Un balance positivo
La reapertura del Colón y el funcionamiento del Argentino de La Plata ambos abocados a su misión primordial como productores de ópera ballet y conciertos alentaron el optimismo en un año que tuvo como epicentro a Daniel Barenboim y sus dos orquestas: la del West-Eastern Divan y la de la Scala. Los privados también hicieron un aporte fundamental.

Ningún balance musical de la temporada 2010 podría obviar el acontecimiento fundamental que ha significado la reapertura del edificio del Teatro Colón. No por razones estrictamente edilicias (que por otra parte han monopolizado el debate injustificadamente), sino por la importancia que tiene en la Argentina que las instituciones productivas se sostengan en el tiempo, máxime cuando dependen del Estado. Por eso, merece celebrarse que el Colón, contra muchos pronósticos, haya vuelto a encontrarse con su función primordial: la producción de ópera, ballet y conciertos, sin renunciar ni a lo formativo ni a lo experimental.
En el campo de la ópera, los estrenos de _Violanta_ de Korngold y _Una tragedia florentina_ de Zemlinsky se sumaron a la novedad generacional que para muchos significó Kátia Kabanová de Janácek, ofrecida por última vez en 1968.
Con dificultades, el Ballet logró estrenar para la compañía del Colón Manon de MacMillan, superándose luego con el programa Balanchine/Biagi que marca una clara y deseable línea de renovación estética en la compañía.
La Filarmónica, vertebrada en 18 conciertos de abono, aportó novedades de interés: estrenos locales de Ezequiel Viñao, Unsuk Chin, Josef Suk (Sinfonía Asrael), Pancho Vladigerov, Oivier Messiaen (Concierto a cuatro), George Enescu (Sinfonía No. 2), Osvaldo Goijov (ZZ´s Dream) y los anunciados Corpus Christi de Luis Mucillo, la Cuarta Sinfonía de Ives (para el ciclo de Música Contemporánea del San Martín), el Concierto para trompeta de Berns Alois Zimmermann y Una sinfonía lírica de Mario Perusso, compositor residente del Colón que ya prepara una ópera para el año próximo.
La Orquesta Estable regresó al escenario con un ciclo propio, los artistas argentinos tienen su espacio en un ciclo gratuito los domingos a la mañana, los chicos el ciclo “Mi primer concierto” y el Centro de Experimentación apuesta a una sinestesia entre danza, música, teatro y otras artes visuales y representativas.
El Abono Bicentenario volvió a colocar al Colón como factor convocante de músicos de primera línea: baste mencionar a Yo-Yo Ma, András Schiff (imperdible) o Zubin Mehta, pero sin duda, el hito central de este abono lo constituyó la visita de Daniel Barenboim.
No es común que un artista de este calibre, con su apretada agenda, se haga cargo de un maratón de once conciertos seguidos con dos orquestas: la del West-Eastern Divan (compartida con el ciclo del Mozarteum Argentino), que concretó el ciclo integral de las nueve sinfonías de Beethoven, y dos conciertos de cámara donde se destacaron las Cinco piezas Op. 16 de Schoenberg en versión para dos pianos (junto a su mujer Elena Bashkirova y celebrando los 60 años de su debut en Buenos Aires) y el estreno de Dérive 2 de Boulez.
A renglón seguido, la orquesta y Coro de la Scala llevaron al escenario del Colón una de las más impactantes versiones de concierto de una ópera: Aida, con un cuadro vocal de primera línea, y del Requiem de Verdi, en el marco de una visita que queda justificada por el nivel artístico alcanzado y por la posibilidad de comparación y consecuente desafío que siempre implica para los organismos locales.

*Diagonales*
Por su parte, el Teatro Argentino de La Plata planteó una temporada igualmente intensa, tanto de ópera, como de ballet y conciertos, refirmando también el rumbo y misión esencial de este tipo de instituciones. Sus puntos culminantes fueron Lady Macbeth de Mtsensk de Shostakovich, el esperado estreno argentino de Ainadamar de Golijov, además de la inminente reposición de Francesca de Rimini. La ejecución de la Sinfonía de los mil, en un año muy mahleriano, como corresponde al aniversario del nacimiento del compositor, volvió a confirmar a Alejo Pérez como un director de orquesta realmente superdotado, si se tiene en cuenta su parejo rendimiento en otros repertorios, como Serse (Buenos Aires Lírica) o la anunciada Cuarta de Ives, obra que requiere batutas asistentes.
Siguiendo la recorrida por el espinel oficial, la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección de Pedro Ignacio Calderón, recuperó a través de un ciclo de conciertos gratuitos el Auditorio de Belgrano, gran noticia que permite escuchar a esta estupenda orquesta –de lo mejor de nuestro medio musical- en grandes obras de repertorio como la Sexta o la Novena de Mahler o la Séptima de Bruckner, en el marco de una buena acústica.

*Privados en punta*
El Mozarteum Argentino sigue estando a la cabeza de los organizadores de conciertos, volviendo a ofrecer una temporada internacional que, como se dijo, tuvo como epicentro a Barenboim, pero que se completó con valiosas visitas: la Filarmónica de Dresde con Frühbeck de Burgos y el chelista Johannes Moser, Sol Gabetta (también con la Filarmónica), Nelson Goerner (en impecable recital) y la anunciada visita de la Orquesta de Radio France con Myung Whun Chung en el podio y Sergio Tiempo como solista. Los Conciertos del Mediodía y la actividad en el interior han seguido acompañando la propuesta central del Mozarteum en un aporte apreciable.
Schumann, Chopin y el círculo Bach fueron el área temática en torno de la cual, con inteligencia, giró el ciclo de Festivales Musicales, cuyos hitos fueron Horacio Lavandera haciendo Chopin, La Barroca del Suquía, la chelista Natalie Clein, las Variaciones Goldberg por Zhu Xiao Mei y el extraordinario recital de Bernarda Fink, que incluyo Lieder de Robert y Clara Schumann y un ramillete de canciones argentinas. Inminentes entregas incluyen al Estudio Coral de Buenos Aires y una Pasión según San Mateo de cierre, dirigida por Mario Videla, quien a su vez siguió regando perlas de la música barroca con la Academia Bach, que va por su 28ª temporada.
Del ciclo Harmonia, por su parte, puede destacarse la orquesta de Radio de Hannover, el Trío Checo, Pinchas Zuckerman y la visita de Zubin Mehta y la Filarmónica de Munich, compartida con el Teatro Colón.
En el campo de las asociaciones privadas que organizan ópera, Buenos Aires Lírica sigue liderando el terreno, destacándose este año, de sus cinco títulos, las exhumaciones de Serse de Händel y de Belisario de Donizetti; por su parte, Juventus Lyrica abrió su temporada de cuatro con una interesante Norma de Bellini, que incluyó en el foso a la Orquesta Académica de Buenos Aires, dirigida por Carlos Calleja, que mantiene viva la planta de esa agrupación juvenil que ya no forma parte del Teatro Colón.

