Ópera por las ramas
Quinta entrega: _MÚSICA POESÍA ACCIÓN: ¡ÚNANSE!_

REGRESO A WAGNER

Con el ejercicio de imaginar cómo serán aquéllos que aún no conocemos, al momento de las comprobaciones nos encontramos con que nuestras conjeturas tienen muy poca o ninguna correspondencia con la realidad. El mismo tipo de ejercicio vale en relación a las personalidades del pasado que pasan por nuestro pensamiento, ejercicio influenciado por lecturas, retratos, apreciación de sus obras si es que las dejaron, datos recogidos del imaginario colectivo. No me cuesta imaginar cómo pueden haber sido Mozart, Beethoven, Schubert o Verdi. Si pudiera realizarse una imposible confrontación entre lo imaginario y la realidad, estoy seguro de que mi margen de error sería enorme, pero como en estos casos debemos conformarnos con nuestras personales e imprecisas interpretaciones, acepto la mía y me despreocupo del tema. Pero en otros casos la imaginación no fluye con facilidad y uno de éstos es el que me plantea Richard Wagner. Junto al ser humano de altos ideales y el creador genial convivían el megalómano, el egoísta que no soportaba no ser el centro de atención en una velada, el que usaba a los demás, el mal tipo. Los defectos no le impidieron la realización de una obra musical tan trascendente, que se ubica junto a lo más grande del arte universal. Aprovecho para subrayar algo que ya no debería sorprendernos: se puede ser un gran artista y una mala persona simultáneamente; misterios indescifrables de nosotros, los seres humanos. Con estos y otros datos sobre el tapete, mi imaginación se detiene y abandono el juego: no me puedo representar mentalmente a Wagner. Pero a partir de ahora trataré de hacer un esfuerzo, que al menos me sea útil para escribir estas páginas durante unos días de enero con una temperatura que supera los 40°, lo cual no sería poco.
Consideramos los datos disponibles sobre Wagner y nos encontramos con su humanidad, tan imponente y pasional como pletórica. (Sepamos, aunque creo que no hace falta remarcarlo, que tanto lo mejor como lo peor de cada cual constituyen rasgos esencialmente humanos.) Aunque nadie sea igual a nadie las comparaciones suelen ser inevitables, pero Wagner no resiste comparación. La intensidad y profundidad de su trabajo desbordaba la específica labor musical, para desarrollar un pensamiento teórico expresado en escritos que no hacen otra cosa que dar marco y fundamento a su producción como músico dramático. Su intelecto era sorprendente y frondoso, aunque hay que estar atento y no caer en exageraciones: alinear al Wagner pensador junto a otros pensadores alemanes de su siglo como Hegel, Schopenhauer o Nietzsche, no resiste: por más que la filosofía ocupe un lugar central en su obra y haya incursionado en esa disciplina que tanto lo fascinaba, no fue un filósofo. Pasó a la historia como compositor y hombre de teatro, campos en los cuales se destacó hasta llegar a las más altas dimensiones posibles. Y como poeta, sus versos sólo resisten unidos a la música que supo concebir: en una antología de la poesía romántica alemana, dudo que a alguien se le ocurra incluir versos de Wagner junto a los de Novalis, Hölderlin o Heine. Y estos aspectos no excluyen que sea cierto que señaló cosas con razón, que trascendió su propia y necesaria teoría y se puso manos a la obra sin jamás claudicar ante aquello que hace al gran artista: el trabajo.
