Una grabadora en el Teatro Colón
Es una de las pocas grabadoras argentinas que trabaja con piedras litográficas y utiliza en su taller una prensa original. Expone en galerías del país y del exterior recibió numerosos premios y acaba de ser nominada al Konex. De su variada temática que ha clasificado en series esta nota destaca la que dedica al Teatro Colón.

Frecuenta nuestro primer coliseo, tal como Degas hiciera con la _Opéra_ de París. Pero no son las clases de baile ni los ensayos de ballet los temas de su predilección. A Lucrecia Orloff le interesa el concierto y todos los aspectos que involucra como acontecimiento artístico. En los pasos de su trabajo plástico se resignifican algunos verbos del terreno musical: registrar, componer… y grabar.
Desde alguno de los palcos de la sala del Colón y en plena función, reproduce las figuras de los músicos: violinistas, chelistas, pianistas, cantantes y directores de orquesta son capturados en pequeños dibujos tomados a gran velocidad. Con trazos rápidos destinados a captar un gesto o la inmediatez de un movimiento, su mano es guiada por su intuición creadora y por la música, en un prodigioso diálogo entre las artes. Con afán de cronista también dirige la mirada hacia los palcos en busca del asombro, la aprobación o el aburrimiento del público. No se le escapa el comentario, el chisme en voz baja o la indiferencia. Realiza sus bocetos en un pequeño cuaderno que algunas veces es el mismo programa de mano: allí atrapa los instantes que sus grabados harán eternos.


“La música de cámara de las artes plásticas”

Esos registros son el germen de una síntesis en la que ella revela la singularidad de una gran artista, plasmada a través de composiciones que resultan infinitamente más ricas que una crónica de lo que presenció. El próximo paso será en su taller, donde trasladará la imagen a la piedra –litografía- o a la madera –xilografía-, para finalmente imprimirla sobre papel mediante el uso de la prensa. La prensa tiene su propia historia. Según Frank van Oortmerssen, director del Nederlands Steendrukmuseum, es muy probable que haya sido construida por Krause entre 1890 y 1910, aunque no descarta otras marcas como Hogenforst o Steinmesse.
En el taller de la calle Perú, en pleno barrio de San Telmo, observamos de cerca la maravilla de este proceso. Rodeada de frascos de tinta, piedras calcáreas y esa verdadera joya que es su prensa litográfica original, Lucrecia Orloff contesta antes de que le preguntemos:

-No me dedico solo a hacer grabados sobre el Teatro Colón… Yo tenía cinco años, mi padre escuchaba música clásica mientras yo corría de un lado a otro en el living de mi casa, y eso te va quedando en el inconsciente. Mi marido era amante de la ópera y juntos escuchábamos a los grandes cantantes en discos de pasta. Tengo estanterías llenas de esos discos en el sótano… La ópera es lo que más me gusta. Pero cuando voy al Colón dibujo en los conciertos, no solo porque en la ópera apagan las luces de la sala, sino porque me interesa lo más esencial, la cantante, el instrumentista, el vestido de gala…

-Rafael Squirru comentó alguna vez que “el grabado es la música de cámara de las artes plásticas”.
-Sí, porque el grabado por lo general es más intimista. No es una gran orquesta, sino un grupo de cámara, son tres o cuatro personajes sobre el escenario. Cuando vas al Colón y hay una orquesta, el teatro está lleno; cuando viene un grupo de cámara, es un público más selecto. Y en el grabado pasa igual, eso es lo que quiso decir Rafael con su gran sutileza. En la pintura todo el mundo se atrapa por el color. Si bien es cierto que el grabado se puede hacer también con color, a mí, para mi obra, me gusta más el blanco y negro.


“El grabado explicado”

-¿Trabajás en los ensayos?
-Yo concurría con asiduidad a la ópera, y un día lo conocí a Sergio Renán quien en ese momento era director del teatro, y me permitió ir a los ensayos. Pero no resultó como yo esperaba. Porque en los ensayos la sala está vacía, hace frío, los músicos ensayan en jeans y no con smoking (cuyo negro es vital para mi obra) y hacen recreos para descansar. Se me hizo difícil y más largo dibujar… Pero principalmente es el esplendor de la función, la atmósfera única de la sala llena, los aplausos, los vestidos de gala, y todo ese sentimiento que no está presente en los ensayos, lo que me lleva a dibujar. Después de esta experiencia, tanto Renán como Basaldúa, quien lo sucedió como director, me permitieron asistir a as funciones y, a partir de ese momento me ubicaban en un palco con gente invitada; yo me sentaba atrás y con mucho sigilo comenzaba a bocetar. Tener distintas ubicaciones, me permite dibujar desde diferentes perspectivas y captar todos los rincones del teatro. Me gusta esa diversidad. A veces dibujo sobre el programa de mano y un día me animé y me llevé un cuaderno más grande. Tenés que ser muy rápida para dibujar los movimientos, algunos los dejo a medio hacer.