*Las más jóvenes*
De los variados emprendimientos privados dedicados a la organización de propuestas de música clásica, merece destacarse la labor sostenida de dos ámbitos jóvenes que han apostado a la variedad, el nivel artístico y la promoción de los valores locales: los ciclos de conciertos de la Comunidad AMIJAI, que coordina Eugenio Scavo, y el de Pilar Golf, que coordina Graciela Nobilo. El primero realizó una tarea de trascendencia al llevar a cabo el Concurso Internacional de Violín, bajo la égida artística de Shlomo Mintz; paralelamente, su ciclo incluyó a artistas como Pinchas Zuckerman y Ute Lemper y le garantizó un espacio a la mencionada Orquesta Académica. En Pilar, variedad y calidad se vienen conjugando en un ciclo que incluyó una Carmina Burana dirigida por Carlos Vieu, el Ensamble Instrumental de Buenos Aires (espléndida y variada formación que renueva el repertorio de cámara), un concierto de armónica de Franco Luciani y música barroca con la presencia de Juan Manuel Quintana, entre otros conocidos artistas como Bruno Gelber y Virginia Tola.
A la par de esta artillería que sigue nutriendo al melómano de esta región, y sin perjuicio de los aportes de las provincias, merecen asimismo mencionarse una serie de instituciones que ofrecen propuestas de nivel en sus respectivos ámbitos. Aunque sería imposible nombrarlos a todos, el aporte de la Scala de San Telmo con Lucio Bruno Videla, en dar a conocer en vivo y en CD (Tradition) la ópera Chasca con una orquesta de gran originalidad tímbrica; el ciclo del Museo Isaac Fernández Blanco, con su Capilla del Sol, que dirige Ramiro Albino; los conciertos de La Bella Música, que dirige Patricia Pouchoulu, las propuesta lírica de la Casa de la Ópera, que dirige Adelaida Negri, o de Fundamús, a cargo de Eduardo Casullo, o el Teatro Roma de Avellaneda, a la par de numerosas iniciativas, completan un panorama que deja sin respiro al oyente curioso y que le permiten alimentarse de música día a día, imponiendo a quien desea crecer en la apreciación del arte la formación de un criterio que le permita elegir y profundizar su disfrute.
Ningún balance musical de la temporada 2010 podría obviar el acontecimiento fundamental que ha significado la reapertura del edificio del Teatro Colón. No por razones estrictamente edilicias (que por otra parte han monopolizado el debate injustificadamente), sino por la importancia que tiene en la Argentina que las instituciones productivas se sostengan en el tiempo, máxime cuando dependen del Estado. Por eso, merece celebrarse que el Colón, contra muchos pronósticos, haya vuelto a encontrarse con su función primordial: la producción de ópera, ballet y conciertos, sin renunciar ni a lo formativo ni a lo experimental.
En el campo de la ópera, los estrenos de Violanta de Korngold y Una tragedia florentina de Zemlinsky se sumaron a la novedad generacional que para muchos significó Kátia Kabanová de Janácek, ofrecida por última vez en 1968.
Con dificultades, el Ballet logró estrenar para la compañía del Colón Manon de MacMillan, superándose luego con el programa Balanchine/Biagi que marca una clara y deseable línea de renovación estética en la compañía.
La Filarmónica, vertebrada en 18 conciertos de abono, aportó novedades de interés: estrenos locales de Ezequiel Viñao, Unsuk Chin, Josef Suk (Sinfonía Asrael), Pancho Vladigerov, Oivier Messiaen (Concierto a cuatro), George Enescu (Sinfonía No. 2), Osvaldo Goijov (ZZ´s Dream) y los anunciados Corpus Christi de Luis Mucillo, la Cuarta Sinfonía de Ives (para el ciclo de Música Contemporánea del San Martín), el Concierto para trompeta de Berns Alois Zimmermann y Una sinfonía lírica de Mario Perusso, compositor residente del Colón que ya prepara una ópera para el año próximo.
La Orquesta Estable regresó al escenario con un ciclo propio, los artistas argentinos tienen su espacio en un ciclo gratuito los domingos a la mañana, los chicos el ciclo “Mi primer concierto” y el Centro de Experimentación apuesta a una sinestesia entre danza, música, teatro y otras artes visuales y representativas.
El Abono Bicentenario volvió a colocar al Colón como factor convocante de músicos de primera línea: baste mencionar a Yo-Yo Ma, András Schiff (imperdible) o Zubin Mehta, pero sin duda, el hito central de este abono lo constituyó la visita de Daniel Barenboim.
No es común que un artista de este calibre, con su apretada agenda, se haga cargo de un maratón de once conciertos seguidos con dos orquestas: la del West-Eastern Divan (compartida con el ciclo del Mozarteum Argentino), que concretó el ciclo integral de las nueve sinfonías de Beethoven, y dos conciertos de cámara donde se destacaron las Cinco piezas Op. 16 de Schoenberg en versión para dos pianos (junto a su mujer Elena Bashkirova y celebrando los 60 años de su debut en Buenos Aires) y el estreno de Dérive 2 de Boulez.
A renglón seguido, la orquesta y Coro de la Scala llevaron al escenario del Colón una de las más impactantes versiones de concierto de una ópera: Aida, con un cuadro vocal de primera línea, y del Requiem de Verdi, en el marco de una visita que queda justificada por el nivel artístico alcanzado y por la posibilidad de comparación y consecuente desafío que siempre implica para los organismos locales.

*Diagonales
Por su parte, el Teatro Argentino de La Plata planteó una temporada igualmente intensa, tanto de ópera, como de ballet y conciertos, refirmando también el rumbo y misión esencial de este tipo de instituciones. Sus puntos culminantes fueron Lady Macbeth de Mtsensk de Shostakovich, el esperado estreno argentino de Ainadamar de Golijov, además de la inminente reposición de Francesca de Rimini. La ejecución de la Sinfonía de los mil, en un año muy mahleriano, como corresponde al aniversario del nacimiento del compositor, volvió a confirmar a Alejo Pérez como un director de orquesta realmente superdotado, si se tiene en cuenta su parejo rendimiento en otros repertorios, como Serse (Buenos Aires Lírica) o la anunciada Cuarta de Ives, obra que requiere batutas asistentes.
Siguiendo la recorrida por el espinel oficial, la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección de Pedro Ignacio Calderón, recuperó a través de un ciclo de conciertos gratuitos el Auditorio de Belgrano, gran noticia que permite escuchar a esta estupenda orquesta –de lo mejor de nuestro medio musical- en grandes obras de repertorio como la Sexta o la Novena de Mahler o la Séptima de Bruckner, en el marco de una buena acústica.