A los que gustan de la obra musical wagneriana les recomiendo la lectura de un escrito suyo del que supongo que varios tendrán conocimiento, aunque sea de oído: _El arte del futuro_. (De reciente edición en nuestro país a cargo de Prometeo Libros, fue traducido por Jorge Goldszmidt y M. G. Burello. El prólogo es de Martín Liut.) En unas 150 páginas el autor volcó su pensamiento en torno a un tema que es el núcleo de su obra: el arte de un mañana fruto de la unión de las artes (música, poesía y acción -la llama “danza”), producto de la comunidad (pueblo) y libre de la falsedad y vicios impuestos por el mundo moderno, entendamos el mundo capitalista. De a ratos su lectura plantea contradicciones y confusión, pero ante todo proporciona ideas que nos invitarán a la reflexión y nos ayudarán a acercarnos al hombre. Y si de algo no me cabe la menor duda, es la enorme fe que Wagner tenía en el ser humano, certeza que corre en paralelo a mi imposibilidad de trazar un retrato acabado de semejante personalidad. Tanto creía en los hombres que por momentos su escrito trasluce optimismo: es que si al plantear una reforma se dejaba vencer por lo contrario, todo habría sido inútil. Los reformadores tienen la obligación de ser optimistas.
La tercera entrega de _Ópera por las Ramas_ (*Cantabile* n°60) estuvo dedicada a Wagner. Es lícito pensar que si en esta sección un tema ya fue tratado no necesariamente se deba regresar a él, pero en este caso no cuenta. Tampoco puedo aseverar que lo que hoy pasa no registre precedente entre nosotros, pero tengan por seguro que al menos por muchísimos años, por primera vez desde que tengo uso de memoria, el compositor que vuelve a ocuparnos no estuvo tan presente en nuestro medio como en los tiempos que corren: así se demuestra con el _Tristan_ del Argentino y el _Lohengrin_ del Colón ofrecidos el año pasado, y la _Tetralogía_ que en breve dará comienzo en la sala platense para finalizar en 2013 (por favor, no salgan con que dos años es demasiado para un _Anillo_, hoy día hasta el Metropolitan se toma ese tiempo para su puesta en marcha). Y claro, también se demuestra con el anuncio del _Mini Ring_ y por lo expresado, regreso a Wagner.

EL MANIFIESTO WAGNERIANO
Donde termina un cielo como los que imaginó Caspar David Friedrich comienza un océano de nubes que los mortales no podemos divisar. Entre sus ondas blancas de consistencia desconocida, se desplazan tres formas luminosas que reflexionan sobre lo que legaron a los habitantes de ese lugar del que hace tiempo (tiempo terrestre) partieron. Una de esas formas es bastante abultada, fuma un puro y lleva barba de profeta. La sigue una nube pequeña y roja, pinchuda, muy parecida a un erizo. Dice la forma: “Con mi más grande admiración por Beethoven, esperé años hasta que me decidí a escribir mi primera sinfonía. Le siguieron otras tres y lo pude lograr: compuse cuatro sinfonías grandes y bellas después de que ese maestro levantase su prodigioso monumento de sonidos”. La segunda forma, serena, con su rostro gordo enmarcado por una peluca de perfectos y redondos bucles de vapor blanco, le pregunta: “¿Y a vos quién te dijo eso?”. Señalando a la tercera, Johannes Brahms le responde: “Me lo dijo él…”. La tercera, de cabellera enmarañada como los azotes de un huracán que parece no amainar ni en las alturas, luego de palmear en el hombro a la primera dice: “Uní la poesía al arte del sonido para hacer cantar a una humanidad hermanada y universal, iluminada por los más sabios anhelos y gozosa de su felicidad”. La forma con peluca le pregunta a Ludwig van Beethoven: “¿Y quién te aseguró cosa semejante?”. “Me lo dijeron los ‘millones’, la humanidad toda…”, le responde. La segunda asiente y les dice con paz y grandeza a sus dos compañeras: “Mi música expresa lo más profundo del espíritu del hombre, en ella canta la fe de toda la cristiandad y a bordo del _Voyager_ recorre los confines del universo…”. Las otras le preguntan al unísono: “¿Y a vos quién te dijo eso?”. Les contesta: “Me lo dijo Dios…”. Inesperadamente una cuarta forma, robusta, de no demasiada estatura, con una gran nariz y una enorme cabeza coronada por una boina de terciopelo, irrumpe y se dirige así a Johann Sebastian Bach: “Yo a vos no te dije nada.”
