusiasmo. Desde allí le enviará a Casanova una carta pidiendo consejo y ayuda a raíz de sus continuos problemas de dinero, y esta será la respuesta: “Podrías explotar los encantos de tu mujer para mejorar tu situación.” Muy indignado, el poeta rechazará la cínica sugerencia.
En 1793 nace su primera hija con Nancy, a la que llaman Luisa. Desesperanzado por la falta de horizontes prueba suerte en Bélgica y Holanda, con la idea jamás realizada de formar una compañía de ópera italiana. Pero su situación mejora cuando se lo nombra poeta del King’s Theatre de Haymarket, centro londinense de la ópera peninsular. Su primer trabajo es una revisión del _Don Giovanni_ Tenorio de Gazzaniga-Bertati, a la que seguirán colaboraciones con Martini, también establecido en Londres, y con otros compositores.
En 1795 decide tomar a su cargo el bar del teatro y paulatinamente pasa a ocuparse cada vez más de cuestiones que nada tienen que ver con el arte. Transcurren tres años y realiza un viaje a Italia (tras 19 de ausencia) para contratar cantantes. Al año siguiente pierde su puesto de libretista (que recuperará en 1801) y a comienzos del nuevo siglo le llega la primera de varias detenciones por insolvencia. Persistente en una dudosa vocación por el comercio, abre su primera librería en Pall Mall. Pero no todo es desalentador, ya que en 1803 inicia una exitosa colaboración con el compositor Peter von Winter, para quien al año siguiente escribirá su último libreto, _Il ratto di Proserpina_.
En 1804 Nancy emigrará con sus hijos (Luisa, Frances, Joseph y Lorenzo) al país donde reside su familia: Estados Unidos. El poeta los alcanzará al año siguiente, cuando deba abandonar Inglaterra perseguido por sus acreedores.

Destino final: el Nuevo Mundo

Cuando Lorenzo Da Ponte llega a los Estados Unidos en 1805 se encuentra con un país sin actividad operística. Por esta razón busca nuevamente sustento en el comercio y abre primero una tienda en New York, para trasladarse más tarde a Elizabethtown. Allí nace Charles, su quinto hijo con Nancy, y en 1807 regresa a New York, donde funda una academia de italiano para jóvenes de buena familia. En sus Memorias hablará de sí mismo como el introductor de la cultura italiana en los Estados Unidos, y cuatro años más tarde adoptará la ciudadanía de ese país. Para estar cerca de la familia de su esposa se asienta en un pequeño pueblo de Pennsylvania, donde abre un negocio de artículos procedentes del extranjero. Regresa a New York al cabo de ocho años, retoma la docencia y publica traducciones suyas de poesías de Byron. Entre 1823 y 1827 aparece la primera versión de sus _Memorie_, publicadas en cuatro volúmenes. En 1825 se producen dos hechos alentadores en su vida: ocupa la primera cátedra de idioma italiano en el Columbia College (¡sin sueldo!), y hacia fines de ese año brinda su apoyo para iniciar la primera temporada de ópera italiana en los Estados Unidos. En el Park Theatre de New York se ofrece _Il barbiere di Siviglia_ de Rossini, ni más ni menos que por la compañía del tenor Manuel García. Al año siguiente esta misma compañía estrenará _Don Giovanni_, con García como protagonista y su hija María como Zerlina (más tarde, ella se hará famosa como “la Malibran”).