-¿Y después?
- Como dibujo en escala pequeña saco fotocopias, amplío y recién luego hago la composición. Todo lo dibujado se transforma en grabado: los músicos, los palcos, la gente sentada en la escalera en una función repleta… Generalmente grabo a partir de bocetos que tomé durante varias funciones. Sobre la piedra el dibujo sale al revés y no me molesta porque cuando dibujo voy compensando, no varía la composición ni los contrastes. ¡También está el accidente que a veces surge como una impronta del proceso! (muestra un grabado en el que una estola de la pianista parecería ser el brazo de quien da vuelta las hojas de la partitura).

-Las piedras son muy pesadas, trabajás con ácidos, materias grasas y tintas... Es una arte y también un oficio que demanda mucho esfuerzo…
-Son piedras calcáreas que tienen 150 millones de años, son del Jurásico Superior y se formaron en Laguna de Solnhöfen, en Baviera. Esa laguna se secó y por eso no hay más piedras en el mundo. Las que yo utilizo me las donaron, eran de la imprenta Colombatti que funcionaba donde ahora está _El Cronista Comercial_. Se dibuja con materiales grasos sobre la piedra, porque la piedra absorbe la grasitud. En el proceso siguiente borro todo con trementina, pero en la piedra ya está el dibujo. Es la memoria de la piedra. Primero se usa la tinta al agua para dibujar y luego la tinta grasa. Al terminar de dibujar se pone resina, talco y goma arábiga para proteger. Para un principiante el proceso resulta sumamente laborioso y algo complejo, pero si vos lo hacés todos los días le tomás la mano. Pero lo mejor es verlo: ¡no hay nada más aburrido que el grabado explicado!

- La excusa para esta nota fue tu serie sobre el Colón, pero hay muchas otras…
-Yo dibujo lo que tengo alrededor. Tengo una serie de subterráneos, una sobre asilos de ancianos, otra sobre cementerios. Hasta he dibujado en la playa misma. La temática es muy diversa, exploro desde desnudos en la serie erótica hasta el mundo animal con vacas y cebras. Me gusta el movimiento, y entonces hice varias series trabajando en lugares como bares de Buenos Aires –tengo una de El Federal, de la época en que mudé el taller aquí, al barrio de San Telmo-, circos y lo urbano en general, la calle misma en distintas ciudades del mundo.



Lucrecia Orloff

Grabados
www.lucreciaorloff.com.ar
Frecuenta nuestro primer coliseo, tal como Degas hiciera con la _Opéra_ de París. Pero no son las clases de baile ni los ensayos de ballet los temas de su predilección. A Lucrecia Orloff le interesa el concierto y todos los aspectos que involucra como acontecimiento artístico. En los pasos de su trabajo plástico se resignifican algunos verbos del terreno musical: registrar, componer… y grabar.
Desde alguno de los palcos de la sala del Colón y en plena función, reproduce las figuras de los músicos: violinistas, chelistas, pianistas, cantantes y directores de orquesta son capturados en pequeños dibujos tomados a gran velocidad. Con trazos rápidos destinados a captar un gesto o la inmediatez de un movimiento, su mano es guiada por su intuición creadora y por la música, en un prodigioso diálogo entre las artes. Con afán de cronista también dirige la mirada hacia los palcos en busca del asombro, la aprobación o el aburrimiento del público. No se le escapa el comentario, el chisme en voz baja o la indiferencia. Realiza sus bocetos en un pequeño cuaderno que algunas veces es el mismo programa de mano: allí atrapa los instantes que sus grabados harán eternos.

“La música de cámara de las artes plásticas”

Esos registros son el germen de una síntesis en la que ella revela la singularidad de una gran artista, plasmada a través de composiciones que resultan infinitamente más ricas que una crónica de lo que presenció. El próximo paso será en su taller, donde trasladará la imagen a la piedra –litografía- o a la madera –xilografía-, para finalmente imprimirla sobre papel mediante el uso de la prensa. La prensa tiene su propia historia. Según Frank van Oortmerssen, director del Nederlands Steendrukmuseum, es muy probable que haya sido construida por Krause entre 1890 y 1910, aunque no descarta otras marcas como Hogenforst o Steinmesse.
En el taller de la calle Perú, en pleno barrio de San Telmo, observamos de cerca la maravilla de este proceso. Rodeada de frascos de tinta, piedras calcáreas y esa verdadera joya que es su prensa litográfica original, Lucrecia Orloff contesta antes de que le preguntemos:

-No me dedico solo a hacer grabados sobre el Teatro Colón… Yo tenía cinco años, mi padre escuchaba música clásica mientras yo corría de un lado a otro en el living de mi casa, y eso te va quedando en el inconsciente. Mi marido era amante de la ópera y juntos escuchábamos a los grandes cantantes en discos de pasta. Tengo estanterías llenas de esos discos en el sótano… La ópera es lo que más me gusta. Pero cuando voy al Colón dibujo en los conciertos, no solo porque en la ópera apagan las luces de la sala, sino porque me interesa lo más esencial, la cantante, el instrumentista, el vestido de gala…

-Rafael Squirru comentó alguna vez que “el grabado es la música de cámara de las artes plásticas”.
-Sí, porque el grabado por lo general es más intimista. No es una gran orquesta, sino un grupo de cámara, son tres o cuatro personajes sobre el escenario. Cuando vas al Colón y hay una orquesta, el teatro está lleno; cuando viene un grupo de cámara, es un público más selecto. Y en el grabado pasa igual, eso es lo que quiso decir Rafael con su gran sutileza. En la pintura todo el mundo se atrapa por el color. Si bien es cierto que el grabado se puede hacer también con color, a mí, para mi obra, me gusta más el blanco y negro.

“El grabado explicado”

-¿Trabajás en los ensayos?
-Yo concurría con asiduidad a la ópera, y un día lo conocí a Sergio Renán quien en ese momento era director del teatro, y me permitió ir a los ensayos. Pero no resultó como yo esperaba. Porque en los ensayos la sala está vacía, hace frío, los músicos ensayan en jeans y no con smoking (cuyo negro es vital para mi obra) y hacen recreos para descansar. Se me hizo difícil y más largo dibujar… Pero principalmente es el esplendor de la función, la atmósfera única de la sala llena, los aplausos, los vestidos de gala, y todo ese sentimiento que no está presente en los ensayos, lo que me lleva a dibujar. Después de esta experiencia, tanto Renán como Basaldúa, quien lo sucedió como director, me permitieron asistir a as funciones y, a partir de ese momento me ubicaban en un palco con gente invitada; yo me sentaba atrás y con mucho sigilo comenzaba a bocetar. Tener distintas ubicaciones, me permite dibujar desde diferentes perspectivas y captar todos los rincones del teatro. Me gusta esa diversidad. A veces dibujo sobre el programa de mano y un día me animé y me llevé un cuaderno más grande. Tenés que ser muy rápida para dibujar los movimientos, algunos los dejo a medio hacer.

-¿Y después?
- Como dibujo en escala pequeña saco fotocopias, amplío y recién luego hago la composición. Todo lo dibujado se transforma en grabado: los músicos, los palcos, la gente sentada en la escalera en una función repleta… Generalmente grabo a partir de bocetos que tomé durante varias funciones. Sobre la piedra el dibujo sale al revés y no me molesta porque cuando dibujo voy compensando, no varía la composición ni los contrastes. ¡También está el accidente que a veces surge como una impronta del proceso! (muestra un grabado en el que una estola de la pianista parecería ser el brazo de quien da vuelta las hojas de la partitura).

-Las piedras son muy pesadas, trabajás con ácidos, materias grasas y tintas... Es una arte y también un oficio que demanda mucho esfuerzo…
-Son piedras calcáreas que tienen 150 millones de años, son del Jurásico Superior y se formaron en Laguna de Solnhöfen, en Baviera. Esa laguna se secó y por eso no hay más piedras en el mundo. Las que yo utilizo me las donaron, eran de la imprenta Colombatti que funcionaba donde ahora está _El Cronista Comercial_. Se dibuja con materiales grasos sobre la piedra, porque la piedra absorbe la grasitud. En el proceso siguiente borro todo con trementina, pero en la piedra ya está el dibujo. Es la memoria de la piedra. Primero se usa la tinta al agua para dibujar y luego la tinta grasa. Al terminar de dibujar se pone resina, talco y goma arábiga para proteger. Para un principiante el proceso resulta sumamente laborioso y algo complejo, pero si vos lo hacés todos los días le tomás la mano. Pero lo mejor es verlo: ¡no hay nada más aburrido que el grabado explicado!

- La excusa para esta nota fue tu serie sobre el Colón, pero hay muchas otras…
-Yo dibujo lo que tengo alrededor. Tengo una serie de subterráneos, una sobre asilos de ancianos, otra sobre cementerios. Hasta he dibujado en la playa misma. La temática es muy diversa, exploro desde desnudos en la serie erótica hasta el mundo animal con vacas y cebras. Me gusta el movimiento, y entonces hice varias series trabajando en lugares como bares de Buenos Aires –tengo una de El Federal, de la época en que mudé el taller aquí, al barrio de San Telmo-, circos y lo urbano en general, la calle misma en distintas ciudades del mundo.



Lucrecia Orloff

Grabados
www.lucreciaorloff.com.ar