El controvertido Wagner ha desatado devociones incondicionales y rechazos profundos desde su primera hora. Aún hoy, sigue siendo así. Hombre de sentimientos extremos y de una genialidad musical inagotable y prodigiosa, con su sentimiento de grandeza y sus profundas convicciones hizo de sí mismo una suerte de esbozo de superhombre y, con tono profético, se autoerigió como un faro que en medio de la soledad quiso iluminar el camino hacia una humanidad del futuro rescatada por el arte. Muchos en su siglo lo habrán visto como a un dios, mientras que un Offenbach, por ejemplo, no dudaba en parodiarlo con sarcasmo (escuchar _Le carnaval des revues: Symphonie de l’avenir_ - _Marche des fiancés_, por Laurent Naoury -barítono-, en _Anne Sofie von Otter sings Offenbach_, trabajo discográfico dirigido por Marc Minkowski, D. G.). El chiste relatado líneas arriba, que cuento a mi manera, tiene por objeto de burla su desmedida autoestima y es bastante conocido (probablemente le haya dado la idea a Quino para uno de sus tan difundidos chistes musicales, en el que se ve, sentados sobre una nube y con alitas, cómo Beethoven y Wagner escuchan a Bach, que con orgullo habla de las grabaciones de sus obras hechas por la Deutsche Grammophon); algunas cosas son tan serias, que pueden ser objeto de broma.
Las ideas estéticas y filosóficas wagnerianas, tras concluir _Lohengrin_ e iniciar la escritura del poema _La muerte de Siegfried_, célula primordial de la _Teatralogía_, se condensan en _El arte del futuro_. En dicho ensayo, su manifiesto artístico-filosófico, me baso para ofrecer un panorama de su pensamiento y hago hincapié en que si el hombre del siglo XIX que él conoció vivía en estado de fragmentación y alejado de sí mismo, el rescate de una integridad perdida por siglos y capaz de reconectarlo con su propia naturaleza se planteaba como muy necesario.
Lo expresado implica que en algún momento de la historia, como bien advierte el compositor, la vida fue regida por otros valores. El pensamiento occidental observó reiteradamente en la antigua Grecia un ideal humanístico y señaló la necesidad de un regreso a ella con el anhelo de recuperar las virtudes perdidas con el paso de los siglos. En sus indagaciones Wagner se remonta a una Grecia muy antigua y anterior a los tiempos del esplendor ateniense, esos tiempos conocidos por tantos gracias a sus filósofos, sus esculturas, sus construcciones, sus estadistas y su organización política, pero muy alejados de la pureza de los tiempos primigenios.
Si los helenos necesitaban representar sus recuerdos en el arte, el producto más perfecto nacido de las enseñanzas de una naturaleza que los hizo crecer sabios fue la tragedia: una verdadera celebración religiosa devenida arte en la que persistió el núcleo de la religión, que no era otra cosa que el mismo hombre, un hombre natural y no deformado. En las representaciones trágicas se colocaba en poesía el espíritu del pueblo y se celebraba colectivamente el origen común de los hombres, origen que radicaba en las fiestas religiosas. Pero la tragedia llega a su fin cuando el espíritu comunitario se rompe y se deshace el lazo entre la religión y las costumbres originarias, momento en que el espíritu egoísta triunfa sobre el espíritu de la comunidad. Y Wagner no propone otra cosa que volver al arte de la tragedia de los helenos antiguos para convertirlo en redentor de todos los hombres, con el propósito de construir lo que él llama “la obra de arte del futuro”. (Friedrich Nietzsche desarrollará estas ideas con profundidad en _El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música_ -_Die Geburt der Tragödie aus dem Geiste der Musik_, 1872-. En este, su primer escrito publicado, el entonces joven filósofo daba marco teórico al drama musical wagneriano. Luego vendrían la decepción y la ruptura con su admirado músico poeta.)