Al iniciarse la nueva década, el retratista más célebre de New York realiza uno de los pocos retratos que conocemos de Da Ponte; se trata de Samuel Morse, también inventor y creador del código de comunicaciones que lleva su nombre. Tras la muerte de Nancy en diciembre de 1831 el poeta publica unos sonetos en su memoria, _Sonetti per la morte di Anna Celestina Ernestina Da Ponte_. Pero no pasarán demasiados meses hasta que retome sus actividades empresariales, cuando forma sociedad con un tenor boloñés llamado Jacques Montrésor. Realizan en New York una temporada de ópera italiana que incluye títulos de Rossini y Bellini, a la que sigue otra en Filadelfia. El hecho es muy importante a nivel cultural, pero desde el punto de vista económico deja pérdida. En 1833 se produce un hecho sin precedentes y Da Ponte ve realizado el sueño de abrir en New York un auténtico teatro de ópera, que se financia con un sistema de abonos: la Opera House. Se inaugura el 18 de noviembre con _La gazza ladra_ de Rossini, pero el desastre económico, que se repite en la siguiente temporada, motiva su cierre definitivo y hace que en 1836 la sala pase a ser utilizada para teatro de prosa (el National Theatre).
Tiempo después de esta gran frustración, Lorenzo Da Ponte falleció en la ciudad de New York. Fue el 17 de agosto de 1838 y tenía casi noventa años. Antes de su último suspiro, se reconcilió con la iglesia.

Mozart

Hablar sobre la relación entre Mozart y Lorenzo Da Ponte es una tarea complicada por la falta de datos, aunque las primeras referencias al respecto (unas cartas dirigidas por el músico a su padre entre mayo y julio de 1783), aportan algo de información. Mozart habla sobre un tal _abbate_ Da Ponte, que le hizo la promesa de que después de terminar un libreto para Salieri le escribirá uno a él. Con desconfianza, Mozart duda si el poeta cumplirá con su palabra y se muestra ansioso por probar aquello de lo que es capaz con una ópera italiana. Agrega que quizá emplee un libreto que llegó a sus manos, siempre y cuando Da Ponte acepte adaptarlo a su gusto (es probable que se refiriera a _Lo sposo deluso_, ópera inconclusa cuyo libreto se atribuye al poeta).
La colaboración entre ambos para _Le nozze di Figaro_ se inició en Viena en el otoño de 1785, momento en el cual, de acuerdo al minucioso estudio de Aleramo Lanapoppi (_Lorenzo Da Ponte – Arte, amori e avventure di un grande viaggiatore_; Marsilio Editori, Venezia 1997, pág. 140), ninguno de los dos gozaba de una situación de privilegio. La primera colaboración entre el libretista y Salieri, _Il ricco d’un giorno _(diciembre de 1784), había sido un fracaso, mientras que _Il burbero di buon cuore_ (con música de Martini) quedaría postergada para el año siguiente. Mozart aún no tenía un puesto fijo en la corte (lo tendrá recién en 1787 tras la muerte de Gluck, aunque sin el mismo sueldo) y ninguno de los dos disponía de una renta vitalicia ni contratos a largo plazo, como tampoco de grandes protectores. Además, como ocurría a todos aquellos que dependieron de la actividad musical, estaban sujetos a los vaivenes políticos y financieros del imperio. Al respecto de estos avatares conviene citar el parecer del mismo José II, expresado en una carta al conde Orsini Rosenberg (consejero y director de los teatros imperiales) fechada en 1783: “Si los cantantes italianos insisten en cobrar un solo ducado además de lo pactado en los contratos, deja que se marchen. Esta es la última palabra. No queremos aumentar los sueldos de gente a la cual se le paga para canturrear, especialmente en un momento en el que la situación política es incierta. Quizá nos estemos encaminando hacia un conflicto para el cual, por un mismo precio, cien granaderos serán mejor inversión que tres cómicos.”