*Privados en punta
El Mozarteum Argentino sigue estando a la cabeza de los organizadores de conciertos, volviendo a ofrecer una temporada internacional que, como se dijo, tuvo como epicentro a Barenboim, pero que se completó con valiosas visitas: la Filarmónica de Dresde con Frühbeck de Burgos y el chelista Johannes Moser, Sol Gabetta (también con la Filarmónica), Nelson Goerner (en impecable recital) y la anunciada visita de la Orquesta de Radio France con Myung Whun Chung en el podio y Sergio Tiempo como solista. Los Conciertos del Mediodía y la actividad en el interior han seguido acompañando la propuesta central del Mozarteum en un aporte apreciable.
Schumann, Chopin y el círculo Bach fueron el área temática en torno de la cual, con inteligencia, giró el ciclo de Festivales Musicales, cuyos hitos fueron Horacio Lavandera haciendo Chopin, La Barroca del Suquía, la chelista Natalie Clein, las Variaciones Goldberg por Zhu Xiao Mei y el extraordinario recital de Bernarda Fink, que incluyo Lieder de Robert y Clara Schumann y un ramillete de canciones argentinas. Inminentes entregas incluyen al Estudio Coral de Buenos Aires y una Pasión según San Mateo de cierre, dirigida por Mario Videla, quien a su vez siguió regando perlas de la música barroca con la Academia Bach, que va por su 28ª temporada.
Del ciclo Harmonia, por su parte, puede destacarse la orquesta de Radio de Hannover, el Trío Checo, Pinchas Zuckerman y la visita de Zubin Mehta y la Filarmónica de Munich, compartida con el Teatro Colón.
En el campo de las asociaciones privadas que organizan ópera, Buenos Aires Lírica sigue liderando el terreno, destacándose este año, de sus cinco títulos, las exhumaciones de Serse de Händel y de Belisario de Donizetti; por su parte, Juventus Lyrica abrió su temporada de cuatro con una interesante Norma de Bellini, que incluyó en el foso a la Orquesta Académica de Buenos Aires, dirigida por Carlos Calleja, que mantiene viva la planta de esa agrupación juvenil que ya no forma parte del Teatro Colón.

*Las más jóvenes
De los variados emprendimientos privados dedicados a la organización de propuestas de música clásica, merece destacarse la labor sostenida de dos ámbitos jóvenes que han apostado a la variedad, el nivel artístico y la promoción de los valores locales: los ciclos de conciertos de la Comunidad AMIJAI, que coordina Eugenio Scavo, y el de Pilar Golf, que coordina Graciela Nobilo. El primero realizó una tarea de trascendencia al llevar a cabo el Concurso Internacional de Violín, bajo la égida artística de Shlomo Mintz; paralelamente, su ciclo incluyó a artistas como Pinchas Zuckerman y Ute Lemper y le garantizó un espacio a la mencionada Orquesta Académica. En Pilar, variedad y calidad se vienen conjugando en un ciclo que incluyó una Carmina Burana dirigida por Carlos Vieu, el Ensamble Instrumental de Buenos Aires (espléndida y variada formación que renueva el repertorio de cámara), un concierto de armónica de Franco Luciani y música barroca con la presencia de Juan Manuel Quintana, entre otros conocidos artistas como Bruno Gelber y Virginia Tola.
A la par de esta artillería que sigue nutriendo al melómano de esta región, y sin perjuicio de los aportes de las provincias, merecen asimismo mencionarse una serie de instituciones que ofrecen propuestas de nivel en sus respectivos ámbitos. Aunque sería imposible nombrarlos a todos, el aporte de la Scala de San Telmo con Lucio Bruno Videla, en dar a conocer en vivo y en CD (Tradition) la ópera Chasca con una orquesta de gran originalidad tímbrica; el ciclo del Museo Isaac Fernández Blanco, con su Capilla del Sol, que dirige Ramiro Albino; los conciertos de La Bella Música, que dirige Patricia Pouchoulu, las propuesta lírica de la Casa de la Ópera, que dirige Adelaida Negri, o de Fundamús, a cargo de Eduardo Casullo, o el Teatro Roma de Avellaneda, a la par de numerosas iniciativas, completan un panorama que deja sin respiro al oyente curioso y que le permiten alimentarse de música día a día, imponiendo a quien desea crecer en la apreciación del arte la formación de un criterio que le permita elegir y profundizar su disfrute.
Ningún balance musical de la temporada 2010 podría obviar el acontecimiento fundamental que ha significado la reapertura del edificio del Teatro Colón. No por razones estrictamente edilicias (que por otra parte han monopolizado el debate injustificadamente), sino por la importancia que tiene en la Argentina que las instituciones productivas se sostengan en el tiempo, máxime cuando dependen del Estado. Por eso, merece celebrarse que el Colón, contra muchos pronósticos, haya vuelto a encontrarse con su función primordial: la producción de ópera, ballet y conciertos, sin renunciar ni a lo formativo ni a lo experimental.
En el campo de la ópera, los estrenos de Violanta de Korngold y Una tragedia florentina de Zemlinsky se sumaron a la novedad generacional que para muchos significó Kátia Kabanová de Janácek, ofrecida por última vez en 1968.
Con dificultades, el Ballet logró estrenar para la compañía del Colón Manon de MacMillan, superándose luego con el programa Balanchine/Biagi que marca una clara y deseable línea de renovación estética en la compañía.
La Filarmónica, vertebrada en 18 conciertos de abono, aportó novedades de interés: estrenos locales de Ezequiel Viñao, Unsuk Chin, Josef Suk (Sinfonía Asrael), Pancho Vladigerov, Oivier Messiaen (Concierto a cuatro), George Enescu (Sinfonía No. 2), Osvaldo Goijov (ZZ´s Dream) y los anunciados Corpus Christi de Luis Mucillo, la Cuarta Sinfonía de Ives (para el ciclo de Música Contemporánea del San Martín), el Concierto para trompeta de Berns Alois Zimmermann y Una sinfonía lírica de Mario Perusso, compositor residente del Colón que ya prepara una ópera para el año próximo.
La Orquesta Estable regresó al escenario con un ciclo propio, los artistas argentinos tienen su espacio en un ciclo gratuito los domingos a la mañana, los chicos el ciclo “Mi primer concierto” y el Centro de Experimentación apuesta a una sinestesia entre danza, música, teatro y otras artes visuales y representativas.
El Abono Bicentenario volvió a colocar al Colón como factor convocante de músicos de primera línea: baste mencionar a Yo-Yo Ma, András Schiff (imperdible) o Zubin Mehta, pero sin duda, el hito central de este abono lo constituyó la visita de Daniel Barenboim.
No es común que un artista de este calibre, con su apretada agenda, se haga cargo de un maratón de once conciertos seguidos con dos orquestas: la del West-Eastern Divan (compartida con el ciclo del Mozarteum Argentino), que concretó el ciclo integral de las nueve sinfonías de Beethoven, y dos conciertos de cámara donde se destacaron las Cinco piezas Op. 16 de Schoenberg en versión para dos pianos (junto a su mujer Elena Bashkirova y celebrando los 60 años de su debut en Buenos Aires) y el estreno de Dérive 2 de Boulez.
A renglón seguido, la orquesta y Coro de la Scala llevaron al escenario del Colón una de las más impactantes versiones de concierto de una ópera: Aida, con un cuadro vocal de primera línea, y del Requiem de Verdi, en el marco de una visita que queda justificada por el nivel artístico alcanzado y por la posibilidad de comparación y consecuente desafío que siempre implica para los organismos locales.