Si el hombre perdió ese espíritu colectivo que tantos siglos atrás le dio la felicidad, hay que asumir que es un hombre roto y deformado, y su imposibilidad de recuperar el estado de pureza primordial le dio lugar a Wagner para hacer su crítica del momento histórico y cultural que le tocó atravesar. Hacia 1849 tenía 36 años, tomaba parte en el motín revolucionario de Dresde y conocía a Bakunin* . Entre el fragor de las barricadas su pensamiento crítico apuntó al incipiente mundo capitalista, ese mundo imperfecto en el cual el Estado, de ser un contrato para el bienestar y la protección de todos, degeneró en un malvado medio de preservación para quienes detentan privilegios. Fue duro en sus observaciones contra un Estado individualista al que veía capaz de imponerse al hombre, al extremo de alejarlo de su propia naturaleza para manejarlo a su arbitrio luego de arrancarle la dignidad. Con fundamentos denunció y apuntó a la exigencia del lujo por el propio lujo como regidora del mundo y como aniquiladora del ser humano verdadero, alienado** y transformado en máquina. Acusó a la más inaudita y demencial de las tiranías, que es la moda, de someter por completo a la naturaleza, imponer la uniformidad que es su propia esencia y quebrantar la fuerza del hombre con el propósito de que éste encuentre placer y costumbre en la debilidad. Se muestra seguro al decir que la urgencia (_Not_) pondrá fin a este estado y que el arte redimirá a la humanidad, pero antes considera imperioso que el egoísmo, que tanto ha alejado al hombre de la naturaleza, se disuelva en el comunismo. Lectores: no se sorprendan. Wagner entiende por comunismo aquello que es capaz de hacer que los hombres, por fuerza de su ser y desde su libre e interna necesidad, se integren en la universalidad. Asegura que sólo en el comunismo se puede ser libre y sólo en la libertad se puede engendrar un arte real que esté regido por las leyes naturales y no por la moda. Aunque su crítica apunte claramente a la sociedad capitalista, además de no usar el término “alienación” tampoco emplea “capital”, “plusvalía” o “proletariado”. Podemos encontrar puntos de contacto con las ideas que a partir de Marx revolucionaron al mundo, pero en su caso transita otro camino. El comunismo a la manera de Wagner, por supuesto bajo la influencia de Bakunin y me atrevo a definir como _sui generis_, pone en el centro a seres humanos integrados y forjadores de un arte al servicio de su redención. Lejos de operar una transformación de la humanidad como hubiese deseado, sus ideas le sirvieron para dar fundamento e impulso a una extraordinaria producción musical.
Para sintetizar los anhelos wagnerianos: la obra de arte realizada por el pueblo, el legítimo artista del futuro, abarcará todos los géneros (entiéndase música, poesía y acción, a la que llama danza). La meta de esta unión será la representación incondicionada de la naturaleza humana, en pos de una humanidad del futuro en la que el hombre recupere sus virtudes perdidas, y que luego de derrotar a la alienación y al egoísmo de los que es víctima gracias a las imposiciones de la sociedad moderna, regrese a su estado natural y colectivo. Y ese pueblo de hombres nuevos y libres, redimidos por su arte comunitario, será guiado por un anhelo común que es la obtención de la felicidad.

* Mijail Bakunin (1814-1876). Revolucionario nacido en Rusia, fue filósofo y precursor del anarquismo.
** Aunque su empleo sea apropiado, aclaro que Wagner no usa la palabra “alienación”, término que inmediatamente nos remite a Karl Marx (1818-1883). Marx desarrolló la _Teoría de la alienación_ al observar que el hombre en el proceso de producción capitalista no es considerado como tal sino como “cosa” que sirve al enriquecimiento del dueño del capital. Marx y Friedrich Engels publicaron el _Manifiesto comunista_ en 1848, un año antes de que Wagner publicase _El arte del futuro_. No puedo aseverar que Wagner haya leído este escrito, pero es conocida la influencia de las ideas de Bakunin en su pensamiento.