Músico y poeta vivían en una misma ciudad sin frecuentarse, no eran amigos y posiblemente ni siquiera se estimaban. La falta de documentos (ninguna de las dos partes ha dado detalles acerca de su relación) libra estas particularidades a un terreno hipotético, mientras se especula con que uno de los factores habría sido la traba idiomática: aunque el músico tuviese buenas nociones del italiano y el poeta quizá haya aprendido algo de alemán, no habrían estado en condiciones de expresarse con soltura. En su correspondencia Da Ponte no se refiere a Mozart, y en sus _Memorie_ lo menciona recién después del estreno de _Il burbero_ (enero de 1786), con omisión de la promesa hecha en 1783. Queda abierto el interrogante acerca de la probabilidad de que Mozart haya exagerado sobre este punto. Y más que afinidades personales, lo que los empujó a iniciar su colaboración fueron las urgencias económicas. Tras la mala experiencia con Varesco (autor de los libretos de _Idomeneo re di Creta_ y de la ópera trunca _L’oca del Cairo_) en el campo de la ópera italiana, Mozart quería un poeta dúctil y capaz de adaptar su texto a las exigencias de la música; después del fracaso de _Il ricco d’un giorno_ (diciembre de 1784, música de Salieri), Da Ponte tenía la urgencia de encontrar compositores dispuestos a trabajar con él. En su escrito conocido como _An extract_ (publicado en New York en 1819), declaró que por aquel entonces no sabía a qué compositor dirigirse: Salieri era hostil, Paisiello no estaba en Viena y a Mozart no lo conocía. Es muy probable que antes de la colaboración para _Le nozze di Figaro_ no hayan tenido un contacto personal, pero en cambio, sí sabemos acerca de las exigencias de Mozart con respecto a la escritura de un libreto y de su intervención en los detalles. Sobre este punto, Lanapoppi (Op. cit., pág. 148) destaca la superioridad de los libretos escritos por Da Ponte para Mozart, con respecto a los que destinó a otros compositores, incluso posteriormente. En relación a otro proyecto operístico Mozart escribió a su padre que “las palabras sólo deben ser escritas para la música, y no colocadas aquí y allá por amor a la rima, en perjuicio de la intención del compositor” (nos referimos a _Die Entführung aus dem Serail_, 1781). Acerca de sus tratativas con Varesco para _L’oca del Cairo_, sostuvo: “Él deberá modificar y rehacer todo lo que yo quiera, cada vez que yo diga, sin hacer lo que a él le parezca” (1783). Sin lugar a dudas Da Ponte era dúctil y dominaba muy bien su oficio, pues satisfacer las grandes exigencias de Mozart no era fácil. De esto da prueba una carta enviada por Leopold Mozart a su hija, en la que dice: “(Wolfgang) nos ruega que lo disculpemos, porque debe terminar a toda costa la ópera _Le nozze di Figaro_ [...]. Obtener un libreto que responda a sus deseos, es algo que le costará muchas corridas y discusiones.” Ningún gran operista asumió jamás una actitud pasiva frente a su libretista, y la independencia y amplia libertad de criterio que acerca de su trabajo destilan las páginas de Da Ponte, son algo altamente dudoso y descartable, al menos en este caso: nada más alejado de la docilidad o la sumisión que la personalidad de Mozart.
La elección de _Le mariage de Figaro_ de Beaumarchais para su primera labor conjunta fue una empresa arriesgada. Esta obra, que manifiesta el enfrentamiento entre la burguesía y la rancia nobleza, estaba prohibida en Francia. Al llegar a Viena, José II envió a las autoridades competentes una carta en la que se leía: “Espero que el censor refute todo, o introduzca cambios tales que puedan garantizar que no hayan aspectos inconvenientes.” Luego de someter el libreto al filtro de la censura, la ópera se estrenó en el Burgtheater de Viena el 1° de mayo de 1786. Por tratarse de una nueva forma de teatro musical despertó rechazos y adhesiones, hasta que con el transcurrir de las representaciones obtuvo un verdadero éxito. En la segunda noche se repitieron cinco números y en la tercera siete. Esto causó que José II, para no alargar las funciones más allá de lo previsto, prohibiese la concesión de los bises al menos “para aquellas piezas ejecutadas por más de un cantante”.
Recordemos que en noviembre de ese año Da Ponte también conquistó el éxito con su Cosa rara, suceso que contribuyó a convertirlo en un poeta altamente solicitado. Y el gran momento llegará con el encargo de la próxima colaboración.