* Diagonales
Por su parte, el Teatro Argentino de La Plata planteó una temporada igualmente intensa, tanto de ópera, como de ballet y conciertos, refirmando también el rumbo y misión esencial de este tipo de instituciones. Sus puntos culminantes fueron Lady Macbeth de Mtsensk de Shostakovich, el esperado estreno argentino de Ainadamar de Golijov, además de la inminente reposición de Francesca de Rimini. La ejecución de la Sinfonía de los mil, en un año muy mahleriano, como corresponde al aniversario del nacimiento del compositor, volvió a confirmar a Alejo Pérez como un director de orquesta realmente superdotado, si se tiene en cuenta su parejo rendimiento en otros repertorios, como Serse (Buenos Aires Lírica) o la anunciada Cuarta de Ives, obra que requiere batutas asistentes.
Siguiendo la recorrida por el espinel oficial, la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección de Pedro Ignacio Calderón, recuperó a través de un ciclo de conciertos gratuitos el Auditorio de Belgrano, gran noticia que permite escuchar a esta estupenda orquesta –de lo mejor de nuestro medio musical- en grandes obras de repertorio como la Sexta o la Novena de Mahler o la Séptima de Bruckner, en el marco de una buena acústica.

* Privados en punta
El Mozarteum Argentino sigue estando a la cabeza de los organizadores de conciertos, volviendo a ofrecer una temporada internacional que, como se dijo, tuvo como epicentro a Barenboim, pero que se completó con valiosas visitas: la Filarmónica de Dresde con Frühbeck de Burgos y el chelista Johannes Moser, Sol Gabetta (también con la Filarmónica), Nelson Goerner (en impecable recital) y la anunciada visita de la Orquesta de Radio France con Myung Whun Chung en el podio y Sergio Tiempo como solista. Los Conciertos del Mediodía y la actividad en el interior han seguido acompañando la propuesta central del Mozarteum en un aporte apreciable.
Schumann, Chopin y el círculo Bach fueron el área temática en torno de la cual, con inteligencia, giró el ciclo de Festivales Musicales, cuyos hitos fueron Horacio Lavandera haciendo Chopin, La Barroca del Suquía, la chelista Natalie Clein, las Variaciones Goldberg por Zhu Xiao Mei y el extraordinario recital de Bernarda Fink, que incluyo Lieder de Robert y Clara Schumann y un ramillete de canciones argentinas. Inminentes entregas incluyen al Estudio Coral de Buenos Aires y una Pasión según San Mateo de cierre, dirigida por Mario Videla, quien a su vez siguió regando perlas de la música barroca con la Academia Bach, que va por su 28ª temporada.
Del ciclo Harmonia, por su parte, puede destacarse la orquesta de Radio de Hannover, el Trío Checo, Pinchas Zuckerman y la visita de Zubin Mehta y la Filarmónica de Munich, compartida con el Teatro Colón.
En el campo de las asociaciones privadas que organizan ópera, Buenos Aires Lírica sigue liderando el terreno, destacándose este año, de sus cinco títulos, las exhumaciones de Serse de Händel y de Belisario de Donizetti; por su parte, Juventus Lyrica abrió su temporada de cuatro con una interesante Norma de Bellini, que incluyó en el foso a la Orquesta Académica de Buenos Aires, dirigida por Carlos Calleja, que mantiene viva la planta de esa agrupación juvenil que ya no forma parte del Teatro Colón.