EL PREDECESOR
Si vamos a designar como ópera a un género musical que dominó durante el siglo XVIII y parte del XIX, definido por sus recitativos (en tiempos de Verdi transformados en lo que se dio en llamar scena) y la alternancia de números musicales cerrados como arias, duetos y conjuntos, hay mucho que escaparía a esta clasificación. Así, ni las obras escénicas de Monteverdi, ni _Die Zauberflöte_, ni _Der Rosenkavalier_, ni _Pelléas et Mélisande_ son óperas. Tampoco las creaciones wagnerianas, a las que acostumbramos a llamar “dramas musicales”. Pero como los límites y encasillamientos a veces no son tan estrictos, es aceptado englobar en el universo operístico a las más diversas creaciones y si decimos “las óperas de Wagner” podemos darlo por bueno. Pero hagámonos cargo porque, a no durarlo, Wagner no estaría de acuerdo. ¿Qué opinaba acerca de la ópera? Prosigo con _El arte del futuro_.
Defensor de la unión entre música, poesía y acción, Wagner veía en la ópera una manifestación en aumento de la arrogancia de la primera de las artes mencionadas. Supo observar que el arte musical exigió tributo al arte de la poesía, que además de darle versos pasaba a asumir la obligación de poner a sus pies todo lo que le fuera posible: gracias a esta tiranía el drama se convirtió en poesía y ésta comenzó a hacer su voluntad. Dilucidado este aspecto, si se persiste en la idea de que la ópera es la reunión de tres especies artísticas afines, esa unión es sólo aparente y nos topamos con un engaño: el arte sonoro es el que manda, la acción y la poesía son sus servidoras y la ópera no constituye otra cosa que el punto de convergencia de sus tendencias egoístas con la imposición de la más fuerte: la música. No lo menciona, pero apunta a Meyerbeer, quien junto con Mendelssohn pasó a convertirse en objeto de encarnizado ensañamiento. Tampoco es difícil pensar que apuntaba a Donizetti, de quien no negaremos sobresalientes aportes pero que, a pesar de sus buenos logros, a lo largo de infinidades de sus páginas todas las partes están al servicio de una música que se manifiesta por medio del arte vocal, su razón principal de ser. Pero a medida que avanza reivindica a Gluck y a Mozart, por considerar que consumaron la redención de su arte llevándolo al grado de obra de arte comunitaria. Les reconoce que mientras que en la concepción corriente de la ópera las partes que la componen estaban al servicio de sus fines individualistas, gracias a su labor quedó demostrado que la unión total era posible. Pero a pesar de los logros, los suyos quedaron como casos aislados.
Borges decía que los escritores construyen a sus predecesores. Valga para los compositores, también para Wagner. Éste no duda, y acaso tenía razón, de que lo precedió un músico que por él mismo fue capaz de descubrir a los seres humanos del futuro y anticiparse a esa tarea que él, más que convencido, sentía que le estaba reservada. Ese creador colocó la palabra en la sinfonía, esa “palabra que proclama al hombre universal redimido, desde la plenitud del corazón universal, la que (…) puso cual corona en la cúspide de su creación sonora” (Op. cit., pág 71). Sí, no es otro que Beethoven.
Si la música se había impuesto a las demás artes, la _Novena_, que desde los elementos reunidos es capaz de cobrar la dimensión de un arte universal, representa su redención: es un Evangelio humano del arte del futuro debido a quien, desde lo más hondo de su ser, supo anhelar la comunidad artística. Este artista, Beethoven, ofrece la llave para acceder al drama universal gracias al cual la música redime a las demás artes, que por separado fueron incapaces de crear un lazo reunificante. Los versos de Schiller “¡Abrazaos, millones! ¡Este es un beso para el mundo entero!” encierran el lenguaje del arte del futuro. Después de Beethoven y con la enseñanza de su Evangelio, llega Wagner para asumir la tarea de forjar el drama universal.