“Mozart y Martini dejaban la elección totalmente en mis manos. Escogí para aquél el _Don Giovanni_, tema que le agradó infinitamente, y _El árbol de Diana_ para Martini [...]” (Da Ponte, Op. cit., pág. 109). A pesar de las reservas que puedan despertar en el lector reflexivo las palabras del poeta, lo cierto es que no se sabe si la idea acerca de un melodrama sobre el famoso burlador partió de él o del compositor. Muchas eran hasta aquel momento las aproximaciones literarias y musicales sobre el mismo tema, siendo las primeras en los respectivos campos la comedia española _El burlador de Sevilla_ (atribuida a Tirso de Molina, a comienzos del siglo XVII) y la ópera _L’empio punito_ de Alessandro Melani, con libreto de Filippo Acciaiuoli, estrenada en Roma el 17 de febrero de 1669. Pero es verdad que Da Ponte, en busca de un éxito que lo ayudara a mejorar sus finanzas, se basó en un libreto escrito por Giovanni Bertati para Giuseppe Gazzaniga, llamado _Don Giovanni Tenorio ossia il convitato di pietra_. Tal decisión habría radicado en la buena repercusión de aquella ópera, estrenada exitosamente en la ciudad de Venecia en 1782. Entre la alusión y el reciclaje de lo preexistente, el poeta echó mano a su excelente oficio de adaptador y resolvió el nuevo libreto con habilidad ejemplar.
Como algunas veces se ha señalado, si se lee el libreto de Da Ponte y se prescinde de la música, es posible percibir una obra esencialmente cómica. En cuanto a la composición mozartiana es ampliamente conocido que junto a una partitura de a ratos jocosa (la escena de la boda entre Masetto y Zerlina en el primer acto), aparecen momentos de un lirismo profundo y conmovedor (el aria de Elvira del segundo acto, _Mi tradì_), algunos en los que la solemnidad contrasta con el desenfreno (la frase del Comendador en el mismo acto, que interrumpe las provocadoras palabras de Don Giovanni en el cementerio) y otros donde la música se presenta como algo infernal y de resolución trágica (la escena entre Don Giovanni y el Convidado de Piedra). Existe un fuerte contraste entre la mundanidad de Da Ponte y el difícil momento que atravesaba Mozart tras la muerte de su tremendo padre. La conciliación de estos dos opuestos dio como resultado la que muchos han considerado “la ópera de las óperas”, capaz de estremecer a los oyentes como nada hasta ese momento. _II dissoluto punito ossia il Don Giovanni_, se estrenó con gran éxito en el Teatro Nacional de Praga el 29 de octubre de 1787.
La reposición de _Le nozze di Figaro_ en el Burgtheater fue triunfal. Quizá haya sido este el motivo por el cual José II encargase a la dupla una nueva ópera para cerrar la temporada, y así llegó _Così fan tutte ossia la scuola degli amanti_, estrenada el 26 de enero de 1790. Acerca de su gestación hay menos datos que sobre las dos antecesoras: en sus _Memorie_ el poeta la menciona al pasar (en la puritana New York no habría sido conveniente explayarse sobre un libreto tan cuestionado moralmente). Hoy sabemos que el texto fue escrito en primera instancia para Salieri, quien no musicalizó más que los dos números iniciales y un recitativo entre ambos; gracias a esto, _Così fan tutte_ cayó en manos de Mozart. No se puede hablar con certeza sobre su recibimiento: a las pocas representaciones el luto por la muerte de José II causó el cierre del Burgtheater.
Debido a sus cuestionamientos a los valores burgueses, el siglo XIX abominó de _Così fan tutte_. Se rescató el valor de la música pero se condenó el texto, en el mejor de los casos visto como trivial. Por fortuna, el siglo XX hizo justicia y a partir ciertas representaciones históricas en New York (1922) y en Glyndebourne (1934, 1935), sin pasar por alto el estreno en el Teatro Colón (1934), la última colaboración entre Mozart y Da Ponte es valorada como una obra maestra.