* Las más jóvenes
De los variados emprendimientos privados dedicados a la organización de propuestas de música clásica, merece destacarse la labor sostenida de dos ámbitos jóvenes que han apostado a la variedad, el nivel artístico y la promoción de los valores locales: los ciclos de conciertos de la Comunidad AMIJAI, que coordina Eugenio Scavo, y el de Pilar Golf, que coordina Graciela Nobilo. El primero realizó una tarea de trascendencia al llevar a cabo el Concurso Internacional de Violín, bajo la égida artística de Shlomo Mintz; paralelamente, su ciclo incluyó a artistas como Pinchas Zuckerman y Ute Lemper y le garantizó un espacio a la mencionada Orquesta Académica. En Pilar, variedad y calidad se vienen conjugando en un ciclo que incluyó una Carmina Burana dirigida por Carlos Vieu, el Ensamble Instrumental de Buenos Aires (espléndida y variada formación que renueva el repertorio de cámara), un concierto de armónica de Franco Luciani y música barroca con la presencia de Juan Manuel Quintana, entre otros conocidos artistas como Bruno Gelber y Virginia Tola.
A la par de esta artillería que sigue nutriendo al melómano de esta región, y sin perjuicio de los aportes de las provincias, merecen asimismo mencionarse una serie de instituciones que ofrecen propuestas de nivel en sus respectivos ámbitos. Aunque sería imposible nombrarlos a todos, el aporte de la Scala de San Telmo con Lucio Bruno Videla, en dar a conocer en vivo y en CD (Tradition) la ópera Chasca con una orquesta de gran originalidad tímbrica; el ciclo del Museo Isaac Fernández Blanco, con su Capilla del Sol, que dirige Ramiro Albino; los conciertos de La Bella Música, que dirige Patricia Pouchoulu, las propuesta lírica de la Casa de la Ópera, que dirige Adelaida Negri, o de Fundamús, a cargo de Eduardo Casullo, o el Teatro Roma de Avellaneda, a la par de numerosas iniciativas, completan un panorama que deja sin respiro al oyente curioso y que le permiten alimentarse de música día a día, imponiendo a quien desea crecer en la apreciación del arte la formación de un criterio que le permita elegir y profundizar su disfrute.
Ningún balance musical de la temporada 2010 podría obviar el acontecimiento fundamental que ha significado la reapertura del edificio del Teatro Colón. No por razones estrictamente edilicias (que por otra parte han monopolizado el debate injustificadamente), sino por la importancia que tiene en la Argentina que las instituciones productivas se sostengan en el tiempo, máxime cuando dependen del Estado. Por eso, merece celebrarse que el Colón, contra muchos pronósticos, haya vuelto a encontrarse con su función primordial: la producción de ópera, ballet y conciertos, sin renunciar ni a lo formativo ni a lo experimental.
En el campo de la ópera, los estrenos de _Violanta_ de Korngold y _Una tragedia florentina_ de Zemlinsky se sumaron a la novedad generacional que para muchos significó _Kátia Kabanová_ de Janácek, ofrecida por última vez en 1968.
Con dificultades, el Ballet logró estrenar para la compañía del Colón _Manon_ de MacMillan, superándose luego con el programa Balanchine/Biagi que marca una clara y deseable línea de renovación estética en la compañía.
La Filarmónica, vertebrada en 18 conciertos de abono, aportó novedades de interés: estrenos locales de Ezequiel Viñao, Unsuk Chin, Josef Suk (_Sinfonía Asrael_), Pancho Vladigerov, Oivier Messiaen (_Concierto a cuatro_), George Enescu (_Sinfonía No. 2_), Osvaldo Goijov (_ZZ´s Dream_) y los anunciados _Corpus Christi_ de Luis Mucillo, la _Cuarta Sinfonía_ de Ives (para el ciclo de Música Contemporánea del San Martín), el _Concierto para trompeta_ de Berns Alois Zimmermann y _Una sinfonía lírica_ de Mario Perusso, compositor residente del Colón que ya prepara una ópera para el año próximo.
La Orquesta Estable regresó al escenario con un ciclo propio, los artistas argentinos tienen su espacio en un ciclo gratuito los domingos a la mañana, los chicos el ciclo “Mi primer concierto” y el Centro de Experimentación apuesta a una sinestesia entre danza, música, teatro y otras artes visuales y representativas.
El Abono Bicentenario volvió a colocar al Colón como factor convocante de músicos de primera línea: baste mencionar a Yo-Yo Ma, András Schiff (imperdible) o Zubin Mehta, pero sin duda, el hito central de este abono lo constituyó la visita de Daniel Barenboim.
No es común que un artista de este calibre, con su apretada agenda, se haga cargo de un maratón de once conciertos seguidos con dos orquestas: la del West-Eastern Divan (compartida con el ciclo del Mozarteum Argentino), que concretó el ciclo integral de las nueve sinfonías de Beethoven, y dos conciertos de cámara donde se destacaron las _Cinco piezas Op. 16_ de Schoenberg en versión para dos pianos (junto a su mujer Elena Bashkirova y celebrando los 60 años de su debut en Buenos Aires) y el estreno de _Dérive 2_ de Boulez.
A renglón seguido, la orquesta y Coro de la Scala llevaron al escenario del Colón una de las más impactantes versiones de concierto de una ópera: _Aida_, con un cuadro vocal de primera línea, y del _Requiem_ de Verdi, en el marco de una visita que queda justificada por el nivel artístico alcanzado y por la posibilidad de comparación y consecuente desafío que siempre implica para los organismos locales.

*Diagonales*
Por su parte, el Teatro Argentino de La Plata planteó una temporada igualmente intensa, tanto de ópera, como de ballet y conciertos, refirmando también el rumbo y misión esencial de este tipo de instituciones. Sus puntos culminantes fueron _Lady Macbeth de Mtsensk_ de Shostakovich, el esperado estreno argentino de _Ainadamar_ de Golijov, además de la inminente reposición de _Francesca de Rimini_. La ejecución de la _Sinfonía de los mil_, en un año muy mahleriano, como corresponde al aniversario del nacimiento del compositor, volvió a confirmar a Alejo Pérez como un director de orquesta realmente superdotado, si se tiene en cuenta su parejo rendimiento en otros repertorios, como _Serse_ (Buenos Aires Lírica) o la anunciada _Cuarta_ de Ives, obra que requiere batutas asistentes.
Siguiendo la recorrida por el espinel oficial, la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección de Pedro Ignacio Calderón, recuperó a través de un ciclo de conciertos gratuitos el Auditorio de Belgrano, gran noticia que permite escuchar a esta estupenda orquesta –de lo mejor de nuestro medio musical- en grandes obras de repertorio como la _Sexta_ o la _Novena_ de Mahler o la _Séptima_ de Bruckner, en el marco de una buena acústica.

*Privados en punta*
El Mozarteum Argentino sigue estando a la cabeza de los organizadores de conciertos, volviendo a ofrecer una temporada internacional que, como se dijo, tuvo como epicentro a Barenboim, pero que se completó con valiosas visitas: la Filarmónica de Dresde con Frühbeck de Burgos y el chelista Johannes Moser, Sol Gabetta (también con la Filarmónica), Nelson Goerner (en impecable recital) y la anunciada visita de la Orquesta de Radio France con Myung Whun Chung en el podio y Sergio Tiempo como solista. Los Conciertos del Mediodía y la actividad en el interior han seguido acompañando la propuesta central del Mozarteum en un aporte apreciable.
Schumann, Chopin y el círculo Bach fueron el área temática en torno de la cual, con inteligencia, giró el ciclo de Festivales Musicales, cuyos hitos fueron Horacio Lavandera haciendo Chopin, La Barroca del Suquía, la chelista Natalie Clein, las Variaciones Goldberg por Zhu Xiao Mei y el extraordinario recital de Bernarda Fink, que incluyo Lieder de Robert y Clara Schumann y un ramillete de canciones argentinas. Inminentes entregas incluyen al Estudio Coral de Buenos Aires y una Pasión según San Mateo de cierre, dirigida por Mario Videla, quien a su vez siguió regando perlas de la música barroca con la Academia Bach, que va por su 28ª temporada.
Del ciclo Harmonia, por su parte, puede destacarse la orquesta de Radio de Hannover, el Trío Checo, Pinchas Zuckerman y la visita de Zubin Mehta y la Filarmónica de Munich, compartida con el Teatro Colón.
En el campo de las asociaciones privadas que organizan ópera, Buenos Aires Lírica sigue liderando el terreno, destacándose este año, de sus cinco títulos, las exhumaciones de Serse de Händel y de Belisario de Donizetti; por su parte, Juventus Lyrica abrió su temporada de cuatro con una interesante Norma de Bellini, que incluyó en el foso a la Orquesta Académica de Buenos Aires, dirigida por Carlos Calleja, que mantiene viva la planta de esa agrupación juvenil que ya no forma parte del Teatro Colón.