Como escribió Martín Liut en el prólogo a la edición mencionada líneas arriba, _Der Ring des Nibelungen_, o sencillamente la Tetralogía, es “la puesta en obra del manifiesto estético-normativo que es _La obra de arte del futuro_” (Op. cit., pág. 12). Pero si la obra dramático-musical fue un medio con vistas a un fin planteado por su autor para la redención y transformación de la humanidad, se puede decir que la más alta aspiración de Wagner fracasó. También se sentía ante todo un dramaturgo, pero la historia lo considera ejemplar en otro aspecto. La obra musical que dejó en el camino es prodigiosa y puede sintetizarse en la palabra “maravilla”, esa misma palabra que para el escaldo imaginado por Borges en su cuento _Undr_, equivale a síntesis y perfección. Si ganó una batalla en la vida fue gracias a su propio medio: no sin resignación recordamos que una “utopía” no está en ninguna parte. En la misma medida en la que creía en la humanidad, no hizo la más mínima concesión en lo que respecta a su obra, ni siquiera cuando incluyó un ballet para el estreno parisiense de _Tannhäuser_. ¿Les sorprende que el joven rebelde del intento revolucionario de Dresde años después se haya postrado ante el rey de Baviera? ¿Están seguros si juzgan aquello como una “agachada” a modo de concesión en pos de sus intereses? No estoy de acuerdo. Resulta que Wagner era tan fascinante, que en realidad fue Ludwig II el que se postró ante él. Claro, el rey estaba loco, pero sepamos que los locos dicen la verdad y expresan sus sentimientos con sinceridad. Y en cuanto a mi intento de imaginarme a Wagner lo descarto definitivamente: es tan indescifrable y contradictorio, que no vale la pena ni tiene la importancia más mínima.

LA SORPRENDENTE CARADUREZ DEL SEÑOR TIJERAS
Todo estaba listo para que Katharina Wagner y Cord Garben hablasen ante la prensa y personalidades del ambiente sobre su proyecto rebautizado _Colón-Ring_ (yo lo seguiré llamando _Mini Ring_), pero la conferencia en el Salón Dorado del primer coliseo se frustró. Tras el comunicado de cancelación no faltaron algunos comentarios conspirativos, como que el proyecto corría el riesgo de caerse o que la producción de _Lohengrin_ ofrecida durante esos días vino tan mal que la Bisnieta, despechada porque se estaba maltratando la obra de su bisabuelo (¡?!), decidió darle la espalda a Buenos Aires (que se manque un tenor, ni más ni menos que el protagonista de la obra, es algo que puede pasar, pero dos tenores con problemas es demasiado). Pero nada de esto fue real y la dupla Katharina - Garben finalmente se apersonó en el Salón Dorado en ocasión del anuncio de la temporada 2012.
No hablaré sobre las particularidades de una conferencia de prensa en la que no estuve, de la que mucho se habló y en la que sé, de muy buena fuente, que las respuestas a las preguntas de Pablo Bardin fueron esquivadas por incómodas. Alguien como Bardin nunca va a hacer preguntas complacientes en un caso así, y la existencia de personas como él, compartamos o no en determinados casos sus puntos de vista (por ejemplo, a él lo indignan determinadas concepciones escénicas, yo las acepto; a su modo de ver, a ciertas obras habría que darles una “moratoria” para que salgan de la cartelera por muchos años, mientras que yo como parte de una organización no siempre puedo compartir su respetable y honesto punto de vista; lo lamento, pero es así), prueba que a los argentinos no se nos puede vender gato por liebre. En Buenos Aires hay tradición musical y Wagner es parte de esa tradición (¿recuerdan que por décadas existió una Asociación Wagneriana, que llegó a traer a la Filarmónica de Berlín con Abbado en su única visita a la Argentina?). Sin irnos demasiado lejos, el _Tristan_ del Argentino del año pasado fue un éxito al que se suma que la sala platense afronte una _Tetralogía_, simplemente porque le da el cuero: Marcelo Lombardero y Alejo Pérez ya han demostrado unas cuantas veces que son capaces de afrontar proyectos difíciles y creo que este es el más ambicioso, bienvenido sea. Y aquí llega el momento de señalar un malentendido, y es que un proyecto como el _Mini Ring_ está (mal) concebido para teatros a los que por sus limitados recursos no les da el cuero para montar una _Tetralogía_ en serio, en lugares donde el público no conoce un pito de Wagner y sí, tristemente puede comprar gato por liebre. Y que el _Mini Ring_ llegue a un teatro con un público wagneriano conocedor como es el de Buenos Aires, nos hace pensar en cualquier cosa acerca de los padres del engendro. Lectores, piensen ustedes lo que quieran, la puerta para las interpretaciones y polémicas siempre está abierta. Aquí sólo digo: qué dupla tan ensoberbecida, no saben a dónde vienen a meterse o, lo que es peor, no les importa. Es una lástima que para la ocasión el Colón, con sus extraordinarios recursos, haya pasado por alto la oportunidad de dar _Meistersinger_ o _Parsifal_, ausentes de la cartelera desde 1980 y 1986 respectivamente.
Para ilustrar esta entrega en la cual parece que me inclino por una musicografía a martillazos, voy a recoger algunas líneas publicadas por La Nación, medio que se ocupó ampliamente de cubrir el caso. En su reseña publicada el 10 de noviembre, Verónica Pagés reprodujo estas palabras de Cord Garben, responsable del aspecto musical del proyecto: “Lo que busqué fue quitarle los contenidos filosóficos a la obra e ir directamente a la acción sin violar su sentido”, a lo que Katharina agregó: “Aunque Cord lo haya dicho, la versión es muy valiosa y el espíritu filosófico, al igual que el musical, sigue allí”. El comentario de la _régisseuse_ no es más que un paño frío a una especie de exabrupto, pues quitarle el contenido filosófico a una obra y decir que no se viola su sentido no es más que un disparatado sofisma, o si prefieren una insolencia (además, nos guste o no, Katharina es una Wagner que antes que el _eia popeia_ habrá escuchado los golpes de los yunques de los nibelungos, así que lo menos que puede hacer es decir, aunque ella misma no se lo crea, que “el espíritu filosófico sigue allí”). Una semana más tarde, en su columna de los jueves en el mismo matutino Pola Suárez Urtubey anotó: “Aunque se confiesa ferviente defensor (?) de Wagner y de creadores como Beethoven (a quien no cortaría una sola corchea), en cambio, con un concepto sospechosamente autoritario, admite que cortaría a Bruckner y a Mahler. Con más razón a Wagner, teniendo en cuenta que _Das Rheingold_ insume 2 horas 15, sin interrupción; _Die Walküre_ 3 y media; _Siegfried_ 3 con 40, y _Götterdämmerung_ unas 4 horas.”
Hace dos entregas escribí que el _Mini Ring_ no implica una derrota cultural porque no tiene la fuerza suficiente para pulverizar definitivamente a Wagner ni para atrofiar el gusto de los wagnerianos vernáculos, no es tan poderoso. Aunque nos dé bronca no sobreestimemos su influencia, de la misma forma en la que no debemos pasar por alto que si la dupla Katharina-Garben llega a este punto es porque desde algún lado se le dio luz verde. (Con muy buenas razones, el ente cultural llamado Teatro de los Festivales de Bayreuth, que Katharina dirige sin por esto tener la libertad de hacer con dicha institución lo que se le dé la gana, aclaró no tener nada que ver con el proyecto.) Estoy convencido de que en un futuro no demasiado lejano nadie recordará al _Mini Ring_, pero hoy está, existe y se realizará entre nosotros. Ese modo que a Pola se le presenta como sospechosamente autoritario, a mí me lleva a pensar en cuán lejos puede llegar la reprobable actitud ante ciertas cosas muy serias -el arte musical en este caso, -en una era (¡¿hay que volver a decirlo?!) largamente minada por la experiencia _light_ de la vida. Encandilados por su ego superficial y sin memoria de épocas en las cuales unos cuantos temas se tomaban indefectiblemente muy en serio, algunos (para el caso Garben, bah) se sienten habilitados para decir barbaridades como que se le puede quitar el contenido filosófico a la _Tetralogía_ sin violar su sentido, o para apuntar la tijera contra las partituras de las sinfonías de algunos de sus más geniales creadores. Entiendo que la sinfonía es una de las más acabadas y perfectas expresiones de la música, mucho más que la ópera. Todo sinfonista, más aún si se impuso como tal en épocas post beethovenianas, es digno de la mayor valoración. Nunca sentí identificación