*Las más jóvenes*
De los variados emprendimientos privados dedicados a la organización de propuestas de música clásica, merece destacarse la labor sostenida de dos ámbitos jóvenes que han apostado a la variedad, el nivel artístico y la promoción de los valores locales: los ciclos de conciertos de la Comunidad AMIJAI, que coordina Eugenio Scavo, y el de Pilar Golf, que coordina Graciela Nobilo. El primero realizó una tarea de trascendencia al llevar a cabo el Concurso Internacional de Violín, bajo la égida artística de Shlomo Mintz; paralelamente, su ciclo incluyó a artistas como Pinchas Zuckerman y Ute Lemper y le garantizó un espacio a la mencionada Orquesta Académica. En Pilar, variedad y calidad se vienen conjugando en un ciclo que incluyó una Carmina Burana dirigida por Carlos Vieu, el Ensamble Instrumental de Buenos Aires (espléndida y variada formación que renueva el repertorio de cámara), un concierto de armónica de Franco Luciani y música barroca con la presencia de Juan Manuel Quintana, entre otros conocidos artistas como Bruno Gelber y Virginia Tola.
A la par de esta artillería que sigue nutriendo al melómano de esta región, y sin perjuicio de los aportes de las provincias, merecen asimismo mencionarse una serie de instituciones que ofrecen propuestas de nivel en sus respectivos ámbitos. Aunque sería imposible nombrarlos a todos, el aporte de la Scala de San Telmo con Lucio Bruno Videla, en dar a conocer en vivo y en CD (Tradition) la ópera Chasca con una orquesta de gran originalidad tímbrica; el ciclo del Museo Isaac Fernández Blanco, con su Capilla del Sol, que dirige Ramiro Albino; los conciertos de La Bella Música, que dirige Patricia Pouchoulu, las propuesta lírica de la Casa de la Ópera, que dirige Adelaida Negri, o de Fundamús, a cargo de Eduardo Casullo, o el Teatro Roma de Avellaneda, a la par de numerosas iniciativas, completan un panorama que deja sin respiro al oyente curioso y que le permiten alimentarse de música día a día, imponiendo a quien desea crecer en la apreciación del arte la formación de un criterio que le permita elegir y profundizar su disfrute.
Ningún balance musical de la temporada 2010 podría obviar el acontecimiento fundamental que ha significado la reapertura del edificio del Teatro Colón. No por razones estrictamente edilicias (que por otra parte han monopolizado el debate injustificadamente), sino por la importancia que tiene en la Argentina que las instituciones productivas se sostengan en el tiempo, máxime cuando dependen del Estado. Por eso, merece celebrarse que el Colón, contra muchos pronósticos, haya vuelto a encontrarse con su función primordial: la producción de ópera, ballet y conciertos, sin renunciar ni a lo formativo ni a lo experimental.
En el campo de la ópera, los estrenos de Violanta de Korngold y Una tragedia florentina de Zemlinsky se sumaron a la novedad generacional que para muchos significó Kátia Kabanová de Janácek, ofrecida por última vez en 1968.
Con dificultades, el Ballet logró estrenar para la compañía del Colón Manon de MacMillan, superándose luego con el programa Balanchine/Biagi que marca una clara y deseable línea de renovación estética en la compañía.
La Filarmónica, vertebrada en 18 conciertos de abono, aportó novedades de interés: estrenos locales de Ezequiel Viñao, Unsuk Chin, Josef Suk (Sinfonía Asrael), Pancho Vladigerov, Oivier Messiaen (Concierto a cuatro), George Enescu (Sinfonía No. 2), Osvaldo Goijov (ZZ´s Dream) y los anunciados Corpus Christi de Luis Mucillo, la Cuarta Sinfonía de Ives (para el ciclo de Música Contemporánea del San Martín), el Concierto para trompeta de Berns Alois Zimmermann y Una sinfonía lírica de Mario Perusso, compositor residente del Colón que ya prepara una ópera para el año próximo.
La Orquesta Estable regresó al escenario con un ciclo propio, los artistas argentinos tienen su espacio en un ciclo gratuito los domingos a la mañana, los chicos el ciclo “Mi primer concierto” y el Centro de Experimentación apuesta a una sinestesia entre danza, música, teatro y otras artes visuales y representativas.
El Abono Bicentenario volvió a colocar al Colón como factor convocante de músicos de primera línea: baste mencionar a Yo-Yo Ma, András Schiff (imperdible) o Zubin Mehta, pero sin duda, el hito central de este abono lo constituyó la visita de Daniel Barenboim.
No es común que un artista de este calibre, con su apretada agenda, se haga cargo de un maratón de once conciertos seguidos con dos orquestas: la del West-Eastern Divan (compartida con el ciclo del Mozarteum Argentino), que concretó el ciclo integral de las nueve sinfonías de Beethoven, y dos conciertos de cámara donde se destacaron las Cinco piezas Op. 16 de Schoenberg en versión para dos pianos (junto a su mujer Elena Bashkirova y celebrando los 60 años de su debut en Buenos Aires) y el estreno de Dérive 2 de Boulez.
A renglón seguido, la orquesta y Coro de la Scala llevaron al escenario del Colón una de las más impactantes versiones de concierto de una ópera: Aida, con un cuadro vocal de primera línea, y del Requiem de Verdi, en el marco de una visita que queda justificada por el nivel artístico alcanzado y por la posibilidad de comparación y consecuente desafío que siempre implica para los organismos locales.

*Diagonales*
Por su parte, el Teatro Argentino de La Plata planteó una temporada igualmente intensa, tanto de ópera, como de ballet y conciertos, refirmando también el rumbo y misión esencial de este tipo de instituciones. Sus puntos culminantes fueron Lady Macbeth de Mtsensk de Shostakovich, el esperado estreno argentino de Ainadamar de Golijov, además de la inminente reposición de Francesca de Rimini. La ejecución de la Sinfonía de los mil, en un año muy mahleriano, como corresponde al aniversario del nacimiento del compositor, volvió a confirmar a Alejo Pérez como un director de orquesta realmente superdotado, si se tiene en cuenta su parejo rendimiento en otros repertorios, como Serse (Buenos Aires Lírica) o la anunciada Cuarta de Ives, obra que requiere batutas asistentes.
Siguiendo la recorrida por el espinel oficial, la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección de Pedro Ignacio Calderón, recuperó a través de un ciclo de conciertos gratuitos el Auditorio de Belgrano, gran noticia que permite escuchar a esta estupenda orquesta –de lo mejor de nuestro medio musical- en grandes obras de repertorio como la Sexta o la Novena de Mahler o la Séptima de Bruckner, en el marco de una buena acústica.