con la música de Anton Bruckner, al extremo que una vez Peter Franze me dijo: “Bruckner es tan aburrido que le va a terminar gustando.” Ese momento aún no llegó, pero siempre consideré al Maestro de San Florián con sincero respeto. La obra de Mahler es otro de los grandes monumentos de la humanidad, en ella se expresa una profunda sabiduría unida a un deslumbrante esfuerzo por asir el misterio de la vida. ¿Cómo puede ser que alguien con innegables conocimientos musicales se atreva a decir que cortaría a Bruckner y a Mahler? Sí, puede atreverse a eso y a más, ya nos lo está demostrando. Tanta caradurez no deja de sorprenderme; creo que la sorpresa le gana a la indignación, todo parece un mal chiste.


PARA LA HUMANIDAD

Por los 90 se comenzó a hablar de lo _light_. Algunos utilizan el término complacientemente porque les viene bien para aplicarlo a su falta de compromiso por las cosas, a su necesidad por cosas livianas que no los amarguen ni les añadan preocupación a sus vidas. Puede aplicarse a una relación humana sin compromiso o a un material de lectura, película, etc. Su aplicación es amplia. Otros nos referimos a lo _light_ con molestia y rechazo, porque no podemos aceptar sumisamente que ciertas cosas de la vida se encaren con superficialidad, una superficialidad que no tiene ningún problema en pavonearse orgullosa por su lugar conquistado en la sociedad. Una relación del tipo que sea entre personas, un libro o una película, a algunos nos pueden resultar cosas muy serias. La _Teatralogía_ wagneriana para muchos también es un asunto muy serio. Una razón por la cual la visión _light_ de las cosas se abrió lugar entre las personas, es porque unos cuantos, en un mundo plagado de problemas graves, prefiere impregnarse de un indoloro atontamiento y evitar cualquier confrontación con la crueldad que nos rodea. En nombre del fastidio por la solemnidad se mezcla lo serio con lo ridículo. Por ejemplo: se pone en un mismo saco a un tipo que habla ampulosamente, como si perteneciese a otro siglo y que a cuello duro lanza frases latinas, y a la actitud de recogimiento a la que nos lleva presenciar la ejecución de ciertas obras musicales como la _Novena_ de Mahler, ya que estamos: “qué solemnidad che, qué serios…”. Y no tienen en cuenta que el del primer caso es simplemente un plomo, y el segundo es uno de esos momentos únicos que nos permiten disfrutar de una gran obra que ha quedado para todos los tiempos.
Señoras, señores: ni Wagner, ni Beethoven, ni Mahler, ni Bruckner tienen la obligación de brindar un instante de distracción descomprometido y liviano. Dejaron legados que son patrimonio cultural de toda la humanidad, no hace falta que ninguna organización internacional lo declare. Puede ser comprensible que algunos piensen o se atrevan a susurrar que a veces sean un poco pesados, densos, y que prefieren otras cosas porque tanta seriedad los abruma. Y sí, son clásicos, son profundos, no son ni tienen porqué ser divertidos. Si algunos, a pesar de toda la porquería circundante (el lujo por el lujo o la moda a los que se refería Wagner cuando el concepto de lo _light_ ni siquiera asomaba) tienen un chispazo de inquietud que los atrae hacia este otro universo, no tengan miedo. Dense tiempo, acérquense y prepárense para disfrutar, que las obras de los genios están disponibles para orgullo y placer de cada uno, sin exclusiones.¡Hasta la próxima!