*Privados en punta*
El Mozarteum Argentino sigue estando a la cabeza de los organizadores de conciertos, volviendo a ofrecer una temporada internacional que, como se dijo, tuvo como epicentro a Barenboim, pero que se completó con valiosas visitas: la Filarmónica de Dresde con Frühbeck de Burgos y el chelista Johannes Moser, Sol Gabetta (también con la Filarmónica), Nelson Goerner (en impecable recital) y la anunciada visita de la Orquesta de Radio France con Myung Whun Chung en el podio y Sergio Tiempo como solista. Los Conciertos del Mediodía y la actividad en el interior han seguido acompañando la propuesta central del Mozarteum en un aporte apreciable.
Schumann, Chopin y el círculo Bach fueron el área temática en torno de la cual, con inteligencia, giró el ciclo de Festivales Musicales, cuyos hitos fueron Horacio Lavandera haciendo Chopin, La Barroca del Suquía, la chelista Natalie Clein, las Variaciones Goldberg por Zhu Xiao Mei y el extraordinario recital de Bernarda Fink, que incluyo Lieder de Robert y Clara Schumann y un ramillete de canciones argentinas. Inminentes entregas incluyen al Estudio Coral de Buenos Aires y una Pasión según San Mateo de cierre, dirigida por Mario Videla, quien a su vez siguió regando perlas de la música barroca con la Academia Bach, que va por su 28ª temporada.
Del ciclo Harmonia, por su parte, puede destacarse la orquesta de Radio de Hannover, el Trío Checo, Pinchas Zuckerman y la visita de Zubin Mehta y la Filarmónica de Munich, compartida con el Teatro Colón.
En el campo de las asociaciones privadas que organizan ópera, Buenos Aires Lírica sigue liderando el terreno, destacándose este año, de sus cinco títulos, las exhumaciones de Serse de Händel y de Belisario de Donizetti; por su parte, Juventus Lyrica abrió su temporada de cuatro con una interesante Norma de Bellini, que incluyó en el foso a la Orquesta Académica de Buenos Aires, dirigida por Carlos Calleja, que mantiene viva la planta de esa agrupación juvenil que ya no forma parte del Teatro Colón.

*Las más jóvenes*
De los variados emprendimientos privados dedicados a la organización de propuestas de música clásica, merece destacarse la labor sostenida de dos ámbitos jóvenes que han apostado a la variedad, el nivel artístico y la promoción de los valores locales: los ciclos de conciertos de la Comunidad AMIJAI, que coordina Eugenio Scavo, y el de Pilar Golf, que coordina Graciela Nobilo. El primero realizó una tarea de trascendencia al llevar a cabo el Concurso Internacional de Violín, bajo la égida artística de Shlomo Mintz; paralelamente, su ciclo incluyó a artistas como Pinchas Zuckerman y Ute Lemper y le garantizó un espacio a la mencionada Orquesta Académica. En Pilar, variedad y calidad se vienen conjugando en un ciclo que incluyó una Carmina Burana dirigida por Carlos Vieu, el Ensamble Instrumental de Buenos Aires (espléndida y variada formación que renueva el repertorio de cámara), un concierto de armónica de Franco Luciani y música barroca con la presencia de Juan Manuel Quintana, entre otros conocidos artistas como Bruno Gelber y Virginia Tola.
A la par de esta artillería que sigue nutriendo al melómano de esta región, y sin perjuicio de los aportes de las provincias, merecen asimismo mencionarse una serie de instituciones que ofrecen propuestas de nivel en sus respectivos ámbitos. Aunque sería imposible nombrarlos a todos, el aporte de la Scala de San Telmo con Lucio Bruno Videla, en dar a conocer en vivo y en CD (Tradition) la ópera Chasca con una orquesta de gran originalidad tímbrica; el ciclo del Museo Isaac Fernández Blanco, con su Capilla del Sol, que dirige Ramiro Albino; los conciertos de La Bella Música, que dirige Patricia Pouchoulu, las propuesta lírica de la Casa de la Ópera, que dirige Adelaida Negri, o de Fundamús, a cargo de Eduardo Casullo, o el Teatro Roma de Avellaneda, a la par de numerosas iniciativas, completan un panorama que deja sin respiro al oyente curioso y que le permiten alimentarse de música día a día, imponiendo a quien desea crecer en la apreciación del arte la formación de un criterio que le permita elegir y profundizar su disfrute.
Ningún balance musical de la temporada 2010 podría obviar el acontecimiento fundamental que ha significado la reapertura del edificio del Teatro Colón. No por razones estrictamente edilicias (que por otra parte han monopolizado el debate injustificadamente), sino por la importancia que tiene en la Argentina que las instituciones productivas se sostengan en el tiempo, máxime cuando dependen del Estado. Por eso, merece celebrarse que el Colón, contra muchos pronósticos, haya vuelto a encontrarse con su función primordial: la producción de ópera, ballet y conciertos, sin renunciar ni a lo formativo ni a lo experimental.
En el campo de la ópera, los estrenos de Violanta de Korngold y Una tragedia florentina de Zemlinsky se sumaron a la novedad generacional que para muchos significó Kátia Kabanová de Janácek, ofrecida por última vez en 1968.
Con dificultades, el Ballet logró estrenar para la compañía del Colón Manon de MacMillan, superándose luego con el programa Balanchine/Biagi que marca una clara y deseable línea de renovación estética en la compañía.
La Filarmónica, vertebrada en 18 conciertos de abono, aportó novedades de interés: estrenos locales de Ezequiel Viñao, Unsuk Chin, Josef Suk (Sinfonía Asrael), Pancho Vladigerov, Oivier Messiaen (Concierto a cuatro), George Enescu (Sinfonía No. 2), Osvaldo Goijov (ZZ´s Dream) y los anunciados Corpus Christi de Luis Mucillo, la Cuarta Sinfonía de Ives (para el ciclo de Música Contemporánea del San Martín), el Concierto para trompeta de Berns Alois Zimmermann y Una sinfonía lírica de Mario Perusso, compositor residente del Colón que ya prepara una ópera para el año próximo.
La Orquesta Estable regresó al escenario con un ciclo propio, los artistas argentinos tienen su espacio en un ciclo gratuito los domingos a la mañana, los chicos el ciclo “Mi primer concierto” y el Centro de Experimentación apuesta a una sinestesia entre danza, música, teatro y otras artes visuales y representativas.
El Abono Bicentenario volvió a colocar al Colón como factor convocante de músicos de primera línea: baste mencionar a Yo-Yo Ma, András Schiff (imperdible) o Zubin Mehta, pero sin duda, el hito central de este abono lo constituyó la visita de Daniel Barenboim.
No es común que un artista de este calibre, con su apretada agenda, se haga cargo de un maratón de once conciertos seguidos con dos orquestas: la del West-Eastern Divan (compartida con el ciclo del Mozarteum Argentino), que concretó el ciclo integral de las nueve sinfonías de Beethoven, y dos conciertos de cámara donde se destacaron las Cinco piezas Op. 16 de Schoenberg en versión para dos pianos (junto a su mujer Elena Bashkirova y celebrando los 60 años de su debut en Buenos Aires) y el estreno de Dérive 2 de Boulez.
A renglón seguido, la orquesta y Coro de la Scala llevaron al escenario del Colón una de las más impactantes versiones de concierto de una ópera: Aida, con un cuadro vocal de primera línea, y del Requiem de Verdi, en el marco de una visita que queda justificada por el nivel artístico alcanzado y por la posibilidad de comparación y consecuente desafío que siempre implica para los organismos locales.

Diagonales
Por su parte, el Teatro Argentino de La Plata planteó una temporada igualmente intensa, tanto de ópera, como de ballet y conciertos, refirmando también el rumbo y misión esencial de este tipo de instituciones. Sus puntos culminantes fueron Lady Macbeth de Mtsensk de Shostakovich, el esperado estreno argentino de Ainadamar de Golijov, además de la inminente reposición de Francesca de Rimini. La ejecución de la Sinfonía de los mil, en un año muy mahleriano, como corresponde al aniversario del nacimiento del compositor, volvió a confirmar a Alejo Pérez como un director de orquesta realmente superdotado, si se tiene en cuenta su parejo rendimiento en otros repertorios, como Serse (Buenos Aires Lírica) o la anunciada Cuarta de Ives, obra que requiere batutas asistentes.
Siguiendo la recorrida por el espinel oficial, la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección de Pedro Ignacio Calderón, recuperó a través de un ciclo de conciertos gratuitos el Auditorio de Belgrano, gran noticia que permite escuchar a esta estupenda orquesta –de lo mejor de nuestro medio musical- en grandes obras de repertorio como la Sexta o la Novena de Mahler o la Séptima de Bruckner, en el marco de una buena acústica.

Privados en punta
El Mozarteum Argentino sigue estando a la cabeza de los organizadores de conciertos, volviendo a ofrecer una temporada internacional que, como se dijo, tuvo como epicentro a Barenboim, pero que se completó con valiosas visitas: la Filarmónica de Dresde con Frühbeck de Burgos y el chelista Johannes Moser, Sol Gabetta (también con la Filarmónica), Nelson Goerner (en impecable recital) y la anunciada visita de la Orquesta de Radio France con Myung Whun Chung en el podio y Sergio Tiempo como solista. Los Conciertos del Mediodía y la actividad en el interior han seguido acompañando la propuesta central del Mozarteum en un aporte apreciable.
Schumann, Chopin y el círculo Bach fueron el área temática en torno de la cual, con inteligencia, giró el ciclo de Festivales Musicales, cuyos hitos fueron Horacio Lavandera haciendo Chopin, La Barroca del Suquía, la chelista Natalie Clein, las Variaciones Goldberg por Zhu Xiao Mei y el extraordinario recital de Bernarda Fink, que incluyo Lieder de Robert y Clara Schumann y un ramillete de canciones argentinas. Inminentes entregas incluyen al Estudio Coral de Buenos Aires y una Pasión según San Mateo de cierre, dirigida por Mario Videla, quien a su vez siguió regando perlas de la música barroca con la Academia Bach, que va por su 28ª temporada.
Del ciclo Harmonia, por su parte, puede destacarse la orquesta de Radio de Hannover, el Trío Checo, Pinchas Zuckerman y la visita de Zubin Mehta y la Filarmónica de Munich, compartida con el Teatro Colón.
En el campo de las asociaciones privadas que organizan ópera, Buenos Aires Lírica sigue liderando el terreno, destacándose este año, de sus cinco títulos, las exhumaciones de Serse de Händel y de Belisario de Donizetti; por su parte, Juventus Lyrica abrió su temporada de cuatro con una interesante Norma de Bellini, que incluyó en el foso a la Orquesta Académica de Buenos Aires, dirigida por Carlos Calleja, que mantiene viva la planta de esa agrupación juvenil que ya no forma parte del Teatro Colón.

Las más jóvenes
De los variados emprendimientos privados dedicados a la organización de propuestas de música clásica, merece destacarse la labor sostenida de dos ámbitos jóvenes que han apostado a la variedad, el nivel artístico y la promoción de los valores locales: los ciclos de conciertos de la Comunidad AMIJAI, que coordina Eugenio Scavo, y el de Pilar Golf, que coordina Graciela Nobilo. El primero realizó una tarea de trascendencia al llevar a cabo el Concurso Internacional de Violín, bajo la égida artística de Shlomo Mintz; paralelamente, su ciclo incluyó a artistas como Pinchas Zuckerman y Ute Lemper y le garantizó un espacio a la mencionada Orquesta Académica. En Pilar, variedad y calidad se vienen conjugando en un ciclo que incluyó una Carmina Burana dirigida por Carlos Vieu, el Ensamble Instrumental de Buenos Aires (espléndida y variada formación que renueva el repertorio de cámara), un concierto de armónica de Franco Luciani y música barroca con la presencia de Juan Manuel Quintana, entre otros conocidos artistas como Bruno Gelber y Virginia Tola.
A la par de esta artillería que sigue nutriendo al melómano de esta región, y sin perjuicio de los aportes de las provincias, merecen asimismo mencionarse una serie de instituciones que ofrecen propuestas de nivel en sus respectivos ámbitos. Aunque sería imposible nombrarlos a todos, el aporte de la Scala de San Telmo con Lucio Bruno Videla, en dar a conocer en vivo y en CD (Tradition) la ópera Chasca con una orquesta de gran originalidad tímbrica; el ciclo del Museo Isaac Fernández Blanco, con su Capilla del Sol, que dirige Ramiro Albino; los conciertos de La Bella Música, que dirige Patricia Pouchoulu, las propuesta lírica de la Casa de la Ópera, que dirige Adelaida Negri, o de Fundamús, a cargo de Eduardo Casullo, o el Teatro Roma de Avellaneda, a la par de numerosas iniciativas, completan un panorama que deja sin respiro al oyente curioso y que le permiten alimentarse de música día a día, imponiendo a quien desea crecer en la apreciación del arte la formación de un criterio que le permita elegir y profundizar su disfrute.